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Ciencia-ficción: 'Hidden (Lo oculto)', de Jack Sholder
Críticas

Ciencia-ficción: 'Hidden (Lo oculto)', de Jack Sholder

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Muchos de los que conocen mi trabajo dirían que 'Hidden (Lo oculto)' ('The Hidden', 1987) es mi mejor película. Y les doy toda la razón...cuando vuelvo a verla siento que conseguí que saliera bien. (Jack Sholder)

En lo que a la gran pantalla se refiere, la trayectoria de Jack Sholder es de lo más irregular: dos títulos antes de la cinta que hoy repasamos en el ciclo de ciencia-ficción y tres después, a cada cual más infumable, suponen el monto total de lo que el cineasta ha logrado poner en pie en los treinta y tres años que han pasado desde que se estrenara con 'Solos en la oscuridad' ('Alone in the Dark', 1982); un filme al que siguió la muy olvidable segunda parte de las correrías de Freddy Krueger y que dio pie a 'Hidden', claro ejemplo de lo que el género podía dar de sí hace tres décadas con pocos medios y mucha imaginación.

Arrancando con un detective de Los Ángeles y un agente del FBI que deben unir fuerzas a su pesar —¿cuántas producciones se habrán rodado con esta premisa de partida?—, la cinta firmada por Sholder y protagonizada por Michael Nouri y Kyle MacLachlan es de esas que termina adjuntándose a la ciencia-ficción por acción de un pequeño puñado de detalles y secuencias que cambian de forma drástica lo que no habría pasado de ser un thriller policíaco más del montón. Afortunadamente, dichas adiciones provocan que en lugar de estar hablando de uno de tantos títulos caídos en el olvido por el paso de los años, lo hagamos de un filme de culto.

'Hidden (lo oculto)', desasosiego

Hidden 1

Aunque dicha calificación haya perdido gran parte de su encanto por lo pronto que estamos dispuestos a tachar a una producción como "de culto" en cuanto un puñado de voces comienzan a rescatar a algún filme de poca repercusión en taquilla y amplio recibimiento crítico de entre la miríada de propuestas anuales, en el caso de 'Hidden' la citada expresión viene como anillo al dedo para comenzar a hablar de un título que, salvo por un par de apuntes que lo ligan de forma indefectible a la época en la que fue rodado —el vestuario y algún cachivache tecnológico de hace tres décadas—, ha resistido de forma espléndida el paso del tiempo.

A ello ayuda sobremanera un guión que hace de la contención —derivada del presupuesto, no cabe duda— una de sus máximas, que haya en la contraposición de lo pasional de Nouri y lo gélido de MacLachlan uno de sus mejores valedores, que siempre se mantiene en la fina línea entre originalidad y referencialidad a otros títulos del género y que es puesto en escena por Sholder con una habilidad que, sin grandes alardes de personalidad ni esfuerzos de pirotecnia visual, provoca que los noventa y seis minutos de metraje se conviertan en un espléndido vehículo para que los amantes del género sigamos deleitándonos hoy como lo hicimos hace casi treinta años.

Hidden 2

Es más, 'Hidden' es una de esas películas que, cuando ha pasado mucho tiempo desde que la revisaste y vuelves a acercarte con cierto temor a que esta sea la ocasión en que revele su peor faz —en mi caso habrán sido casi diez años los que han transcurrido desde la última vez que di buena cuenta de ella—, sorprende por el hallazgo de nuevas lecturas que se añaden a aquellas que habías ido extrayendo con anterioridad. Ejemplo claro de ello es haber sido éste el visionado en el que he percibido de forma más clara el trabajo que el guión hace en la definición simétrica de los dos aliens.

Situados ambos en extremos opuestos del espectro entre el bien y el mal pero con las mismas necesidades básicas a las que dar respuesta, que la conclusión del filme sea la que es ha provocado en ésta última revisión un claro sentimiento de desasosiego que para nada se asocia al moderado happy ending que hasta ahora había querido ver en 'Hidden': a resultas del comportamiento que luce el personaje de MacLachlan —lo mejor de la cinta— en la escena en la que conoce a la familia de su compañero, la óptica bajo la que se observa su decisión final es la que instila esa desazón que comentaba; una desazón que, en última instancia, habla indudablemente del espléndido título que es éste "clásico de los ochenta".

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