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'El Atardecer', la hora de la siesta

'El Atardecer', la hora de la siesta
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Cuando mi compañera Beatriz hizo su crítica de 'El Atardecer' ('Evening', 2007), la comparó con 'Los Puentes de Madison' (película que por cierto no gusta a algunas mujeres porque tal vez las retrata mejor de lo que les gustaría). Creo que yo ahora mismo encontraría más similitudes entre un bocadillo de mortadela y la vida sexual de las cucarachas en África del Sur que entre esas dos películas. No, miento, en las dos sale Meryl Streep, por lo que entonces también podemos decir que 'El Atardecer' se parece a 'La Decisión de Sophie' o a 'Leones por Corderos'. Porque si vamos a hablar de la diferencia generacional entre padres e hijos, o que los hijos descubren cosas sobre su padre o madre cuando éstos eran jóvenes, entonces la segunda película de Lajos Koltai se parece a otros muchos títulos que hay desde que el cine es cine.

'El Atardecer' cuenta la historia de una mujer moribunda que en los últimos instantes de su vida recuerda a su gran amor, al que nadie parece conocer. Sus hijas hacen frente a esta situación, que además les sirve para enfrentarse a sus propios problemas personales. Un argumento muy televisivo, que en manos de Koltai logra adaptarse al medio cinematográfico única y exclusivamente por su espectacular fotografía.

La película no tiene un mal comienzo, con Vanessa Redgrave adueñándose enseguida de la función, y haciéndonos ver que muy probablemente su personaje será el que más nos fascine de toda la historia, pues la entrega de la actriz en todas aquellas escenas en las que aparece es total y absoluta, logrando algún que otro momento bastante emotivo. El problema empieza cuando la película viaja al pasado y empezamos a enterarnos de todo lo que le ocurre al personaje de Redgrave cuando era joven. Tanta historia guardada, tanto secreto importante, tanta emoción en los recuerdos, que el espectador tiene la sensación, y esperanza, de que la historia pasada es por lo menos la más grandes historia jamás contada. Es lamentable cuando descubrimos que la mencionada historia no llega ni a rumor de barrio, que aquello que pasó hace años no es tan importante como intentan hacérnoslo ver, y así se produce un desequilibrio entre la importancia de los recuerdos de la Redgrave, y lo que vivió este personaje cuando era joven, siendo interpretada en esos instantes por una no demasiado molesta Claire Danes.

También hay demasiadas historia entrelazadas de los distintos personajes que pululan por el film, y ninguna en absoluto queda completamente cerrada, además de que apenas resultan interesantes, sino más bien todo lo contrario, son corrientes e incluso anodinas. El problema está en que uno de sus guionista es Michael Cunningham, de quien ya hemos visto sus desastroso trabajo en 'Una Casa en el Fin del Mundo', y que en esta película, ayudado por la propia autora del libro en el que se basa, recuerda demasiado a una de sus obras, 'Las Horas', que conoció una estupenda adaptación. Si allí los saltos en el tiempo funcionaban bastante bien, aquí están realizados sin ton ni son y de forma totalmente aleatoria sin que afecte demasiado al orden de la narración, y careciendo por completo de ritmo. Vamos de adelante para atrás al antojo del guionista y porque sí, y mientras tanto vamos abriendo la boca por el aburrimiento que hace mella en nosotros.

Ni siquiera su espectacular reparto logra llamar nuestra atención. Dejando a un lado a Redgrave, el resto se pasean por el film con más y menos fortuna, pero sin deslumbrarnos ni lo más mínimo. Glenn Close y Meryl Streep salen bastante poco, y mientras la primera hace gala de su molesto histrionismo, la segunda intenta emocionar con su serenidad, sin conseguirlo demasiado. Toni Collette y Natasha Richardson dan vida a las hijas de la moribunda con unos personajes bastante tópicos y mal perfilados, y que contienen además diálogos bastante ridículos. De Hugh Dancy podríamos decir que es de los mejores, aunque su personaje nunca termina de obtener la supuesta importancia que parece tener en un principio. Y de Mamie Gummer que es igualita a su madre.

El reparto se la pega completamente con Patrick Wilson, en uno de los errores de cásting más escandalosos y evidentes de cuantos se hayan visto. El actor da vida a alguien muy importante en la vida de uno de los personajes centrales, o mejor dicho, de varios. Pero entre que el actor está totalmente inexpresivo, y su rol no está del todo desarrollado, nos es imposible creernos que su paso por esta vida haya dejado una huella tan profunda en determinadas personas. Es el aspecto más increíble y forzado de toda la película, con lo cual su gran baza se desmorona por completo.

Lajos Koltai no tiene ni la más mínima personalidad dirigiendo, su puesta en escena está basada solamente en una extraordinaria fotografía, aspecto éste que Koltai ha cuidado mucho en sus dos películas como director (de la otra os hablé hace poco), dado que durante muchos años se encargó del trabajo de fotografía de muchas películas. Así pues, la labor de Gyula Pados es ejemplar, componiendo en ciertos momentos planos que son auténticos cuadros, y devorando completamente la historia, dada la enorme debilidad que ésta posee.

Un film aburridísimo y falto de interés, donde ni siquiera la música del excelente Jan A.P. Kaczmarek llega a los niveles deseados, recordando en algunos instantes a la que compuso para la maja 'Descubriendo Nunca Jamás'. No creo que dure mucho en cartelera, los empleados de los cines no estarán por la labor de despertar a los clientes al término de la función.

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