'City of Blood' tiene todo lo bueno de una distopía en condiciones y me interesa lo que quiere contar, pero su ritmo acaba con mi paciencia por momentos

'City of Blood' tiene todo lo bueno de una distopía en condiciones y me interesa lo que quiere contar, pero su ritmo acaba con mi paciencia por momentos

Una distopía vampírica ambientada en un Berlín devastado por una pandemia y el cambio climático

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'City of Blood'
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Belén Prieto

Editora

'City of Blood' parte de una premisa que tiene todos los ingredientes para enganchar a cualquier fan de las distopías y los vampiros. Tiene un Berlín devastado por una pandemia, un mundo transformado por el cambio climático y unas criaturas que beben sangre y no pueden exponerse a la luz del sol. La nueva serie de Disney+ adapta la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner, y sitúa su historia en una Alemania que está dividida después de una catástrofe sanitaria de proporciones estratosféricas. 

En este futuro, la sangre se ha convertido en una mercancía de contrabando, los más ricos viven protegidos en enormes cúpulas climatizadas y los vampiros han dejado de ser una amenaza sobrenatural para convertirse en una pieza más del crimen organizado y de la lucha por el poder.

Un Berlín distópico 

La historia comienza con Bea y Phoebe, dos hermanas que fueron separadas durante su infancia y que han terminado viviendo realidades radicalmente distintas. Mientras Bea ha crecido rodeada de comodidades junto a su madre adoptiva, Phoebe ha tenido que luchar por sobrevivir en un Berlín donde el agua, la electricidad y otros recursos básicos son bienes cada vez más escasos. El reencuentro entre ambas sirve como punto de partida para descubrir que su mundo es todavía más extraño de lo que parece, especialmente cuando salen a la luz los vínculos entre los vampiros, el crimen organizado y las estructuras de poder.

El Berlín que vemos en la serie está marcado por las consecuencias de una pandemia que no solo diezmó a la población, sino que también provocó la división de Alemania en diferentes estados independientes. A esto se suma un cambio climático extremo que ha convertido la ciudad en un lugar abrasador, cubierto de polvo y suciedad. Los más privilegiados, mientras tanto, viven aislados del exterior dentro de cúpulas climatizadas que les permiten mantener unas condiciones de vida muy diferentes a las del resto de la población.

Y ahí es donde entra uno de los elementos más llamativos de la serie: la sangre. Aunque 'City of Blood' no se limita a contar una historia de vampiros al uso, estas criaturas ocupan un lugar fundamental en el nuevo orden social. El contrabando de sangre se ha convertido en una actividad lucrativa y los vampiros no solo controlan buena parte del crimen organizado, sino que también aspiran a aumentar su influencia política. La serie utiliza de esta manera su premisa fantástica para construir un mundo en el que las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más evidentes.

El problema es que la trama de Bea y Phoebe queda rodeada de muchas otras historias que requieren que prestemos prácticamente la misma atención. La serie salta con frecuencia entre personajes y conflictos diferentes, desde las relaciones familiares hasta las intrigas políticas, pasando por los propios vampiros y las personas que intentan sobrevivir en las zonas más desfavorecidas de Berlín. Todo está conectado, pero durante los primeros episodios esa conexión no siempre resulta evidente y le acaba pasando factura al conjunto.

Además, 'City of Blood' apuesta por un ritmo pausado que no siempre juega a su favor. Con ocho episodios por delante, la serie dedica bastante tiempo a presentar su mundo y a desarrollar sus diferentes líneas argumentales antes de hacer que todas se entrelacen. Para algunos espectadores, ese ritmo puede funcionar como una forma de construir poco a poco la atmósfera de este Berlín postapocalíptico, pero yo creo que hace que la historia avance demasiado despacio y que resulte complicado encontrar un personaje o conflicto que sirva como el pilar de la serie.

Es una serie estupenda y bastante enigmática, pero su ritmo pausado hace que no termine de cuajar a la hora de encontrar el equilibrio entre todas las historias que quiere contar.

La tenéis en Disney+.

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