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'Phantasma': 40 años perseguidos por las bolas homicidas del Hombre Alto
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'Phantasma': 40 años perseguidos por las bolas homicidas del Hombre Alto

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Hace cuatro décadas que llegó a las pantallas una de las películas de terror más fascinantes de los ochenta: 'Phantasma', de Don Coscarelli. La muerte reciente de su carismático villano, el Hombre Alto -Angus Scrimm- y el estreno de una quinta entrega decididamente menor de la saga -'Phantasma: Desolación'-, se suman a la remasterización de todas las películas y el reconocimiento de los valores de una de las series más queridas por los devotos del cine de terror de los ochenta.

Hemos decidido rendir homenaje a su extraña grandeza, mitad sensacionales hallazgos por casualidad, mitad combativa demolición de los fundamentos narrativos del cine de género. Asombrosamente fiel a sí misma durante cuarenta años, esta serie nos ha tenido huyendo de esferas cromadas con cuchillas y jawas de saldo sin descanso, y revisamos por qué nadie ha sido capaz de dar sepultura a su perturbador encanto. ¿Oyes a alguien bramando "Booooooy"?

Phantasma (1979)

Se puede decir algo así de muy, muy pocas películas de la historia del cine de terror, pero lo cierto es que vista hoy, 'Phantasma' conserva intactas todas sus extrañas virtudes. Porque el debut de Don Coscarelli resulta estrafalario, loquísimo, descocado, poco dispuesto a hacer concesiones temáticas o narrativas a las modas de entonces, pero es que ahora sigue exhibiendo las mismas desvergonzadas virtudes. 

La llegada del Hombre Alto a la gran pantalla fue la primera película de terror de Coscarelli tras un par de producciones prácticamente amateur, 'Jim, el más grande del mundo' y 'Kenny y compañía', ambas centradas en el universo de los dramas ligeros juveniles. Quizás el hecho de que el director de 'El señor de las bestias' no fuera un nerd absoluto del género fue lo que le permitió saltarse reglas no escritas de modo tan febril, inconsciente de su ridículamente inamovibles que son en ocasiones.

El desdén de Coscarelli hacia las convenciones es lo que otorga a la película una extraña atmósfera de pesadilla en la que todo vale. Muchos críticos han relacionado su textura viscosa, de laberinto onírico, con algunos hallazgos de 'Pesadilla en Elm Street' de Wes Craven. Pero son distintas percepciones de los sueños: mientras 'Elm Street' plantea unas reglas y establece una especie de jerarquía dentro del reino difuso de los durmientes, Coscarelli se lanza en plancha al caos a la (i)lógica de la pesadilla. Esa lógica que permite saltos temporales y espaciales absolutamente arbitrarios, desafíos a las leyes naturales y personajes con comportamientos radicales.  

'Phantasma' cuenta la extraña historia de un chaval, Mike (Michael Baldwin), que tras la muerte de sus padres hace un extraño descubrimiento en el cementerio: un extraño Hombre Alto (Angus Scrimm), aparentemente el encargado de la funeraria, está desenterrando los ataúdes. Convencerá a a su hermano mayor Jody (Bill Thornbury) y a su amigo Reggie (Reggie Bannister) de que algo extraño sucede y juntos se enfrentarán a este ser procedente de otra dimensión, que está convirtiendo a los cadáveres en grotescos seres enanos para usarlos como esclavos. 

Coscarelli decidió permanecer cerca de las inquietudes juveniles que le habían fascinado en sus primeras dos películas, pero esta vez atendiendo a la visión que de los chavales se da en las películas de género: cuando en films que le gustaron de su adolescencia, como 'Invasores de Marte', el chaval protagonista intenta convencer a todo el mundo de que están en peligro y nadie le cree. Con solo 300.000 dólares de presupuesto prestados por su padre y por amigos de la familia, y con un reparto y equipo técnico compuesto casi exclusivamente por aficionados, Coscarelli se encargó de rodar, montar, escribir y dirigir. 

Phantasm1

Como ocurre a menudo en todos los clásicos de serie B caracterizados por su distanciamiento de las leyes narrativas clásicas, a menudo los resultados más radicales son tanto fruto de una abierta voluntad disruptiva como de la mera necesidad. En 'Phantasma', solo se rodaba durante fines de semana para aprovechar el alquiler del equipo, a veces en sesiones de más de veinte horas, en un rodaje que se prolongó un año. El equipo se alojaba en la casa donde residen los protagonistas. Nunca hubo un guión final completo, sino que en cada nueva sesión había una nueva versión adaptada a las necesidaes y se improvisaba a menudo. 

