El universo fantástico creado por George R. R. Martin sigue creciendo, pero esta vez lo hace desde un lugar muy distinto. En su día, 'Juego de tronos' revolucionó la televisión al llevar la alta fantasía a un público masivo, combinando dragones, guerras y traiciones con personajes moralmente complejos. Después, 'La casa del dragón' profundizó en la política y las disputas internas de la dinastía Targaryen.
'El caballero de los siete reinos', en cambio, elige un camino completamente distinto, una historia más pequeña, ligera y cercana, que se apoya en el viaje, el humor y la emoción sin renunciar del todo a la violencia. Es una serie más íntima y entrañable, más preocupada por la experiencia de sus protagonistas que por redefinir el destino del mundo.
Florian el Loco y el poder del mito
La serie sigue a Ser Duncan el Alto, un caballero errante que busca abrirse camino en Poniente, y a su joven escudero Egg. A diferencia de sus predecesoras, la historia prescinde de grandes batallas, conspiraciones palaciegas y amenazas apocalípticas. En su lugar, apuesta por una dinámica de compañeros de viaje que remite a algunas de las relaciones más queridas de 'Juego de Tronos', como Arya y el Perro, construyendo su encanto a partir del vínculo entre sus personajes y los encuentros que surgen en el camino.
Aunque la escala sea menor, 'El caballero de los siete reinos' no renuncia por completo a las hazañas legendarias. En sus primeros episodios, la serie introduce espectáculos de marionetas que dramatizan mitos antiguos de Poniente. El primero recrea la historia de Serwyn del Escudo Espejo, un héroe de la Era de los Héroes que, según las canciones, derrotó al dragón Urrax usando un escudo pulido como espejo. Más allá de las inconsistencias históricas del relato, el mito funciona como una ventana al folclore que ha sobrevivido durante milenios.
En el segundo episodio, otra función presenta la leyenda de Florian el Loco, un caballero de origen humilde que se enamora de una doncella en una historia tan famosa que dio nombre a la Poza de la Doncella. Como ocurre con muchas figuras míticas de este universo, los detalles son vagos y contradictorios, pero eso no reduce su impacto. Al contrario, refuerza la idea de que estas historias importan no por su exactitud, sino por cómo perduran en la memoria colectiva de Poniente.
Los espectáculos de marionetas no solo aportan imágenes memorables, sino que ayudan a que Poniente se perciba como un lugar amplio y con una cultura propia. En lugar de depender exclusivamente de nuevas precuelas, la serie muestra cómo los habitantes comunes siguen contando y reinterpretando las leyendas del pasado.
Ver 0 comentarios