Desde sus primeros episodios, 'Stranger Things' ha destacado por combinar aventuras sobrenaturales con historias personales profundas, y la quinta temporada no ha sido una excepción. A medida que la serie se acerca a su final, los fans esperaban con ansias que los personajes abordaran aspectos cruciales de su identidad y eso incluye, claro está, su sexualidad.
Aunque la historia de Will Byers como adolescente gay acaba encontrando su momento para desarrollarse -aunque, en mi opinión, se hace de una forma bastante torpe-, es la trama de Robin Buckley la para mí brilla más de la serie. La evolución del personaje interpretado por Maya Hawke no solo es coherente y mucho más rica a nivel emocional, sino que también ofrece un modelo de acompañamiento y autoaceptación para Will y para los espectadores más jóvenes que pueden identificarse con ellos.
Robin debería destacar más
Mientras Will lidia con sus sentimientos reprimidos y unas circunstancias terroríficas a su alrededor, Robin se enfrenta también a algo parecido y encuentra la libertad en aceptar quién es realmente, lo que convierte su arco en una de las representaciones queer más sólidas y satisfactorias de la serie.
Aunque la escena donde Will finalmente enfrenta su sexualidad es un momento que muchos esperábamos tras el final de la cuarta entrega, creo que la manera en que se ha tratado su crush con Mike termina desinflando gran parte del impacto emocional de su "salida del armario". La tensión acumulada durante temporadas se reduce a un recurso narrativo un tanto superficial, donde el amor no correspondido es más como un guiño al espectador que como un arco auténtico del personaje.
Y esto hace que, a pesar de la catarsis que experimenta en esa escena, la historia de Will pierda fuerza frente a un desarrollo mucho más sólido y emocionalmente consistente como el que tiene Robin en su propio viaje.
Desde la tercera temporada, Robin siempre ha sido presentada como alguien inteligente, sarcástica y comparte mucha química con Steve Harrington. Sin embargo, gran parte de su identidad como persona LGTBIQ+ se debe a la propia Maya Hawke, que logró que los creadores, los hermanos Duffer, redefinieran a Robin como lesbiana. "Durante el rodaje, empezamos a sentir que ella y Steve no deberían estar juntos y que ella es homosexual", dijo Hawke -según se recoge en medios como Pink News-, añadiendo que fue una decisión entre los Duffer y el director Shawn Levy, que acabó siendo una representación auténtica y natural que encajaba muy bien dentro de la narrativa.
Después, en la quinta temporada, Robin se convierte en una especie de guía para Will. Su papel como esa especie de hermana mayor no solo impulsa la narrativa de Will, sino que también destaca la importancia de que haya referentes LGBTQ+ e historias emocionantes protagonizadas por ellos que vayan más allá de la tragedia.
El arco narrativo de Robin incluye un monólogo sobre cómo aceptó su propia sexualidad y esta escena no solo es muy emocionante, sino que muestra que la autoaceptación y la identidad queer pueden ser una fuente de fortaleza para las personas del colectivo, y que su historia no solo tiene que ver con el típico drama romántico o con un final trágico.
Además, la representación de Robin no se limita a su orientación sexual: es un personaje completo dentro del mundo de 'Stranger Things', capaz de enfrentarse a peligros sobrenaturales, de colaborar con el grupo para derrotar a Vecna y evolucionar a lo largo de la historia.
Es estupendo contar con ejemplos como el suyo en series tan exitosas como 'Stranger Things', porque este enfoque diferenciado y bien desarrollado hace que, aunque Will tenga también su propia evolución, la de Robin es más memorable y está mejor llevada, sin caer en clichés o topicazos. Su viaje hacia la autoaceptación y su valentía son realmente inspiradoras tanto para los habitantes de Hawkins como para los que estamos al otro lado de la pantalla.
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