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John Carpenter: '2013: rescate en L.A.', el último gran Carpenter

John Carpenter: '2013: rescate en L.A.', el último gran Carpenter
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Como hoy es mi cumpleaños (32 ya, esto es una decadencia irreversible…) he decidido concederme el gustazo de hablar de una película de Carpenter (la segunda en esta semana) que siempre me ha gustado mucho, aunque soy consciente de que no goza, precisamente, de consenso entre el público ni la crítica. La vi con 17 años en un cine de Madrid, y aunque por entonces no tenía mucha idea de cine (tampoco tengo mucha ahora, pero al menos existe IMDb…ejem) sí tenía idea de quién era y de qué cosas había hecho un tal John Carpenter, que volvía a traernos a uno de sus personajes más míticos, si no el más, en esta nueva versión/secuela, el cual regresaba a lo grande, tomándose el director la empresa como una suerte de homenaje de lo que hiciera Hawks con su ‘Río Bravo’ (‘Rio Bravo’, 1959) y ‘El Dorado’ (id, 1966). A la espera de que algún día llegue su particular ‘Rio Lobo’ (1970) en forma de un anciano Plissken con pata de palo demoliendo ciudades podridas sobre una apisonadora, este puede ser quizás el último gran Carpenter.

El último gran Carpenter porque, a pesar de algunos defectos, '2013: rescate en L.A.' ('Escape from L.A.'. 1996) es la última película de su máximo responsable en la que encuentro más elementos puros de su personalidad, y la enésima que se mantiene en un precario equilibrio entre la parodia de sí misma, la acción más descabellada, una visión del mundo propia e intransferible a cualquier otro cineasta, y una forma de rodar que ya, en su largometraje número quince, podemos decir que es imposible no identificar con uno o dos planos. Ese estilo que ahora anda en decadencia, consistente en mostrar y en organizar los elementos existentes en el plano, más que en impactar con un montaje o en armar el ritmo gracias a escenografías grandilocuentes. Snake, ya convertido en un héroe crepuscular, a su pesar (todo ocurre, en verdad, a su pesar), ha vuelto. Y vuelve no para ofrecer una aventura superior a la primera, dieciséis años después, sino para que Carpenter construya un espejo de aquella, que le sirve para reflexionar sobre la amorfa evolución del cine de aventuras, ese cine que tantos defendemos en sus formas más emocionantes.

Pero supongo que no son los tiempos propicios para la sutilidad y el refinamiento de Carpenter. Más bien para encumbrar a directores que han demostrado mucho menos cine que él. El guión de esta segunda parte estaba preparado a mediados de los años ochenta, pero Carpenter no estaba satisfecho. Dándose cuenta, con los varios fracasos de los que ya hemos hablado, de que a lo mejor llegaba el momento en que no pudiera hacer esta película, reemprendió la escritura junto con Debra Hill (con quien ya había escrito ‘Halloween’ (id, 1978) y ‘La niebla’ (‘The Fog’, 1980), y que moriría en 2005) y Kurt Russell, quien por primera vez aparecería acreditado como guionista en una película. Carpenter definió el libreto como demasiado ligero, pero en mi opinión, atreviéndome a contradecirle, es un guión que se mantiene en pie con gran solidez, que maneja una docena de personajes a cual más extremo y siempre con destreza, y que da pie a una de las creaciones más barrocas y libres de toda la carrera de Carpenter. Si la creación de un Nueva York derruido fue una gran hazaña de voluntad e ingenio, no menos lo es la de este demente L.A., que tras un terremoto se ha separado del continente y que de nuevo se ha transformado en un enorme vertedero humano.

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La Utopía se fue de parranda

Para que otros hagan remakes de ‘1997: Rescate en Nueva York’ (‘Escape from New York’, 1981), pues ya lo hace él. Eso sí, Carpenter ha declarado muchas veces que le halaga que lleven a cabo nuevas versiones de sus películas, algo que se ha hecho desde el principio del cine. Plissken, tres lustros más viejo, vuelve a ser capturado y obligado a llevar a cabo una misión suicida en una prisión gigantesca plagada de gente que le odia (todo el mundo le odia, y él tan a gusto, como los grandes). Es divertidísimo observar cómo vuelven a obligarle a meterse en un agujero contra su voluntad, y cómo su odio y su desprecio por la raza humana crece sin parar (aún más desde la primera película) hasta el final de la película, en la que cumple su particular y retorcida venganza. Imposible no encontrar una similitud en la situación creativa y personal de Carpenter, envejecido al igual que su héroe, convertido en un anciano prematuro por su enfermedad cutánea, harto de luchar por mantener su lugar entre los cineastas preeminentes de su tiempo, metido en agujeros, como el de ‘Memorias de un hombre invisible’ (‘Memoirs of an Invisible Man’, 1992), de los que sale gracias a su fuerza de voluntad.