'Phantasma' hace de la necesidad su virtud y sabe exprimir, con esa estructura circular enloquecida que posee, sus escasísimos decorados, repitiéndolos una y otra vez. Por ejemplo, el icónico y espectacular mausoleo es un mero pasillo con una sala al fondo, rodado desde distintos ángulos, lo que lo hace parecer kilométrico. Coscarelli vuelve a él una y otra vez, dándole esa sensación asfixiante y sin salida gracias, precisamente, a lo repetitivo que resulta. Los efectos abiertamente artesanales (la esfera voladora está acelerada e invertida en edición) y con un punto extraterrestre (el sencillísimo plano de la otra dimensión, desolador como una portada de weird pulp) hacen el resto, contribuyendo a la atmósfera única de 'Phantasma'. 

La puesta en escena roza, en ocasiones, una experimentación con las formas a golpe de montaje abrupto y raccord enloquecido que la acerca a experimentos más abiertamente arties como el cine de género de Jodorowsky. Pero eso no quita para que 'Phantasma' trate, muy a su manera, un tema como es el de la pérdida, el dolor, y cómo alguien joven e inmaduro puede hacer frente a ello, plasmando sus inseguridades en una figura agresiva y mitológica, todo en el ominoso entorno de la industrialización de la muerte que supone cualquier funeraria.

Phantasm2

El resultado es tan absolutamente único como, a la vez, irrepetible y gozosamente tóxico. Irrepetible porque ninguna de sus secuelas, buscando repetir el toque de la primera entrega, son capaces de repetir la mezcla de ingenuidad y descaro de la que hizo gala Coscarelli. Pero tóxico porque a la vez quedan impregnadas por esa atmósfera malsana, por esa demencia que discurre como un sueño, y todas, absolutamente todas comparten con ella una brizna de desquiciada iconoclastia. Ni en el resto de la saga ni en el resto de su filmografía llegaría Coscarelli a igualar estos altísimos grados de chifladura, pero los intentos son más que interesantes.

Phantasma II: El regreso (1988)

Curiosamente, 'Phantasma' tiene una conclusión absolutamente abierta, con inesperado susto final a lo 'Carrie' (en 1979 aún no se habían puesto de moda), pero perfectamente coherente con el tono de montaña rusa de la película. Coherente hasta el punto de que Coscarelli consideraba que había contado todo lo que podía sobre el Hombre Alto y sus bolas cromadas. Sin embargo, la extraordinaria recaudación de 12 millones de dólares (frente a un presupuesto de 300.000, no lo olvidemos) era un caramelo para una productora seria. Finalmente, Universal, que andaba buscando una franquicia de terror, se llevó el gato al agua en 1988, casi una década después del estreno de la original. 

La película resultante es muy particular: es la entrega más cara de la serie, con un presupuesto de 3 millones de dólares, pero supone una mera baratija para una major. En ella se adivina una tensión entre la tendencia a la disgresión y lo onírico de Coscarelli y la exigencia de la productora de hacer una película de terror convencional o donde, al menos, los excesos fantásticos funcionen dentro de una lógica. Entre las restricciones más discutibles están la de cambiar al actor que da vida a Mike, esta vez interpretado por James LeGros, ya que Universal no quería a un actor sin experiencia como Baldwin. 

La historia cuenta de forma tan ridícula como gloriosamente lineal la continuación de la huida de Reggie y Mike al final de la primera entrega. Siete años después, prácticamente todo se resetea con un Mike adulto que sigue obsesionado con el Hombre Alto, y también con Liz, una joven médium que tiene un peculiar enlace mental con el Hombre Alto. En la búsqueda de su némesis extradimensional, Mike y Reggie irán encontrándose con pueblos abandonados, en los que la vida parece haber sido absorbida por el Hombre Alto y sus secuaces.

