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Sitges 2010 | 'Somos lo que hay' (Jorge Michel Grau) y 'La casa muda' (Gustavo Hernández)

Sitges 2010 | 'Somos lo que hay' (Jorge Michel Grau) y 'La casa muda' (Gustavo Hernández)
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En la extensa (26 títulos) sección oficial de competición de Sitges 2010 podían encontrarse hasta siete producciones americanas. De éstas, cuatro llevaban el sello de Estados Unidos, las otras tres venían de Argentina, México y Uruguay. Debido a la caótica programación (no debe ser fácil encajar 150 películas en 10 días), no pude ver la película argentina (‘Fase 7’) y estuve a punto de perderme la mexicana, pero por fortuna los acreditados como prensa tenemos disponible (más o menos) una sala de visionado a la que podemos acudir para recuperar algún film que se nos haya pasado. Sólo fui una vez, y no tuve que esperar demasiado, pero a ver si para otras ediciones arreglan la sala, convertida en poco menos que un salón para los “periodistas” más vagos y menos interesados por el cine.

‘Somos lo que hay’, drama social y canibalismo

“Te sorprenderías si supieras cuánta gente se come a otra gente en esta ciudad…”

Ése es posiblemente el diálogo más potente y más significativo de ‘Somos lo que hay’ (2010), el primer largometraje de Jorge Michel Grau. Un relato descarnado, realista y violento, con el que Grau nos retrata un México oscuro y sórdido, la miserable existencia de gente, criminales, vagabundos, putas y niños abandonados, que viven en unas sucias calle sin ley ni esperanza. Un film al que le cuesta arrancar, pero que cuando lo hace no da respiro, se convierte en un intenso drama sobre una familia de antropófagos al borde de la extinción.

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‘Somos lo que hay’ comienza con un hombre de aspecto descuidado, enfermo, con ropas viejas, caminando tambaleante por un pulcro centro comercial a plena luz del día. Vomita sangre, se derrumba y muere. Acto seguido, unos guardias retiran el cuerpo y una empleada limpia el suelo. En unos instantes, ahí no ha pasado nada. La vida sigue sin más, la gente sigue comprando, sigue riendo mientras habla por teléfono, nadie lo siente. Una hormiga menos.

El hecho sólo afecta a la familia del muerto, que ni siquiera se enteran de lo ocurrido, sólo por rumores, hasta que la ausencia es tan prolongada que tienen que asumir su mayor temor. La madre (Carmen Beato) y los tres hijos (Miriam Balderas, Francisco Barreiro y Alan Chávez) dependían totalmente del padre, por lo que ahora deben reencontrar el equilibro; se desata así una contienda familiar por la necesidad de un nuevo líder, que acepte el deber, la responsabilidad y el gran riesgo de conseguir alimento. ‘Somos lo que hay’ se mueve entre el drama social y el terror de una forma natural, sin artificios ni excesos. Puede costar entrar en la narración, a fin de cuentas muestra a una familia en crisis, pero merece la pena darle una oportunidad, está muy bien filmada, los actores están estupendos y tiene un tramo final de los que te tienen pegado al asiento, digno de los mejores thrillers.

‘La casa muda’, aburrimiento real

Terror real en tiempo real. Eso es lo que nos vende el eslogan de ‘La casa muda’ (2010), dirigida por el también debutante Gustavo Hernández. Como la anterior, esta producción uruguaya intenta crear horror a partir de situaciones que parecen reales. ‘La casa muda’ se agarra a la actual moda del terror grabado con cámaras domésticas, y trata de parecer novedosa vendiendo que se narra a través de un solo plano secuencia que dura en torno a 75 minutos. Para confirmar las sospechas (hay momentos en la película de absoluta oscuridad, donde se puede cortar fácilmente el plano sin que se note), durante la rueda de prensa que dio en Sitges, a Hernández se le escapó que era sola toma a los ojos del espectador, que debería verla sin preguntar cómo se había hecho.

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Lo del único plano secuencia es puro marketing. No sirve de nada a la historia, al contrario, daña la credibilidad del relato, y se ha probado durante más de cien años que el espectador se introduce en la película sin problemas por muchos cortes y cambios de plano que haya. En definitiva, lo esencial es saber qué quieres contar y, sobre todo, cómo hacerlo. No es necesario rodar el film como lo ha hecho Hernández y su equipo (han usado una Canon Mark II, cámara de fotos que graba en alta definición), pero sí tiene sentido para llamar la atención y vender, a los festivales y al público, un mediocre relato de terror, vacío, inverosímil y tramposo.

Escrita por Oscar Estévez, al parecer ‘La casa muda’ parte de hechos reales, un crimen sin resolver que dejó dos cadáveres y un montón de fotografías. La protagonista es Laura (Florencia Colucci), una joven que acompaña a su padre a la casa de un amigo, para arreglarla y dejarla lista antes de la visita de un posible comprador; cuando Laura oye ruidos en la planta de arriba, su padre sube a ver qué ocurre, pero no regresa. La película es prácticamente setenta minutos siguiendo a la protagonista dentro de la casa, llorando, gritando, oyendo ruidos, a veces viendo a alguien, inmersa en una oscuridad que no deja ver casi nada, lo que unido al mareo de cuando corre o se asusta, convierten el visionado en una experiencia de lo más molesta y aburrida. Una de las peores películas que vi en Sitges, y de lo que va de año.

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