Desde 'Operación Triunfo', en España los programas de gente que canta no han parado de llegar a nuestras televisiones. 'Factor X', 'Popstars', 'Tú sí que vales', 'Tu cara me suena', 'Mask Singer', 'La Voz', 'Got talent'... Vamos, que todo el que sabe hacer gorgoritos ya ha tenido la oportunidad de lucirse en uno u otro reality. Y el fenómeno no es exclusivo de España. En Estados Unidos, desde el éxito brutal y arrollador de 'American Idol', cientos de copias trataron de seguir su estela. Sin embargo, hay uno que destaca de entre los demás por un simple motivo: en secreto, se estaban riendo de los concursantes.
El semáforo vuelve ya
No es la primera vez que en televisión se hace un concurso de talentos para señalar a los que peor lo hacen y reírnos de su atrevimiento: sin ir más lejos, en España tuvimos 'El Semáforo' en los años 90, donde Cañita Brava vivió sus cinco minutos de gloria. Sin embargo, 'Superstar USA', allá por 2004, tenía un giro que lo hacía más maquiavélico que el show de Chicho Ibáñez-Serrador: los concursantes creían que estaban pasando rondas debido a lo bien que lo hacían, y no a que, en secreto, iban a premiar al peor cantante de Estados Unidos.
La idea de 'Superstar USA' era hacer 'American Idol' al revés: cientos de personas cantaron delante de un jurado formado por Christopher Briggs, Tone Loc y Vitamin C, buscando un premio consistente en 50.000 dólares y la grabación de un disco. Sin embargo, los buenos cantantes eran expulsados inmediatamente del casting y solo los que desentonaban recibían halagos e iban pasando de ronda. Spoiler: la ganadora final, Jamie Foss, lo hizo tan mal que los 50.000 dólares adicionales que le dieron como presupuesto para grabar un disco jamás se gastaron a tal efecto. Incluso como comentario meta sobre la fama de inicios de siglo, ¿quién iba a querer algo así en su casa?
Para que os hagáis una idea de hasta el punto al que llegaba esta insensatez, uno de los productores, Mike Fleiss, se acercaba al público antes de empezar y, para que animaran en lugar de reírse, les insinuaba que los concursantes estaban a punto de morir y su último deseo era participar en un reality musical. Y claro, ¿cómo vas a mofarte de alguien que está luchando, al borde de la muerte? En realidad, Fleiss lo vendía como una broma por encima de la broma, porque en lugar de decir que eran enfermos cumpliendo un deseo gracias a una organización real, se inventó un nombre cualquiera.
Malo, desagradable, adictivo
"No dije 'Make-A-Wish. Dije '¿Quién ha oído hablar de la One Wish Foundation?', y la gente levantó las manos. La One Wish Foundation no existe. Era una broma encima de una broma. Era la única manera de que funcionase", dijo en su momento. Lo que te ayude a dormir por las noches, Mike. El reality duró 7 semanas, y cuando coronaron a su ganadora, Foss, el que quedó en segundo lugar, Mario Rodgers, se marchó de plató enfadado porque genuinamente creía que él era el justo ganador. Su interpretación de 'I don't wanna miss a thing' es posiblemente lo peor que he oído en toda mi vida (os la pongo justo después de este párrafo para que "disfrutéis"). Delulu puro.
La verdad es que es digno de ver, porque no es como para estar orgulloso: nadie acierta una sola nota, como en un karaoke a las cuatro de la mañana. Por supuesto, el programa no volvió a repetirse y The WB se quedó con el sambenito de haber creado uno de los realities más crueles de la historia de la televisión. O, como el propio Fleiss (creador de 'The Bachelor' y productor de 'Hostel' o 'La matanza de Texas: El origen') dijo durante la campaña de promoción, "Es un programa que probablemente no deberíamos haber hecho porque es malo y desagradable, pero dios, es divertido de ver".
Los años han pasado, y engañar a los concursantes de un reality sigue siendo divertido, como muestra 'Jury Duty' (y, en un giro muy similar al de 'Superstar USA', el falso programa que monta Nathan Fielder en 'Los Ensayos') pero, por suerte, ya nadie se ríe de ellos. Aunque, a la vista de proyectos como 'La casa de los gemelos', parece que lo grotesco siempre estará en nuestras vidas. Lo quieras o no, hay cosas a las que no puedes apartar la vista.
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