Han aceptado por fin el terror, pero los Oscars siguen mostrando un prejuicio imperdonable y rancio contra las bandas sonoras electrónicas

Han aceptado por fin el terror, pero los Oscars siguen mostrando un prejuicio imperdonable y rancio contra las bandas sonoras electrónicas

Dos de los trabajos más notables del año han quedado ninguneados de nuevo por la tendencia a preferir vacas sagradas y sonidos orquestales

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Marty Supreme 2026 Timothee Chalamet
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Pedro Gallego

Editor

Es innegable que hay tiempos de cambio en la Academia de cine estadounidense y las nominaciones a los Oscars 2026. Que películas extranjeras donde “hay que leer subtítulos” tengan más presencia fuera de su nicho y un género habitualmente ignorado como el terror pase a ser un hito histórico como en el caso de ‘Los pecadores’ muestra que los nuevos miembros están introduciendo otras prioridades y sensibilidad.

Es algo que ayuda a derribar los viejos prejuicios que han exhibido habitualmente las películas de Oscar, asumidas por los propios académicos. No obstante, sigue habiendo procedimientos muy de la antigua usanza para proteger determinadas categorías. Las denominadas categorías técnicas siguen siendo votadas exclusivamente por los profesionales de sus respectivos gremios, al menos en la fase de nominaciones. Esto salvaguarda cierto rigor para estos trabajos que no se discuten tan a menudo, aunque también les lleva a tener menos voluntad de riesgo.

Nuevas películas, mismos instrumentos

Hay un ejemplo bastante claro que suele repetirse año a año, y este año ha vuelto a exponerse de manera notoria. La categoría de mejor banda sonora sigue estancada en tendencias que exhiben prejuicios rancios además de imperdonable, así como una tendencia a respetar demasiado vacas sagradas con trabajos menores como el caso de Alexandre Desplat con ‘Frankenstein’.

El problema de estas bandas sonoras destacadas es que vuelven a obedecer un mismo patrón, dejando fuera trabajos muy destacados a lo largo del año que también están en películas nominadas y con opciones. Muchos daban muchas papeletas a Oneohtrix Point Never (alias Daniel Lopatin) por su trabajo en ‘Marty Supreme’, una de las películas más nominadas, y también a Kangding Ray por ‘Sirat’, ya que tanto su música como el sonido son claves en su experiencia singular.

Ambas son muy destacadas obras de artistas que están entrando en la industria (Kangding Ray) o están consolidándose en ella (Lopatin). También, ambas son bandas sonoras con un patrón marcadamente electrónico, compuestas principalmente con los métodos modulares y de collage sonoro que suelen emplear productores de género como son ellos en su carrera principal.

Un tipo de música a la que los académicos del gremio se siguen resistiendo, a pesar de que llevamos más de una década desde la increíble victoria de Trent Reznor y Atticus Ross con la música profundamente digital de ‘La red social’. Los mismos Reznor y Ross han sido ninguneados este año por hacer la banda sonora de ‘Tron: Ares’ como Nine Inch Nails, aunque es una ausencia más entendible que la que se produjo el año pasado cuando fueron ignorados a pesar del fenómeno que fue su arrollador techno con ‘Rivales‘.

Pasar por el aro

Daniel Lopatin

La sensación es que sigue existiendo un prejuicio o una montaña más empinada que escalar para estos músicos. Max Richter es el único ligado al mundo electrónico con presencia en las nominaciones por su trabajo en ‘Hamnet’, pero aquí sus experimentaciones ambientales dejan paso a la parte más neoclásica de su sonido, más dominada por lo orquestal que claramente tiene una acogida más cálida. Ludwig Göransson toma más riesgos en las capas que introduce en la música de ‘Los pecadores’, que a ratos incluyen guitarras de doom metal, pero la orquesta sigue siendo la base fundamental de su trabajo.

Ya estamos curados de espanto y sabemos que los Oscars son más representación de las tendencias de la industria de Hollywood que un señalador de la excelencia en el cine. Pero sigue siendo reseñable la resistencia a trabajos como el de Lopatin que están marcando una influencia clara en ciertas tendencias cinematográficas. Al final, muestran que los avances internos siguen siendo muy moderados.

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