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Sobre eros y pornos

Sobre eros y pornos
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La colega Beatriz, en su excelente reseña de la página Fuego en el Cuerpo, señala lo difícil que resulta separar claramente lo erótico de lo pornográfico, una vieja discusión sobre la que erotómanos o pornógrafos no terminan de pornerse de acuerdo. En los comentarios de mi anterior artículo sobre las escenas de sexo en el cine, no faltó quien añadiera alguna película del semental italiano Rocco Siffredi, por ejemplo.

Un compañero hindú de mis días de estudiante de cine propuso una forma de trazar una frontera entre lo erótico y lo porno. Su método se basaba en el grado de angulación de una erección con respecto al cuerpo del actor. Si lel ángulo del miembro erecto era mayor a 45 grados perpendiculares al cuerpo, la película podía ser considerada como hardcore: Jenna Jameson, Ron Jeremy, mi idolatrada Silvia Saint, Garganta Profunda. Menos de 45 grados: softcore, erotismo, Emmamnuelle, Zalman King, 9 Semanas y Media. El método sin embargo, no era muy práctico. Salvo que uno fuera muy ducho en el manejo de compases, escuadras y cuadrantes. En su artículo Cómo reconocer una Película Porno, el italiano Umberto Eco, acaso en broma (uno nunca sabe con esta gente, los semiólogos), enuncia un método de clasificación basado en la cantidad de tiempos muertos. De modo pues que una película será porno según la cantidad de tiempos muertos que tenga su trama.

Las películas pornográficas están llenas de gente que se sube al coche y conduce durante kilómetros y kilómetros, de parejas que pierden un tiempo increíble para registrase en los hoteles, de señores que pasan minutos y minutos en ascensor antes de subir a la habitación (…) Para decirlo pronto y bien, en las películas pornográficas, antes de ver un sano polvo es necesario tragarse un anuncio de la concejalía de transportes.

Y es que, según Eco, para que la transgresión —en este caso, sexual— tenga éxito, debe ser representada sobre un fondo de normalidad. Y la normalidad, ya lo descubrió Antonioni en L'Avventura, está compuesta de tiempos muertos.

Pero acaso la definición de pornografía más famosa es la del magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Potter Stewart. En 1964, Nico Jacobellis fue multado con 2 mil 500 dólares por exhibir el filme frances Les Amants, de Louis Malle, considerado obsceno. Jacobellis alegaba que la multa atentaba contra la Primera Enmienda constitucional (referida a la libertad de expresión) y el caso fue a parar a la Corte Suprema de Justicia. Fue entonces cuando el magistrado escribió su célebre frase.

Yo no puedo definir la pornografía, pero sé reconocerla cuando la veo.
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