Determinadas series de éxito sienten la necesidad de lanzar potentes órdagos al final de sus temporadas que bien podrían ser conclusiones definitivas, encerrándose a sí mismos en una esquina al verse en la tesitura de continuar. Pero lo hacen con cierta convicción de que ponerse retos es lo que mantiene la frescura y la creatividad.
Las más astutas saben construir más allá de lo que se aparentaba un punto de no retorno, las más hábiles sobreviven a cambios estructurales o de reparto. Algunas directamente optan por una reinvención donde cierta familiaridad se mantiene, pero ahora se aspira a otro juego. ‘Industry’ se está preparando para ello con su cuarta temporada.
Llorando en el palacio
Eso, o se está avecinando un salto de tiburón que puede ser muy grande hasta para los que la consideraban una de las mejores series de HBO Max en los últimos años. El drama financiero de Mickey Down y Konrad Kay quiere ampliar su foco, redoblar en las provocaciones y hasta exhibir cinefilia con referencias a Stanley Kubrick en sus dos primeros episodios de la nueva temporada.
En ella sólo continúan dos personajes principales de los que arrancaron la historia, y ambas se sitúan en planos realmente distintos. Mientras que el de Myha'la Herrold se encuentra intentando de nuevo actuar con libertad en un mundo rígido y estricto como el de la bolsa, incluso liderando su propia empresa, el de Marisa Abela intenta adaptarse a su nueva vida como adinerada recién casada de un fallido político, interpretado por Kit Harington.
En juego entra también nuevas empresas tecnológicas, representadas en un cabecilla intrincado y de artes siniestras al que da vida Max Minghella cuya compañía capta la atención de la ambiciosa broker. Esta nueva tensión ayuda a resetear el drama del arco del personaje principal, que al final se acaba manteniendo en un viaje ya recorrido, pero enfocado con más morbo mediante la introducción de una (sub)subtrama de investigación periodística así como elementos provocadores como dildos vistosos (algo que rememora tiempos pasados en HBO donde el sexo era un reclamo muy notorio).
‘Industry’ preparándose para saltar el tiburón
Su segundo episodio hace una declaración de intenciones más gorda con dramas intensos y una fiesta de disfraces nobiliarios que permiten retozar de lleno en referencias a ‘Barry Lyndon’ con las que exhibir músculos. Son guiños al final un poco superficiales para introducir más fácilmente la parte política que quiere abordar también esta temporada, así como el salto definitivo hacia el “los ricos también lloran” con el que iba coqueteando y resulta ya inevitable con el progreso económico de sus protagonistas.
Esto presenta un doble filo que puede trastabillar ese equilibrio interno tan logrado por la serie, que tenía la mala baba de ‘Succession’ bien espolvoreada de intensidad juvenil propia de ‘Euphoria’ o incluso una ‘Skins’ en una clase social totalmente diferente. Su salto al vacío hacia esta última en estos capítulos tienen mucho impacto visual, aunque también muestran más despiste que elementos sustanciosos. Mantienen una capacidad de entretenimiento envidiable, pero también pueden colocarse a sí mismos en una posición donde ‘Industry’ pase a ser una serie tan distinta que sea difícilmente reconocible.
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