'Phantasma II' tiene, sin duda, los mejores efectos especiales de la serie. A unos muy estimables planos de esferas voladoras se suma la mejor muerte del Hombre Alto de toda la saga, con abundancia de líquidos de embalsamar, todo obra de los grandes Greg Nicotero y Robert Kurtzman. La inyección presupuestaria permite a Coscarelli no solo multiplicar el catálogo de esferas voladoras hasta un total de tres, sino también rodar de forma más dinámica, con travellings imposibles y ostentosos, y planos que recuerdan al Raimi más desatado (que, como fan de la primera entrega, se pasó en más de una ocasión por el rodaje). 

Por suerte, Universal no es capaz de domar del todo la tendencia de Coscarelli a la barrabasada narrativa. Aunque se adivinan los intentos de convertir al Hombre Alto en un nuevo Krueger y de adherirse a las modas del momento (protagonismo juvenil, zombis putrefactos de los ochenta a mansalva, armamento pesado/casero para enfrentarse a los monstruos), 'Phantasma II' sigue siendo una auténtica locura: muertes grotescas, monstruos inexplicables, secuaces desfasados... todo apuntando ya al aire vacío y post-apocalíptico de futuras entregas.

Phantasma: El pasaje del terror (1994)

Pese a la buena taquilla de 'Phantasma II', a partir de aquí la franquicia fue estrenada directamente en vídeo. La propia Universal decidió pasarla de forma muy limitada por salas y, pese a la buena recepción del público, acabó destinándola al mercado del vídeo, donde no le fue nada mal en venta directa. Los motivos parecen ser un desencuentro creativo entre Coscarelli y Universal -que había garantizado que no interferiría creativamente en el film-, pero lo cierto es que, por algún motivo, y pese a sus 2.500.000 dólares de presupuesto, 'Phantasma III' carece del lustre visual de su predecesora, lo que quizás llevó a esta decisión.

En esta ocasión vuelve el Mike original, A. Michael Baldwin, y también un espectral Jody -también el de la primera película, Bill Thornbury-, encarnado en una esfera. Seguimos los pasos de Reggie y un chaval de actitud ya directamente de secundario de Mad Max, Tim, por una serie de ciudades arrasadas por el Hombre Alto. Conocerán a nuevos amigos, como la guerrillera Rocky, y a nuevos enemigos, como un trío de gañanes que acabarán resucitados por el Hombre Alto.

Muchísimo más caótica que la domesticada segunda entrega, en 'Phantasma III' hay un cuidado estético que palidece en comparación con su predecesora, pero que aún arroja imágenes tan interesantes como los sangrientos ataques de las esferas, los maquillajes de los monstruos, los aposentos del Hombre Alto o los stunts locos con vehículos. La relación entre Reggie y su nuevo y joven acompañante, retrotrae a la emotiva y honesta relación entre Mike y sus dos compañeros adultos en la primera 'Phantasma', pero tamizada por toda una década de buddy movies con niño en los ochenta.

'Phantasma III' parece la secuela en la que la saga decide que no quiere (ni puede) ser normal de ninguna de las maneras, y hay un conflicto continuo entre las convenciones del género (los one-liners del villano, o los escenarios más o menos habituales como la casa abandonada o el depósito de cadáveres) y la chifladura propia de la saga. En este caso, la reaparación de Jody (acompañado de un chanante efecto digital de transformación) trae consigo desbarajustes narrativos y saltos espaciotemporales sin ton ni son. Lo que no necesariamente es malo: a 'Phantasma' hemos venido a eso, aunque en este caso, falta la consistencia y la capacidad de sorpresa de la primera parte, sumergiendo definitivamente a la serie en los abismos de la narrativa de manicomio.

Phantasma: Apocalipsis (1998)

La génesis de 'Phantasma: Apocalipsis', la entrega más chiflada e inclasificable de la serie, es tan estrafalaria como el propio resultado. Roger Avary, coguionista de 'Pulp Fiction' y fan fatal de la saga, escribió una secuela de 'Phantasma III' llamada 'Phantasm 1999 A.D.', con ambientación post-apocalíptica y Bruce Campbell de coprotagonista. En ella se nos presentaría un año 2012 en el que todo Estados Unidos salvo Nueva York y California ha sido arrasado por el Hombre Alto, generando una zona conocida como la Zona de la Plaga.

