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'Lleno, por favor', Nostalgia TV
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'Lleno, por favor', Nostalgia TV

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Un domingo más y haciendo un esfuerzo sobrehumano por encontrar algo de lo que aún no hayamos hablado en esta sección, viajamos a nuestro pasado televisivo. A veces con cariñosa nostalgia; otras, como hoy, con cierta vergüenza ajena y sentimiento de culpabilidad por atesorar recuerdos como el de la serie de la que os vengo a hablar: 'Lleno, por favor'. Una vieja gloria de esa etapa tan productiva de la ficción de Antena 3 que no miró pelo: las aventuras de dos albañiles, o de cuatro canguros o de una genia de la lámpara personificada en Paz Padilla.

Nos conformábamos con muy poco. Por aquel entonces sólo veíamos lo que echaban por la tele. Y aunque ya existían las privadas y había más oferta que años atrás, éstas estaban aún en pañales en lo que a la calidad se refiere. También la ficción nacional y el gusto aún no educado de los espectadores. Salvo excepciones como Los ladrones van a la oficina o Farmacia de guardia, en los 90 Antena 3 llenó de morralla en su parrilla.

Veni, vidi, venci

"Esta es la historia de un nostálgico que no creía más que en Dios, en Franco y en Don Santiago Bernabéu".

'Lleno, por favor' se estrenó en octubre de 1993 y se despidió tras una única temporada y 13 episodios. Y no desapareció por un problema de audiencia. De hecho, alcanzó cifras que más quisieran muchas hoy en día: más de cinco millones de espectadores en su estreno, cerrando la temporada pasando de los siete millones y con un más que digno 42,1% de share. Tal vez es que las tramas de una gasolinera regentada por un franquista, madridista y ultracatólico no dieran más de sí. Objetivamente, al público le gustó porque las cifras no engañan. Pero sabemos de sobra que la relación entre audiencia y éxito no siempre es coherente.

Aún con todo, es admirable el jugo que le sacó a aquel escenario tan simplista el creador de la serie, Vicente Escrivá. Por aquella gasolinera de autopista que parecía estar en mitad de la nada, si no fuera por el pueblo que hacía de atrezzo al fondo (en la ficción, Sotoalto, en la realidad, Meco, ambos pertenecientes a AlcaláMadrid) pasaron hippies, una familia desalmada que abandonó al abuelo e incluso el Papa. Y un coro de secundarios entre los que destacaban Santiago Ramos, taxista y hermano díscolo de Pepe o el caricaturesco Santiago Urrialde.

Las tramas exploraban el costumbrismo más rancio. Don Pepe (el desaparecido Alfredo Landa) era un hombre de valores arcaicos. Un hombre de misa diaria, incapaz de aceptar el progreso -conduce un sidecar-, de firmes principios y fuerte carácter, aunque noble (no olvidemos al huérfano que adoptó). Un carácter que, para poder aprovechar el juego que da siempre lo del choque generacional, contrastaba con el de su hija Trini (Lydia Bosch) y su forma de vestir o la elección de su novio -un camionero, lo cual tiene lógica- o los de El Gasofa (Miguel Molina), un empleado un tanto macarra.

¿Por qué triunfó una serie así?

Básicamente, porque estábamos en 1993 y, como comentaba al principio, el listón estaba más bien bajo y teníamos menos con lo que comparar. Además tiraron de una fórmula que en los 90 funcionó: la de contar con actores de cine y teatro formados en la vieja escuela; Arturo Fernández en 'La casa de los líos', Andrés Pajares en 'Ay Señor, Señor' o Lina Morgan en 'Hostal Royal Manzanares' son sólo algunos ejemplos. En ésta hicieron lo propio recurriendo a estandartes del cine español como Landa o su mujer en la ficción, Beatriz Carvajal (Doña Filo), con los que se aseguraban el favor del público más adulto y, al fin y al cabo, el que decidía que veíamos los demás.

Para mantener el enganche del espectador mantuvieron la tensión sexual no resuelta entre Trini y Satur (Jesús Cisneros), su pagafantas particular durante toda la temporada: él siempre ha estado enamorado de ella, pero le pierde su bondad. Por otra parte, el principal "atractivo" era ver a Landa en ese personaje de antihéroe (pero no de los que molan) y su capacidad para gritar cada vez más alto. O esperar que pronunciara su catchphrase: "Yo sólo creo en Dios, en Franco y en Don Santiago Bernabéu".

En ¡Vaya Tele! | Nostalgia TV

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