Como alguien que lleva más de una década, entre otras cosas, escribiendo crítica cinematográfica, siempre he tendido a sentir cierto rechazo —por no decir desprecio— hacia el prototipo de escritor canallita que, para manifestar sus problemas con una producción, no duda en sacar a pasear su retórica más hiriente, déspota y agresiva. Si este comportamiento viene dado por las ínfulas de notoriedad, por frustraciones personales o por la necesidad de cambiar de carrera, eso es otra cosa.
Criticar con cabeza
Cuando firmamos un texto hablando sobre obras ajenas, por encima de nuestra opinión sobre el objeto de análisis, nuestro nivel de pasión por el medio, nuestras filias y nuestras fobias, debería primar el respeto hacia el trabajo de líderes creativos y de equipos técnicos y artísticos inmensos que se han dejado la piel levantando un proyecto —quien haya intentado hacerlo alguna vez sabrá que es algo casi milagroso—.
De esto, y de cómo una crítica negativa —sobre todo cuando denota inquina— puede llegar a afectar negativamente a un profesional, ha hablado Seth Rogen a su paso por el podcast The Diary of a CEO, donde ha reconocido que la crítica profesional ha pasado factura a su salud mental, y que las reseñas pueden ser mucho más dañinas de lo que podría parecer a simple vista.
Me encuentro en un momento de mi carrera en el que ya no hay mucha gente que pueda gritarme en el trabajo, pero el New York Times publicará un artículo entero diciendo que soy un desastre en mi trabajo. Esa es la contrapartida.
Me he abierto camino hasta llegar a un punto en el que ya no tengo que lidiar con tantos conflictos personales, conflictos cara a cara, pero habrá una institución cultural que le dirá a todo el mundo que soy un desastre. Eso me hará dudar de mí mismo, cosas así.
Si la mayoría de los críticos supieran lo mucho que duele a las personas que crean las obras sobre las que escriben, se lo pensarían dos veces antes de escribir esas cosas. Es devastador.
Por suerte para Rogen, las merecidísimas loas recibidas por 'The Studio' puede que hayan compensado ligeramente algunos de los numerosos malos tragos por los que ha tenido que pasar a lo largo de su carrera profesional.
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