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En Australia también hay series de calidad

En Australia también hay series de calidad
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Los mercados americanos y británicos acaparan casi toda nuestra atención cuando toca fijarse en las series. Los primeros porque producen como locos y los segundos porque demuestran que menos es más y que un buen guión y el savoir faire pesan más que el dinero. Con estas dos industrias, por lo tanto, es normal que cueste que nos fijemos en un mercado anglosajón más pequeño y a 15.771 quilómetros de aquí: Australia.

Hasta hace poco, cuando asociaba este país oceánico con la televisión sólo me saltaba a la mente ‘Neighbours’, ese culebrón de sobremesa que lleva 28 años en antena y 6.725 episodios, ‘Las Hermanas McLeod’ o ese clásico teen llamado ‘Los Rompecorazones’. Pero este último par de años esta industria ha dado alguna que otra sorpresa y tres series han dado el salto al hemisferio norte gracias a sus buenas críticas. He aquí ‘Please Like Me’, ‘Puberty Blues’ y ‘The Slap’.

‘Please Like Me’, una de autor

Josh Thomas de
Josh Thomas, el creador de la serie.

Josh Thomas es un cómico de 26 años que, al igual que hizo Lena Dunham en EE.UU., logró convencer a un canal para que le comprase una serie escrita y protagonizada por él, en este caso ABC2. Se trata de ‘Please Like Me’ y pueden buscársele más similitudes con ‘Girls’. Por ejemplo, no cuesta mucho imaginar que los sucesos de la serie guardan parecidos razonables con la forma de ser y el estilo de vida de su creador; también tiene unos pocos personajes y están bien definidos; y finalmente se trata de una comedia de autor que mezcla situaciones agudas y cómicas con escenas indudablemente dramáticas. Pero no es ‘Girls’.

En la serie, Josh es un chico cínico y egocéntrico que reconoce que es homosexual cuando su novia le deja porque sospecha que lo suyo no son las mujeres. Entonces, mientras descubre su nueva sexualidad con Geoffrey, un chico tan guapo como peculiar, y se ajusta a la nueva dinámica de su grupo de amigos, también se encuentra ante una situación un tanto complicada. Tiene que cuidar de su madre después de que intente suicidarse sin razón aparente.

Como comedia de autor, que conste, avisados estáis que no se trata de una serie de carcajadas. Es más entrañable y genuina que graciosa. Pero tiene un punto de vista sólido y no se conforma con ser una serie gay sin más. Habla de crisis existenciales, de sexualidad, de las relaciones humanas. Se entra o no en ella, pero quienes lo hagan pasarán un rato muy agradable con los seis episodios de la primera temporada. Y la buena noticia es que, si bien tuvo muy poca audiencia en Australia, por fin ABC2 ha decidido renovarla para otra tanda de episodios.

‘Puberty Blues’, una de adolescentes

Que el subtítulo no lleve al engaño. Esta serie puede tener a adolescentes en el punto de mira pero se trata de una ficción adulta. Es la adaptación de una novela de Kathy Lette y Gabrielle Carey y la escribieron en 1979 con lo que ‘Puberty Blues’ puede parecer nostálgica. Su ambientación en los 70, sin embargo, no es una postal como ocurría en ‘Swingtown’ de la CBS, por ejemplo, y se trata esa década como si fuera la actualidad.

La serie se centra en Debbie y Sue, dos chicas bastante inocentes que pierden la virginidad y los principios inculcados por sus padres cuando se empeñan en formar parte del grupo de los populares de su instituto. Como no soy australiano ni viví esa época, no puedo atestiguar que el relato sea fiel al espíritu de la época. Eso sí, ‘Puberty Blues’ es honesta en aquello que importa: en todo momento sabe exponer la idea de que Debbie y Sue empiezan a ser mujeres y que a la vez todavía son niñas. Se escapan por la ventana, fuman porros y se acuestan con chicos, pero no entienden qué es el sexo, ni como pierden la inocencia a marchas forzadas.

El panorama que muestra, de hecho, es bastante descorazonador. Por un lado están las olas, el surf y la estética del momento, y después presenciamos lo sórdido de las situaciones. Las chicas como meros objetos, ellas sin entender lo ofensivo de su papel y ciertas herencias familiares que repercuten en el comportamiento de los chicos, tanto de ellas como de ellos (es muy interesante el papel del guapo de Gary, marcado por el matrimonio de sus padres). Y ‘Puberty Blues’ consigue presentar con mucho talento el mural de personajes, que no se toma a los progenitores como meros secundarios. Ellos son los co-protagonistas de la obra, que tuvo una primera temporada muy corta (de ocho episodios) y que también tendrá segunda temporada. Muy, muy recomendable.

The Slap, una de drama

De los británicos hay que aprender que las buenas novelas y los clásicos siempre tienen cabida en la programación. ‘The Slap’ es una novela contemporánea de Christos Tsiolkas cuyo éxito motivó la existencia de esta miniserie. Solamente tiene ocho episodios de una hora de duración y no se especula que vaya a tener continuación.

Su protagonista es Jonathan LaPaglia (hermano de Anthony) y él interpreta a Hector, un padre de familia cuya vida se tambalea a partir de su cuarenta aniversario. No solamente se siente atraído por la canguro de sus hijos, una adolescente que procura seducirle, sino que su círculo de amigos se enfrenta cuando su amigo Harry pega al super-protegido e insoportable hijo de Rosie (Melissa George). Entonces sus conocidos comenzarán a dividirse en dos grupos, sin ser conscientes de las consecuencias que tendrá esa bofetada.

Que conste que no es ninguna revelación. ‘The Slap’ se estrenó en octubre de 2011 y las críticas fueron fantásticas. Un drama adulto que en cada episodio se centra en un personaje distinto para entender las motivaciones y el punto de la vida en el que están. Y, mientras que el planteamiento se resume rápidamente, cómo fluye el relato es otra cosa. Un relato sobre la muerte, la paternidad, la madurez, la amistad, el matrimonio, la lealtad... Una obra ambiciosa, sí, y que sale victoriosa.

En ¡Vaya Tele! | Series nórdicas

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