Por supuesto, Reggie y Mike seguían intentando destruir al Hombre Alto, esta vez acompañados de un ejército de voluntarios que hacen viajes a la dimensión alienígena del villano. El proyecto no encontró financiación, y aunque Coscarelli había reconocido que no sabía qué más contar sobre el Hombre Alto, se animó a escribir una entrega más modesta y que ayudara a financiar el proyecto de Avary después de encontrar unas escenas de la primera 'Phantasma' que se creían perdidas.  

'Apocalipis' supone una bajada presupuestaria espectacular con respecto a las modestas pero aún así millonarias entregas previas: costó 650.000 dólares. Paradójicamente, y a causa del acabado visual propio del directo-a-vídeo, aparenta ser una película mucho más modesta que la ya lejana primera entrega, que costó menos de la mitad. Sin llegar a los extremos de la propuesta de Avary, se acentúa el ambiente post-apocalíptico -en parte para abaratar, rodando en el desierto-, mientras Reggie y Mike atraviesan páramos de tiempo y espacio para enfrentarse al Hombre Alto y a su legión de muertos.

Coscarelli suplió la falta de sangre y efectos con demencia narrativa y cierta inventiva en los escenarios y la edición, que le llevó a echar mano de los flashbacks reencontrados de la primera entrega con la mayor desvergüenza. Efectos digitales como los de la oleada de esferas fueron creados por unos fans voluntariosos, y los ya prestigiosos Nicotero y Kurtzman echaron una mano con los maquillajes, por los viejos tiempos. El resultado a veces pide a gritos una inyección de liquidez, pero es una entrega muy querida por los fans más hardcore, que encuentran secuencias como las de los pechos-esfera o los continuos saltos entre épocas muy fieles al espíritu fundacional.

Phantasma: Desolación (2016)

Y llegamos a la reciente 'Desolación', estrenada nada menos que casi veinte años después de la anterior entrega. En ese tiempo, las 'Phantasma' pasaron de tener un reconocimiento como películas de culto a atraer a devotos a pases, convenciones y sesiones de firmas. Coscarelli, cuya carrera como director por desgracia nunca ha terminado de despegar, rodó dos extraordinarias películas, 'Bubba Ho-Tep' y 'John muere al final', a las que se sumó el episodio 'Esculturas humanas', uno de los mejores de los primeros 'Masters of Horror'.

En esas dos décadas nacieron rumores de todo tipo: Don Coscarelli rodó una minúscula secuencia con Mike y el Hombre Alto como homenaje a los cines Alamo Drafthouse, que disparó los comentarios y sospechas. También se habló de que J.J. Abrams iba a dirigir un remake. Abrams, finalmente, desde su Bad Robot sería el responsable de la extraordinaria remasterización de la primera entrega que ha circulado recientemente en formatos domésticos, acompañando en ocasiones a la que acabaría siendo la quinta entrega: 'Desolación'. 

Por motivos desconocidos y por primera vez, Coscarelli no dirigió la entrega, sino que la escribió y cedió la silla a David Hartman. Esta vez es Reggie, 18 años después de lo sucedido en la cuarta entrega, quien está recluido en un sanatorio. Sus choques con el Hombre Alto y con las bolas volantes van y vienen en su cabeza en forma de flashbacks. ¿Acaso es absolutamente todo lo que hemos vivido en la saga fruto de sus delirios? Puede ser, pero lo cierto es que parte de esas fantasías (o no) parecen haber salido del apocalipsis que proponía Avary para la cuarta entrega.

Lejos de ser un colofón "indigno" para la franquicia, como manifestaron algunos fans por no toparse con un imposible regreso al espíritu de la película original, 'Desolación' mantiene el tipo como una producción sin ningún tipo de freno. Es cierto que su explicitud y simplicidad le alejan de los enigmáticos significados de 'Apocalipsis', pero la recuperación de todos los repartos que en la saga han sido y la visión absurda de esferas gigantes y panoramas post-apocalípticos infernales hacen que se disculpe el tremendamente horrible uso del CGI del que hace gala.

La muerte de Scrimm hace que, al menos en lo que respecta a las entregas en las que puede participar el llorado Hombre Alto, 'Desolación' tenga todas las cartas para ser la última entrega de la franquicia. Cuarenta años después, con solo cinco entregas, permanece como uno de los productos más inclasificables y personales de la historia del género. Nunca un pasillo con un puñado de lápidas dio tanto de sí.

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