Que el fin último del cine sea entretener es un concepto increíblemente limitado al que autores muy cabezotas y vanguardistas se resistieron de manera tan radical que apabullan por completo incluso al espectador iniciado. Nadie se resistió tanto a esa idea y buscó tanto indagar en la contemplación y la observación, incluso de la miseria extrema, como Béla Tarr.
El cineasta húngaro, fallecido estos días con 70 años, dejó obras singulares y, ante todo, una manera distinta de entender el cine que cambió su trayectoria. Un camino diferente del tipo de cine trascendental donde la prolongada mirada estática, incluso durante extensas horas, termina siendo el camino a la revelación más que la revelación en sí misma. Algo que hace muy maratoniano ver sus obras, pero ha servido de inspiración para muchos otros para plantearse ser disidente y lejano a convenciones que limiten la creatividad. Estas tres películas, todas disponibles en streaming, son motivo suficiente para recordarlo.
‘Sátántangó’ (1994)
Reparto: Mihály Víg, Putyi Horváth, Peter Berling, Erika Bók, Miklós B. Székely.
Su excesiva duración, situada en las seis horas y 59 minutos (trolleando a base de arañar un minuto), ha propiciado una condición casi de meme a esta exploración de la vida rural post-comunista. Radical y desoladora como ella sola, ‘Sátántangó’ es la expresión más intensa del cine de Tarr.
‘Armonías de Werckmeister’ (’Werckmeister harmóniák’, 2000)
Reparto: Lars Rudolph, Peter Fitz, Hanna Schygulla, János Derzsi, Djoko Rosic.
Su versión más accesible, si es que ese término es mínimamente aplicable al cine del húngaro, se encuentra en esta melodiosa aunque oscura observación de la crueldad. Tarr nos lleva de manera lírica por la manipulación de la mente colmena de la sociedad que sigue siendo relevante en nuestros días. Fue la película que realmente le otorgó proyección internacional.
‘El caballo de Turín’ (’A Torinói ló’, 2011)
Reparto: János Derzsi, Erika Bók, Mihály Kormos.
Tarr no estaba dispuesto a dejarse dominar por ninguna tendencia industrial, ni siquiera desde la aparente libertad del cine de autor, y por eso acometía cada película con tiempo y con la determinación casi de que fuera la última. Fue el caso de este, su último trabajo de ficción, donde vuelve a mostrarse exigente con la representación del tiempo y de la desolación humana para volver a crear una obra límite.
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