El guionista Drew Goddard lleva años siendo uno de los nombres más sólidos de Hollywood, capaz de moverse entre grandes producciones, proyectos de autor y encargos de estudio sin perder una voz propia muy marcada. Criado en Los Álamos, Nuevo México -un lugar profundamente ligado a la historia científica de Estados Unidos-, su conexión con ese mundo ha terminado filtrándose en su obra de formas inesperadas, especialmente a través de su colaboración con el escritor Andy Weir.
Juntos ya lograron un éxito rotundo con 'The Martian', donde Goddard firmó un guion que convertía la ciencia en espectáculo accesible sin perder rigor, y ahora vuelven a intentarlo con ‘Proyecto Salvación’, una ambiciosa adaptación protagonizada por Ryan Gosling que mezcla supervivencia espacial y un inesperado vínculo entre especies. Pero detrás de este proyecto no solo hay ciencia y espectáculo: hay años de presión industrial, decisiones arriesgadas y una forma muy concreta de entender el cine como experiencia emocional antes que técnica.
La emoción es lo que manda
Para Goddard, la clave de adaptar a Andy Weir nunca ha sido competir con su precisión científica, sino apoyarse en ella para construir algo diferente. Como él mismo explica en IndieWire:
"Cuando Chris, Phil y yo firmamos el contrato, me dijo Goddard en el Hotel Four Seasons de Los Ángeles, Sí, va a ser muy difícil descifrar esto. Andy es tan bueno en la ciencia que yo no tengo que serlo. Puedo abordarlo desde lo que me gusta hacer, que es escribir sobre las emociones. Así es como estructuro todo lo que hago; sin importar el género, es un viaje emocional. Así que cuando combinas esas dos cosas que son diametralmente opuestas, en cierto modo, se crea una buena colaboración, porque puedo confiar en que la ciencia es precisa y va a funcionar. Lo que me importa es el amor por la ciencia y su propósito, no la ciencia en sí misma".
A diferencia de otras historias espaciales, ‘Proyecto Salvación' apuesta por un héroe poco convencional: un científico que ni siquiera es astronauta y que debe aprender sobre la marcha a sobrevivir y pilotar una nave mientras intenta salvar a la Tierra. Esa idea conecta directamente con una de las obsesiones de Goddard: personajes imperfectos enfrentándose a problemas gigantes.
"Me encanta ver a gente competente haciendo su trabajo. No estamos contando la historia del mejor astronauta del mundo. Vamos a empezar desde la perspectiva de una maestra. En esencia, lo de que la maestra salva el universo suena absurdo, y sin embargo, me pareció muy acertado".
Por otro lado, uno de los elementos más arriesgados de la película es Rocky, un alienígena con forma de animal con el que el protagonista debe aprender a comunicarse pese a no compartir ni lenguaje ni atmósfera. Construir ese vínculo sin los recursos habituales fue uno de los mayores desafíos creativos. "No puede hablar. Se comunica con sonidos. Ni siquiera tienen la misma atmósfera. Es absurdo, porque tienes a un chico en una burbuja, sin cara".
Desde el principio, el equipo tuvo claro que adaptar el final del libro y mantener sus elementos más extraños iba a ser complicado dentro de una superproducción. Goddard lo resume así: "Cuando haces algo que parece audaz o diferente, he aprendido que la gente se resiste. Hay una cualidad humana en lo que hacemos que nos hace sentir cómodos si ya se ha hecho antes. Así que, cada vez que algo es diferente y te arriesgas, hay una reacción inicial de decir: No, no, no, no, no hagas esto, es raro. Esto es demasiado nuevo. No lo entiendo".
El proyecto no ha sido precisamente sencillo. Duró seis años de desarrollo en los que prácticamente cada gran decisión fue puesta en duda, incluso por el propio equipo creativo. "Muchas de las decisiones más importantes y audaces fueron cuestionadas en distintos momentos", dijo Goddard. "Y no siempre fue un estudio; nosotros también nos convertimos en cómplices, al querer cuestionar las cosas y poner a prueba todas estas ideas. Y seguíamos volviendo a esa primera sensación que se tiene al leer el libro".
Pese a su complejidad y duración, una de las claves del proyecto ha sido confiar en la inteligencia del espectador, algo que ya funcionó con ‘The Martian’. "No pasa nada si no lo entienden", dijo Goddard. "Mientras la intención emocional sea pura, el público lo aceptará. Si no lo entienden del todo, pueden volver a verlo, pueden buscar información, convertirse en participantes activos, porque mientras las emociones sean claras, lo demás se resolverá solo". Y esa misma filosofía se trasladó a los primeros pases: "Lo que más les gustó fue que no les hablamos con condescendencia, sino que les hablamos con respeto", dijo Goddard. "Te da la libertad de decir: Genial, el público está con nosotros".
En Espinof | Así fue como se produjo el curioso fichaje de Meryl Streep a 'Proyecto Salvación': "Es capaz de hacer cualquier cosa"
Ver 0 comentarios