Utopia (así se llama la hija del presidente de EEUU, ejem…) se larga de juerga con el idealista (y tan bandido como el resto) Cuervo Jones, que posee un parecido enorme con cierto revolucionario famoso de origen argentino. Además, Cuervo Jones se hace con La Espada de Damocles, un instrumento de alta tecnología que puede terminar con todos los avances artificiales creados por el hombre, a base de impulsos electromagnéticos. Así las cosas, agarran a Plissken, le inoculan un veneno que le matará en pocas horas, y le envían sin rechistar al infierno de L.A. Es genial la interpretación del gran Kurt Russell, que apenas mueve una ceja más que la otra en toda la película, asqueado por su lugar en el mundo y por el mismo mundo, convertido en un renegado como los de los más recordados westerns, y obligado a salvar al mundo contra su voluntad. Mucho más lacónico, todavía, que en la primera película, Snake Plissken llevará a cabo tareas mucho más enojosas y que, en un principio, cualquier persona en sus cabales consideraría proscritas en una película de aventuras moderna.

La secuencia en la que Plissken trata de alcanzar a Cuervo pero es derribado y rodeado por varios maleantes al más puro estilo western, la divertidísima en que es atrapado por las fuerzas de Cuervo Jones, arrastrado al interior del estadio olímpio de L.A., y obligado a meter diez puntos en canastas alternativas antes de un minuto, o aquella en la que debe surfear una ola gigante con el objetivo de salvar la vida, o el largo y muy bien montado clímax final, un tiroteo larguísimo y complejísimo de rodar, son muestras de que se han tomado el trabajo muy en serio, pero muy poco en serio a sí mismos. Una vez más no queda otra que admirar el coraje, los huevos, hablando en plata, de un cineasta que coge cincuenta millones de dólares de 1996 y se dedica a ignorar las normas del mercado imperante, dedicándose a reirse de sí mismo y a ofrecer otro tipo de espectáculo: el de los cientos de guiños a la primera película, el de ese sentido dinámico y amplio (a todos los niveles) de las secuencias de aventura, el de la virilidad y la feminidad, el de la intrepidez y la dignidad humanas por encima de todo.

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Creo que esta es la fotografía más interesante de Gary B. Kibbe para una película de Carpenter, una vez que ya no volvió a trabajar con Cundey. Y lo es porque, en sus claroscuros, en su vibrante colorido, significa una negación de la primera película, pero también una prolongación, una presión sobre los márgenes de la misma. De nuevo un scope fenomenal (ejemplar uso del 2.35:1) con cámaras Panavisión, en un diseño de producción inteligentísimo de Lawrence G. Paull, que aúna lo ochentero con lo noventero, con una concepción cyberpunk que roza la parodia absoluta. El sentimiento de que estamos viendo un remake es grandísimo, pero también sentimos los vasos comunicantes con la primera aventura, y el tiempo, en su sentido más abstracto, que ha pasado entre ambas. Todo lo que eso significa. Si entre la primera y la última película de ‘Star Wars’ puede rastrearse el cine de aventuras y de fantasía en veintiocho años de lapso, también puede hacerse lo mismo con el cine de sci-fi en quince años con esta película, lo rápido que cambia la tecnología, el concepto de lo épico y la tecnología que lo hace posible.

La siempre sensual Valeria Golino, un cínico Georges Corraface, un irreconocible Bruce Campbell, Peter Fonda, Steve Buscemi, A. J. Langer, Pam Grier, Peter Jason, Cliff Robertson, y bastantes otros forman un reparto admirablemente cohesionado, sin la menor fisura, en el que se da la mano lo grotesco con lo intenso y lo descarnado. Plissken, en medio de todo esa fauna, se limita a observar cansado de todo, esperando su momento para morder, inasequible al desaliento pese a sus pocas horas de vida, al que ya nada le sorprende, al que ya nada parece importarle, más que salvar el pellejo y mandar al cuerno al mundo entero. Puede que para Carpenter fuera un guión light, pero a mí me parece uno de los discursos más lúcidos sobre la necesidad de anarquía (es decir, la desaparición de todo poder y autoridad humanos), ejecutada con la mayor de las chulerías, a lo Plissken, a lo Carpenter, con los ojos doloridos por el devenir del mundo, pero esperanzados porque el hombre, más allá de él, sea capaz de reconstruirse a sí mismo.

Conclusión a una gran película

La diversión está asegurada en '2013: rescate en L.A.', y la ironía también, en esta gran aventura de Carpenter, la última de sus grandes películas, antes de que su talento se viera repentina, y dolorosamente, agotado. Digna y cínica seguidora de la gran primera parte, hay en ella un poso irresistible de mala leche y de ganas de pasarlo bien a toda costa. No es solamente muy recomendable, es una apuesta segura para los cínicos de máscara y los románticos de corazón.

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Especial John Carpenter en Blogdecine

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