Alfred Hitchcock: 'La trama', el guiño final

Alfred Hitchcock: 'La trama', el guiño final
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Concluimos este especial dedicado al mayor, y mejor, mentiroso de la historia del cine, Sir Alfred Hitchcock, con ‘La trama’ (‘Family Plot’, 1976), sin duda una de sus películas menores, aunque ya les gustaría a muchos directores tener películas “menores” como la presente. El director británico estaba en un estado de salud realmente delicado, incluso tuvo que someterse a una operación para que le implantaran un marcapasos, con el que por cierto gustaba de bromear con las visitas que tenía. Así pues su estado de ánimo no era el de antaño y tampoco sus facultades. Tenía 76 años cuando filmó esta especie de broma.

Una vez más Hitchcock elegía una novela mediocre, en este caso ‘The Rainbird Patting’ de Victor Canning, para sacarle el mayor provecho de cara a convertirla en una historia puramente hitchcockiana, acorde con el universo del director. Los setenta no eran los sesenta, y mucho menos los cincuenta, y Hitchcock tuvo que adaptarse a marchas forzadas ante un público que estaba cambiando a mayor rapidez. Steven Spielberg ya había cambiado con una sola película la forma de ver el cine —John Williams es el autor de la banda sonora de la última película del maestro, qué conste—, y faltaba poco para que su amigo George Lucas lo subrayase. ‘La trama’ no estaba destinada a ese tipo de público.

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La película narra dos tramas, nunca mejor dicho, en paralelo para confluir en el tramo final. Por un lado los actores Bruce Dern –en un papel que era para Al Pacino, pero pedía demasiado dinero, y Jack Nicholson− y Barbara Harris dan vida a un matrimonio, él taxista e investigador privado, con pipa a lo Holmes y todo, en sus ratos libres, y ella una pitonisa de tres al cuarto que engaña a sus clientes haciéndoles creer que tiene contacto con el más allá. Por otro William Devane y Karen Black, muy de moda aquellos años, como un pareja de estafadores que secuestran a gente importante y la liberan a cambio de joyas valiosas.

De las dos parejas, la que gana por goleada debido a su mejor dibujo es la primera, con el añadido de navegar alrededor del juego de verdades y mentiras tan del gusto de Hitchcock, además se permite ciertas reflexiones sobre la vida en pareja. Ellos protagonizan los mejores momentos de un film siempre entretenido aunque con demasiada tendencia a largas secuencias de diálogos, como todas las que ocurren en el interior de un coche, espacio muy hitchcockiano si revisamos su filmografía, aunque aquí da lugar en un momento dado a una secuencia de suspense/comedia no del todo conseguida.

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Humor y dar la vuelta a los elementos de siempre

Rememorando instantes parecidos de las muy superiores, en todos los aspectos, ‘Sospecha’ (‘Suspición’, 1941) y ‘Con la muerte en los talones’ (‘North By Northwest’, 1959), la pareja protagonista se encuentra con que a su coche le fallan los frenos, dando paso a una secuencia que se debate entre el suspense y la comedia más simplona debido a la reacción de Blanche (Harris) y que ciertamente provoca la risa involuntaria. No sucede así en la magistral secuencia del cementerio, con la cámara siguiendo en picado a dos personajes, o los numeritos de Blanche cuando está en trance.

La confusión de identidades lleva a a dar la vuelta al sempiterno juego del falso culpable que Hitchcock gustaba de narrar, entre otras cosas para arremeter contra la policía, a la que le tenía un profundo miedo, y en ‘La trama’ alcanza su esplendor al proponer un divertido juego de gato y ratón, con asesinatos y raptos de por medio que se habrían evitado sin problema. Sin embargo, que una pareja busque a alguien a quien se cree muerto para que cobre una importante herencia, y el mismo sea un secuestrador que no quiere ser arrestado, provoca la más que evidente confusión, donde una vez más el espectador sabe mucho más que los personajes. Puro Hitchcock.

‘La trama’ gana enteros con las interpretaciones de Bruce Dern entre los principales, y con Ed Lauter entre los secundarios. A Karen Black le deja la misión de dar la vuelta a los personajes femeninos, rubios y “claros” haciéndole vestir ropas oscuras y una peluca negra. Y cómo no, ese plano final del guiño de Harris a cámara, sugiriendo que su personaje tal vez tenga poderes. Una broma que no estaba planeada pero que gustó tanto a Hitchcock que la dejó. No es para menos, el plano perfecto para el cierre de un director que, como pocos, entendió para qué vale una cámara de cine.

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Ha sido un placer hablar sobre la etapa americana de Alfred Hitchcock. Ahora, mientras apuro el especial de Paul Newman, decir que el sustituto al que hoy concluye será uno dedicado a las adaptaciones de Edgar Alan Pe por parte de Roger Corman.

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