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Cómic en cine: 'Immortel (Ad vitam)', de Enki Bilal

Cómic en cine: 'Immortel (Ad vitam)', de Enki Bilal
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A tenor de ciertos comentarios que habéis dejado en algunas de las últimas entradas que he ido publicando en este especial de Cómic en cine, me gustaría comenzar hoy aclarando algo que el otro día contestaba a uno de vosotros. Un algo que ya quedaba expuesto de forma precisa en el post que servía, el pasado mes de julio, para anunciar éste especial y que no es otra cosa que el hecho de que la intención inicial —y la que ido desarrollando desde entonces— era dar salida a la práctica totalidad de las películas que han servido como adaptaciones de obras del noveno arte.

Ello ha implicado, implica hoy, y seguirá implicando, que mucho de lo que se ha aireado en estas líneas entre en esa categoría de "Museo del horror" que nuestra ¿usuaria? Segnorita 2 la leyenda renace proponía el otro día en la entrada de cierto gato anaranjado. No hay pues ninguna animosidad personal contra aquellas adaptaciones que no sólo podrían ser consideradas malas traslaciones sino pésimo cine, tan sólo la voluntad de que, toda vez concluya este especial allá por el mes de noviembre, las cerca de 130 producciones que finalmente lo compongan ofrezcan un panorama lo más completo posible sobre el mundo del cómic en el séptimo arte.

'La trilogía Nikopol', ciencia-ficción metafísica

Nikopol

Hablar de ciencia-ficción en la producción de cómic del viejo continente es acercarse indefectiblemente a la figura de Enki Bilal. Artista yugoslavo mudado a París con tan sólo nueve años, sería el fortuito encuentro con René Goscinny cinco años más tarde lo que determinará el futuro de un nombre que, con una producción que arranca en 1972, es pieza imprescindible en el panorama tebeístico francobelga de las últimas cuatro décadas por mor de numerosos títulos que conforman un opus tebeístico apasionante.

Amante de las historias distópicas que sirven como análisis de la condición humana, es quizás en la trilogía conformada por 'La feria de los inmortales', 'La mujer trampa' y 'Frío ecuador' donde mejor se exponen las cualidades narrativas y artísticas de lo que Bilal ha llegado a ofrecer al noveno arte. Simbólica reflexión acerca de la naturaleza humana, la trilogía Nikopol es una de esas obras que quizás en una primera aproximación pueda dejar a más de uno patidifuso pero que en sucesivas relecturas va desvelando todo su potencial.

Un potencial que, no obstante, podemos encontrar de forma directa en el personalísimo trazo de Bilal —que sufre una notable evolución de formas en la década larga que tardó en completar los tres álbumes— y sus composiciones, concretando el artista de Belgrado unas páginas asombrosas en las que se dan la mano una precisa caracterización de personajes con una imaginación desbordante y unos diseños espectaculares que le sitúan por derecho a la par ese gigante del género y del noveno arte universal que fue el incomensurable Moebius.

'Immortel (Ad vitam)', ¿pero qué...?

Immortel 1

Aclarado en los dos párrafos introductorios que el escribir sobre "malas" películas nada tiene que ver con filias masoquistas o con una supuesta línea editorial de este blog dirigida a hablar mal de todo lo que aquí publicamos —nada más lejos de nuestra intención—, resulta irónico que la cinta que hoy nos ocupa se aferre con fuerza a huir de cualquier mirada benevolente que uno pudiera arrojar sobre ella, entrando de lleno —y con ahínco, me atrevería a afirmar— en el cada vez más nutrido corpúsculo de pésimas producciones cinematográficas que se han acercado al cómic desde el celuloide.

Tercera ocasión en la que Enki Bilal cambiaba los lápices y pinceles por la cámara de cine —las dos primeras habían sido 'Bunker Palace Hôtel' (id, 1989) y 'Tykho Moon' (id, 1996)— dos son a priori los puntos sobre los que descansar el mayor interés de 'Immortel (Ad vitam)' (id, 2004). De una parte, el servir de adaptación a los dos primeros álbumes de la comentada Trilogía Nikopol; de la otra, el hecho de ser una de las primeras cintas junto a 'Casshern' (id, Kazuaki Kiriya, 2004) y 'Sky Captain y el mundo del mañana' ('Sky Captain and the World of Tomorrow', Kerry Conran, 2004) en ser rodadas con actores reales en set generados en post-producción por ordenador.

Desafortunadamente, ninguna de las dos cualidades son explotadas por Bilal de tal manera que pudieran ser alabadas, y tanto la adaptación de los dos álbumes de su trilogía aviñetada, como el uso de la tecnología digital, dejan muchísimo que desear. En lo que a la primera respecta, 'Immortel' queda enhebrada de forma episódica, sin que exista una semblanza común que compacte las secuencias que va ofreciendo un metraje que va de aquí para allá sin que nunca llegue a existir un objetivo claro que pueda aprehenderse desde el punto de vista del espectador.

Immortel 2

Curioso cuanto menos por ostentar una disfuncionalidad que en el cómic no existía, poco ayuda al objetivo de Bilal tanto las pobres interpretaciones de Charlotte Rampling, Thomas Kretschmann y Linda Hardy —muy desafortunadas las intervenciones de ésta última— como el hecho inexplicable de que, ellos sean los tres únicos actores de carne y hueso con los que cuenta el filme, llevando el cineasta el uso de la tecnología digital hasta un abuso de formas incomprensible.

Que todos los personajes que pululan por la acción estén creados por ordenador y que muchos de ellos no pasen de ser un mero "dibujo animado" sirve de constante y molesta distracción de cara a intentar apercibirse de la exigua trama que cose 100 minutos de metraje en los que el intento de maridaje entre ciencia-ficción, thriller y noir en similares parámetros a aquellos que definían la magistral 'Blade Runner' (id, Ridley Scott, 1982) es tan evidente como risible es ver a dos dioses egipcios jugar al Monopoly mientras debaten sobre trascendentales asuntos (sic).

Poco o nada hay pues que destacar de una irregularísima producción que ni sirve como la pretendida reinterpretación a veinticuatro fotogramas por segundo del material original firmado por Bilal ni, considerada de forma aislada, figura como pieza imprescindible de la ciencia-ficción contemporánea. Si a algún sitio tiene que ir a parar 'Immortel (Ad vitam)' es al mismo necesario olvido al que hemos ido relegando en las últimas semanas sub-productos infumables del talante de las traslaciones cinematográficas del teniente Blueberry, el gato Garfield o la ladrona Catwoman.

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