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El “terror elevado” sólo es esnobismo para quienes se avergüenzan de disfrutar con el género
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El “terror elevado” sólo es esnobismo para quienes se avergüenzan de disfrutar con el género

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El estreno de la fantástica ‘Nosotros’, dirigida por un Jordan Peele que se ha ganado a pulso el estatus de maestro del terror contemporáneo con tan sólo dos películas a sus espaldas, ha vuelto a traer a la palestra un concepto que lleva unos cuantos años circulando y levantando alguna que otra ampolla —de forma justificada— en la comunidad cinéfila.: el ”elevated horror”.

Pero, ¿qué diantres es este “terror elevado”? Los usuarios y defensores del término lo emplean para catalogar lo que ellos consideran como largometrajes que se engloban dentro del género de terror y que destacan por su complejidad temática, sus lecturas, y por su presunta inteligencia, que va más allá de lo que cabría esperar de un filme de la categoría —que, según ellos, parece ser bien poco—.

Para un servidor, susodicho terror elevado no es más que el fruto de un esnobismo “cinéfilo” que impide a ciertos individuos reconocer que han disfrutado plenamente de una pieza del género. La enésima estupidez clasista que perpetúa el estigma —afortunadamente, cada vez más próximo a la extinción— con el que se ha marcado un tipo de cine que, desde siempre, ha sido mucho más que subidas de volumen, sobresaltos y efectismos truculentos.

Menospreciando al cine de terror (incluso desde dentro)

Lo más preocupante de todo esto no es que el típico espectador con ínfulas intelectualoides intente diferenciarse de sus vecinos del patio de butacas, sino que, en muchas ocasiones, la utilización de este tipo de etiquetas prefabricadas —e innecesarias— llegan por parte de miembros de la propia industria que parecen temer que la palabra “terror” afecten negativamente a sus productos.

No tenemos más que remontarnos a la presentación de ‘Cementerio de animales’, la nueva —y muy recomendable— adaptación de la novela homónima de Stephen King, en el marco del SXSW para escuchar a uno de sus directores, Dennis Widmyer, afirmar que su obra es “una película de terror muy elevado” como si tratase de justificarse o repudiase la naturaleza de la producción.

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Otro de los ejemplos más aludidos al abordar este tema nos conduce directamente a la maravillosa ‘Hereditary’. Su director y guionista, Ari Aster, reconoció en una entrevista con el medio ScreenCrush haber sido ”cuidadoso para no llamarla en ningún momento ‘película de terror’, ni a la gente del equipo ni a la gente a la que hacía pitching”, y manifestó su preferencia a la hora de describirla como ”una tragedia familiar que deriva en una pesadilla”.

Con el fin de extraer conclusiones podríamos detenernos momentáneamente para ver qué elementos tienen en común estas dos cintas, y otras que también han sido catalogadas de forma similar como pueden ser ‘La bruja’, ‘It Follows’ o ‘Déjame salir’, ópera prima de un Jordan Peele que no teme llamar a las cosas por su nombre ni rehusa del terror “a secas”.

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Todos estos largometrajes coinciden principalmente en el tratamiento de sus personajes, en la importancia que se da a su construcción y en el mimo volcado en moldear sus psiques; un elemento indispensable en sus apuestas por un horror más psicológico —incluso con un poso social— en el que la atmósfera cobra todo el protagonismo en detrimento de otro tipo de recursos más viscerales y de impacto directo.

Sabiendo esto, queda claro que el la supuesta "elevación" del terror poco tiene que ver con la calidad o inteligencia de un filme —por mucho que le pese a algunos—, y que no se refiere en absoluto a otro tipo de horror cinematográfico de alta alcurnia. El concepto apunta más a las preferencias de sus responsables al moldear sus obras y trasladar sus sensibilidades y pulsiones artísticas a la gran pantalla.

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Así que, desde lo más profundo de mi corazón devorador de cine de género, os insto a que cada vez que tengáis la tentación de colgar a una película el rótulo de “terror elevado”, penséis en la cantidad de grandísimas obras congéneres a las que estaréis menospreciando. Si esto no es suficiente, tan sólo pensad en términos —por suerte, ficticios— como “comedia elevada” o “drama elevado”. Ridículo, ¿verdad?

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