Antes de convertirse en una de las películas más queridas de los años noventa, 'El indomable Will Hunting' estuvo a punto de tomar un rumbo muy distinto. Lo que hoy se recuerda como el gran salto a la fama de Matt Damon y Ben Affleck fue, durante un tiempo, un proyecto en pausa, atrapado entre agendas, egos y decisiones creativas que casi cambian por completo su historia.
La historia es hoy un clásico del cine moderno, pero casi fue una película muy distinta a la que todos conocemos. Tras el enorme éxito de 'Corazón Valiente', Mel Gibson estaba en la cúspide de su carrera como director y fue uno de los primeros nombres que surgieron para dirigir el proyecto que Matt Damon y Ben Affleck habían escrito.
Gibson pasó varios meses desarrollando la película con la idea de poner detrás de cámara su experiencia y su estatus en Hollywood, pero el ritmo de trabajo empezó a chocar con las prioridades de los guionistas y protagonistas.
Damon y Affleck, que además de escribir el guion querían interpretarlo, empezaron a impacientarse. Aunque el proyecto avanzaba, lo hacía a paso de tortuga, y la preocupación de que cada día que pasaba les hiciera "quedarse viejos" para los papeles que tenían en mente se fue apoderando de ellos.
Finalmente, Damon abordó directamente a Gibson y le explicó que, si la película se retrasaba mucho más, él y Affleck podrían perder la oportunidad de encarnar a los personajes protagonistas por cuestión de edad. Sorprendentemente, Gibson aceptó la sugerencia y accedió a dejar el proyecto en manos de otros cineastas.
El guion que dos desconocidos se negaban a soltar
Con Gibson fuera del camino y la producción de la película ya en marcha, los productores de Miramax y los mismos Damon y Affleck se pusieron a buscar un nuevo director. Fue entonces cuando Gus Van Sant, un realizador más conocido por su cine independiente y experimental que por éxitos comerciales, entró en escena.
La elección fue algo sorprendente para muchos, pero resultó ser la combinación perfecta para la sensibilidad del guion y el tono emocional de la historia. Van Sant dirigió la película y la convirtió en un auténtico fenómeno cinematográfico que no solo recaudó más de 225 millones de dólares en taquilla, sino que también arrasó en premios, incluyendo dos Óscar: mejor guion original para Damon y Affleck, y mejor actor de reparto para Robin Williams.
Mirando atrás, la decisión de convencer a Gibson de que se apartara puede parecer una locura (y de hecho fue una jugada atrevida por parte de dos jóvenes guionistas novatos), pero esa conversación directa cambió el destino de la película. En lugar de una versión posiblemente más grandilocuente o distinta, el público recibió una película íntima, emocional y visceral que sigue siendo relevante décadas después.
Fotos de boston.com
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