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'MR 73', el policía que matará a Dios

'MR 73', el policía que matará a Dios
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Con casi un año de retraso llegó 'MR 73' a nuestras salas, el pasado 27 de febrero. Se trata de la nueva película del realizador francés Olivier Marchal, tras 'Gangsters' y 'Asuntos pendientes', hasta el momento su película de mayor éxito. Marchal vuelve a contar con una de las estrellas de su anterior trabajo, Daniel Auteuil para cerrar lo que parece ser una trilogía sobre el lado oscuro de la profesión policial. Sin embargo, esta película no ha logrado la misma repercusión y es fácilmente comprensible tras su visionado. Es más dura y trágica, más oscura y difícil; no mejor.

'MR 73' gira en torno a Louis Schneider, un hombre acabado. Es un policía atormentado por el desafortunado accidente que le dejó sin familia y por las atrocidades que debe presenciar en su profesión. "La labor policial puede ser muy desagradable" llega a decir. Efectivamente, a diferencia de sus compañeros, frías máquinas obedientes, Louis no puede huir de los horrores que ve, de los crímenes que manchan la ciudad donde vive. A esto hay que sumar la corrupción del cuerpo policial, a la que tampoco quiere contribuir, quedando aún más solo. Con todo en contra, Louis está decidido a concluir su último caso.

La película comienza con una declaración de intenciones por parte del protagonista. Se encuentra hablando con una doctora, y le pregunta si cree en Dios. Ella responde que sí, a lo que el otro, con aire amargado, le suelta: "Dios es un hijo de puta, algún le mataré". Envuelta en una artificiosa fotografía en blanco y negro, la secuencia responde a los tópicos del cine negro, con ese pistolero moderno escupiendo frases lapidarias con la misma facilidad que expulsa el humo del cigarro a la cara de su interlocutor. Personalmente, adoro el género, por eso detesto las malas copias, y esto empezaba teniendo esa pinta.

La cosa va empeorando conforme avanza. Ahora tenemos a Louis borracho en un autobús, pasándolo mal. Justificación estupenda para torturar al espectador. Cámara mareante, planos del protagonista mirando por la ventana (típica marca de película que va de inteligente y profunda), breves trozos de flashbacks, el autobús visto desde fuera... y todo ello mientras los créditos se van sucediendo en un extremo de la pantalla. No sólo nosotros, Louis también se cansa de eso y, a punta de pistola, hace que el conductor dé la vuelta y lo lleve a la puerta de su casa, algo a lo que el resto de viajeros no se opone. Por supuesto, las fuerzas de seguridad no tardan en aparecer, y el protagonista se entrega, pacíficamente, mientras aclara: "Soy policía".

auteuil
En ese punto, aún con mucho por delante, uno ya se esperaba lo peor. Otro thriller con estética de videoclip, personajes vacíos adornados con frases tópicas y algún que otro tiroteo para animar el conjunto. Afortunadamente, me equivoqué. No del todo, porque al conjunto le sobra charla y pretenciosidad, y le falta acción y ritmo, pero es cierto que el arranque es engañoso y que la segunda mitad de la película es bastante buena, especialmente en su último y demoledor acto.

'MR 73' (título que hace referencia al revólver que usaba la policía francesa) va desprendiéndose de concesiones y clichés para abrazar la tragedia y el dolor, de una forma tan brutal, tan descarnada, que es imposible no sentirse atraído por lo que se cuenta, por este descenso al infierno de un hombre hundido, al que encarna de forma intachable el gran Daniel Auteuil.

El secuestro del autobús debería haber sido el final profesional de Louis, pero se salva por enésima vez gracias a sus galones, al trabajo realizado durante tantos años; sin embargo, no se libra del castigo, que consiste en un nuevo puesto donde sentarse a rellenar papeles. Por supuesto, él no hace ni el más mínimo caso y sigue con su actual y complejo caso, una serie de muertes que parecen llevar la misma firma. Louis parece encadenado a resolverlo, como su única vía para la redención, aunque no haga más que hundirle en el barro de su miseria personal. Durante una investigación, se hace cargo de un gato (que por cierto, aparece acreditado con el nombre de Gizmo), y lo que en principio no sería más que el principio de una buena amistad, se convierte en la primera pista para atrapar al escurridizo asesino.

La película gira en torno a la figura de Louis, pero hay dos personajes secundarios que están relacionados con el pasado del policía y cuyos caminos están destinados a encontrarse, de nuevo. Son la joven Justine (Olivia Bonamy) y el veterano Charles (Philippe Nahon). Ambos están vinculados por la tortura y el asesinato de los padres de la primera, hechos cometidos por el segundo, que gracias a las leyes francesas puede salir de prisión por buen comportamiento. Justine no ha superado el suceso y está aterrada ante la posibilidad de que el criminal pise la calle. Por eso busca y pide consejo a Louis, quien ayudó a atrapar a Charles hace más de veinte años.

mr73

Es de sobra conocido que Olivier Marchal fue policía antes de dedicarse al cine, por lo que el hombre parece tener cosas interesantes que decir sobre la profesión en la que se movió; puntos oscuros que no se hacen públicos, asuntos complejos relacionados con la burocracia, ambigüedades propias de alguien que debe sobrevivir a lo inhumano para poder proteger adecuadamente a los ciudadanos, dificultades de alguien que debe cumplir la ley, pero que se encuentra en una posición privilegiada para saltársela, ya sea para su propio beneficio o para el de la comunidad. Sobre este tipo de cuestiones, la experiencia del director (primero actor) es un plus, otorgando verosimilitud a las historias de sus películas, no hay duda.

Ahora bien, Marchal, con tres películas ya en su haber, sigue evidenciando importantes carencias a la hora de trasladar sus historias a la pantalla, y que no entiende el buen cine, aprovechando los recursos típicos de la televisión (donde también ha trabajado), las posibilidades plásticas de la fotografía y la dureza de las tramas para tapar sus deficiencias como narrador, donde patina. Le salvan los actores, la dureza de la historia y que la mayor parte del género policiaco que nos llega sea una constante repetición, cada vez más aburrida. 'MR 73' tiene fuerza, es interesante, pero ciertamente podría haber sido mucho mejor con otro director más habilidoso.

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