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Llamada de auxilio del Festival de Cine de Montreal, que proyectará siete films españoles

Llamada de auxilio del Festival de Cine de Montreal, que proyectará siete films españoles
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El 24 de agosto se inauguró este festival canadiense justo antes de que se celebre su máximo competidor: el Festival de Toronto. Montreal, una ciudad muy bonita, pero probablemente poco recomendable en invierno, une estos días el atractivo turístico al interés cinéfilo para convocar a críticos, autores, actores y espectadores a las proyecciones de los más de 200 largometrajes y 190 cortos, que representarán a 76 países. Los productores también tendrán a qué hincarle el diente en el mercado internacional de cine y televisión.

El comité organizador del Festival de Cine de Montreal ha publicado un manifiesto en el que pide el apoyo del público para continuar su trabajo, pues se enfrentan a problemas económicos desde hace dos años porque Telefilm Canadá y la agencia SODEC retiraron sus patrocinios y los fondos públicos se redujeron en un 90%. Así que la celebración de 2007 pende de un hilo.

Al igual que en el festival de Locarno, la presencia española es abundante. Se proyectarán ‘Un franco, 14 pesetas’, de Carlos Iglesias; 'Volando voy', de Miguel Albaladejo; 'Los aires difíciles', de Gerardo Herrero; 'Aislados', de David Marqués; ‘Agua con sal’, de Pedro Pérez Rosado; ‘La buena voz’, de Antonio Cuadri, y ‘Salvador’, de Manuel Huerga. De las cuatro primeras hablaré con más detalle en la continuación de este artículo. La película que ya se vio en el tesino suizo, y de la que hablé con motivo de ese festival, ‘Un franco, 14 pesetas’, del director Carlos Iglesias, se presenta el 1 de septiembre en la sección de Competición Mundial. Es un film emotivo y entrañable, con excelentes interpretaciones de sus actores y una gran ambientación de los años ’60 españoles y helvéticos. Pero como dijo la crítica y el público del país alpino, peca de excesivamente edulcorada y optimista.

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‘Volando voy’, de Miguel Albaladejo, cuenta la historia de ‘El Pera’, un niño de familia no especialmente humilde o que lo trate mal, pero que decide, por influencia de sus amigos, convertirse en un bandido. A pesar de ser el más pequeño y de necesitar un cojín para ve por encima del volante, se hace imprescindible para la banda de atracadores gracias a su habilidad en la conducción. La película muestra incluso unas persecuciones con coches ochenteros en las estrechas y empinadas callejuelas de Toledo. El padre está interpretado por Fernando Tejero en un registro diferente al que estamos acostumbrados a verle.

En la vida real, Juan Carlos Delgado, ‘El Pera’ —que ha participado en el guión de la película— se reformó gracias a entrar en ‘La ciudad de los muchachos’ y llegó a darles clases de conducción a la policía. Estuvo incluso a punto de correr en la Fórmula 1. Esta historia tan interesante está relatada de forma correcta por Albaladejo, aunque ‘Volando voy’ no es de sus mejores películas. Emulando las realistas cintas de Eloy de la Iglesia y otros directores, que mostraban auténticos delincuentes juveniles, el film del alicantino le sirvió para cambiar de tono con respecto a sus últimos trabajos. Este director, de 40 años es uno de los nombres que más puede aportar al cine español, sobre todo gracias al realismo de sus ambientaciones y personajes y a la originalidad de su acercamiento.

A ‘Los aires difíciles’, de Gerardo Herrero, le ocurre lo que a otras películas de este director (de las que 'Heroína', a pesar de sus defectos, sería una excepción): tiene una lentitud y un montaje lleno de pausas que parecen dignos de un filme profundo humana y psicológicamente, sin embargo, Herrero no cuenta nada especialmente hondo ni grave como para ese tratamiento. Le falta autenticidad a todo. Me extrañó que el guión estuviera escrito por una mujer, muy buena, por cierto, en otros trabajos, Ángeles González Sinde; y que estuviera basado en la novela de otra mujer, Almudena Grandes, pues respiraba un airecillo de caspa machista, con eso del señorito que se acuesta con la asistenta y de los sueños de chaval adolescente al que provoca la niña más descarada (por decirlo sutilmente) del barrio.

‘Aislados’ tiene la gran honestidad de declarar abiertamente dentro de los propios diálogos lo que es. El personaje de Adriá Collado le dice a su amigo (Eric Francés) que tiene la intención de escribir un guión porque estuvo viendo una película iraní en la que un niño tardaba cinco minutos de reloj en acercarse desde el fondo de un plano hasta el primer término. Dice que las películas en las que no pasa nada y la gente habla son las que ganan premios y que él podría hacer eso perfectamente. Y así, con esta declaración metalingüística y sincera, David Marqués hace exactamente eso: una película que no va de nada y que lo único que tiene son diálogos. Algo que no se podría considerar ni corto alargado. Probablemente una tomadura de pelo, pues en la pantalla no vas a escuchar nada que no puedas oír tomándote unas cañas con tus amigos.

El mérito de ‘Aislados’ está en los actores, pues es bastante difícil conseguir una interpretación natural con diálogos tan forzados. Los diálogos parecen extraídos de cualquier conversación entre dos coleguitas, utilizando la técnica de la que se hablaba tanto en literatura en la época de ‘Historias del Kronen’, de Miguel Ángel Mañas, y del auge de Ray Loriga: la de la grabadora, es decir la técnica de plasmar la forma de hablar de los jóvenes tal como sucede en la realidad. Paradójicamente este tipo de diálogos son los más difíciles de interpretar con autenticidad. Y así ocurre. Sobre todo en el caso de Adriá Collado, probablemente porque en la película hay mucho de improvisación, porque los personajes son los propios actores y porque supongo que todo estará improvisado.

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