Después de ‘Fargo’, ‘El gran Lebowski’ y su versión de ‘La Odisea’, los hermanos Coen firmaron esta joya del cine negro con una fotografía espectacular

Después de ‘Fargo’, ‘El gran Lebowski’ y su versión de ‘La Odisea’, los hermanos Coen firmaron esta joya del cine negro con una fotografía espectacular

Los Coen construyeron uno de sus thrillers más fascinantes con un crimen, una infidelidad y un plan que se tuerce

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Fotograma de la película
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Belén Prieto

Editora

Aunque el cine de los hermanos Joel y Ethan Coen está lleno de personajes excéntricos, humor negro y situaciones que rozan el absurdo, hay una influencia que atraviesa buena parte de su filmografía: el cine negro clásico. Desde su debut con 'Sangre fácil' (1984) hasta títulos como 'Fargo' (1996), 'O Brother' (2000) o 'El gran Lebowski' (1998), los directores han jugado con los códigos del género para llevarlos a terrenos muy personales. 

Pero hay una película en la que decidieron sumergirse de lleno en esa tradición y recrear, incluso desde su estética, el Hollywood de finales de los años cuarenta. Se trata de 'El hombre que nunca estuvo allí' ('The Man Who Wasn't There') (2001), un thriller ambientado en 1949, rodado en blanco y negro y protagonizado por un peluquero de pocas palabras que acaba atrapado en una espiral de chantajes, infidelidades y asesinatos. 

Una de las mejores interpretaciones de Billy Bob Thornton

La historia sigue a Ed Crane, un barbero que lleva una existencia aparentemente tranquila trabajando en el negocio de su cuñado Frank, interpretado por Michael Badalucco. Su vida da un giro cuando un cliente habitual, Creighton Tolliver (Jon Polito), le propone invertir en un prometedor negocio de limpieza en seco. 

Para conseguir los 10.000 dólares que necesita, Ed decide chantajear a "Big Dave" (James Gandolfini), el jefe de su esposa Doris (Frances McDormand), convencido de que ambos mantienen una aventura. Lo que parece una operación sencilla termina arrastrándolo hacia una cadena de acontecimientos criminales que escapa por completo a su control.

Uno de los grandes aciertos de la película está en la manera en que construye a su protagonista. Ed no responde al perfil del criminal calculador ni al del marido consumido por los celos. Es un hombre reservado, difícil de descifrar y aparentemente indiferente a cuanto sucede a su alrededor. 

Además, su comportamiento resulta desconcertante incluso cuando las consecuencias de sus decisiones empiezan a hacerse evidentes. Los Coen juegan así con una de las figuras recurrentes del cine de Hitchcock: el hombre corriente que acaba metido en una situación extraordinaria. 

Por otro lado, la ambientación es otro de los elementos que hacen de esta una película tan particular. Los Coen reconstruyen con enorme precisión la América de 1949, una época marcada por el crecimiento económico y las nuevas oportunidades de negocio, pero también por las contradicciones de una sociedad que todavía arrastraba las consecuencias de la guerra. 

Para conseguirlo, volvieron a contar con Roger Deakins, director de fotografía con el que habían trabajado en numerosas ocasiones. El uso del blanco y negro, los contrastes de luz y las sombras pronunciadas remiten directamente al cine negro de los años cuarenta y refuerzan la sensación de estar viendo una película llegada de otra época.

'El hombre que nunca estuvo allí'

Y el propio título encierra una de las claves de la historia. No alude únicamente a la figura invisible que busca la policía durante la investigación del crimen, sino también a Ed, un hombre que parece haber desaparecido de su propia vida. Su incapacidad para conectar con quienes le rodean, la relación deteriorada con Doris y sus problemas con el alcohol dibujan a alguien que apenas participa emocionalmente en el mundo que habita. 

Billy Bob Thornton consigue que esa ausencia resulte fascinante: su interpretación transmite vulnerabilidad y desconcierto sin necesidad de grandes gestos, dejando que sea el espectador quien intente descifrar qué pasa por la cabeza del personaje. 

Todo ello desemboca en una película muy entretenida y también muy desconcertante, con un humor negro muy reconocible y un final que nos lleva a darle muchas vueltas a lo que acabamos de ver. Los Coen no se limitan a reproducir los códigos del cine negro ni a rendir homenaje a Hitchcock: los utilizan para construir un relato sobre la ambición, la frustración y las consecuencias de intentar escapar de una vida que parece no tener salida. 

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