Una de las mejores películas de la historia no es una mera historia de amor: Hollywood la convirtió en un arma política para sacarle jugo a la guerra

Se adelantó su estreno, se cambiaba el guion sobre la marcha y aún así hizo historia

Casablanca movie
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Joel Calata

Editor

En el mundillo del cine, hay obras que nacen con la etiqueta de clásico pegada en la frente, mientras que otras simplemente aparecen en el momento justo y en el lugar adecuado para que la realidad termine de darles el empujón definitivo. Lo que nadie se esperaba es que una producción que parecía un drama más en la lista de estrenos anuales acabara convirtiéndose en un símbolo que iba mucho más allá de las butacas y las palomitas.

La cuestión es que 'Casablanca' no fue solo una película de amores imposibles y despedidas con niebla, sino que Hollywood, con esa picardía que siempre ha gastado, la utilizó como un auténtico proyectil político. 

Resulta que la productora Warner Brothers no dio puntada sin hilo y decidió adelantar el estreno de la cinta en Nueva York al 26 de noviembre de 1942. ¿Y por qué tantas prisas? Pues porque apenas unas semanas antes, las tropas aliadas habían desembarcado en el norte de África y habían tomado la ciudad de Casablanca. Aquello fue una carambola publicitaria de manual, aprovechando que el nombre de la ciudad estaba en boca de todo el mundo para meterle un chute de moral a la peña en plena Segunda Guerra Mundial, según explican con todo lujo de detalles en este podcast de la SER.

Cine, política y un chute de moral

Pero la cosa no se quedó ahí, porque el estreno nacional en Estados Unidos también se hizo coincidir con la famosa Conferencia de Casablanca en enero de 1943. En esa cumbre se reunieron pesos pesados como Roosevelt y Churchill para decidir que a los nazis no se les iba a pasar ni una y que la rendición debía ser incondicional.

El ambiente estaba tan caldeado que la película sirvió para que el público estadounidense viera que la guerra iba por buen camino y que, al final, los buenos siempre ganan. Y es que lo que empezó siendo un intento de repetir el éxito de otras pelis exóticas acabó siendo una pieza clave de la propaganda bélica del momento.

Lo más alucinante de todo es que el rodaje fue un sindiós absoluto donde nadie sabía muy bien cómo iba a acabar el guion. Incluso tuvieron que lidiar con las leyes de censura de la época, el famoso Código Hays, que no veía con buenos ojos que una mujer casada se fuera con otro. 

Al final, entre cajones para que Bogart pareciera más alto que su compañera y cambios de última hora en los diálogos, terminó siendo una obra maestra que, aunque al principio no rompió la taquilla, acabó haciendo historia en el mundo del cine.

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