Nadie tiene un dominio de la cámara y la puesta en escena como Steven Spielberg. Su nombre es sinónimo de la historia del audiovisual desde su debut en 1971, y a día de hoy sigue marcando el camino a seguir con una comprensión de las películas como espectáculo que va más allá del CGI, los planos rápidos y el guion sobreexplicado al que nos han acostumbrado. 'El Día de la Revelación' no debería dejar dudas de ningún tipo: por más que nos intenten vender las narrativas modernas, el cine era esto. Sí. Pero.
Encuentros en la cuarta fase
El audiovisual actual nos ha acostumbrado a que todo (desde un vídeo de TikTok hasta la última película Marvel) tiene que empezar con un golpe de efecto, una secuencia de acción que nos deje enganchados y pidiendo más. Pero Spielberg sabe perfectamente lo que el cine necesita es respirar, y en la primera (y magistral) escena de 'El Día de la Revelación' plantea una tensión de la vieja escuela, un enigma por resolver y una trama que empieza a cocerse a fuego lento desde el primer minuto, sin introducciones innecesarias y con un constante ritmo seguro que se asegura de que cada escena tenga algo que aportar, sin apresurarse ni subrayar en exceso los comportamientos de sus protagonistas.
El estilo cuidado y meticuloso, sin dejar nunca de lado la espectacularidad, nos da algunas de las mejores escenas del año en la extraña intimidad de su tercer acto, regalándonos momentos que nadie en Hollywood sería capaz de darnos hoy en día y asegurándose de que siempre nos sorprendamos, evitando todos los tópicos del cine de entretenimiento actual. Sin embargo, para llegar a estos chispazos de genialidad hay que pasar por un primer acto repleto de baches en el que cuesta entrar y en el que la "magia" queda a un lado: los engranajes siguen girando, pero se notan algo oxidados.
Además, es innegable que el director no puede evitar caer en sus propios clichés, con una visión excesivamente buenista de un mundo que él mismo ya no conoce. 'El Día de la Revelación' transcurre en la actualidad, pero sus mecánicas y soluciones narrativas (que ignoran casi por completo la existencia de Internet, que habría solucionado gran parte de la trama) parecen de hace veinte años, cayendo en giros de otra época y acelerando una nostalgia no deseada. En ocasiones es anacrónico, pero también coherente con el Spielberg que quiere ser: el de 'La guerra de los mundos', 'Minority report' o 'Inteligencia Artificial'.
O sea, un director con pretensiones inocentes que introduce en ese marco de candidez e ingenuidad una apasionante historia de ciencia-ficción que pone el centro en un persistente humanismo. El director no es, ni pretende ser, un narrador del mundo actual, sino un cuentacuentos capaz de transportarnos a su propio universo en el que las noticias aún siguen impresionándonos y siendo capaces de paralizarlo todo. La película nos quiere hacer creer que en pleno 2026 el mundo entero podría cambiar si supiéramos que existen los extraterrestres, cuando, realmente, en plena saturación de noticias, lo solucionaríamos con dos memes y un tuit.
Ya están ahí, han venido a abducirme
Pese a sus pegas, es un auténtico gustazo encontrarse aún con cine adulto más allá del indie, tan imaginativo como profundo y que se guarda todas sus cartas para irlas desperdigando por el metraje. Lejos de presentar un problema y resolverlo con un par de persecuciones y explosiones al tuntún, 'El Día de la Revelación' se preocupa de que la historia no sea una mera excusa para meter imágenes espectaculares sin ton ni son: te coge por la solapa y no te suelta hasta que todos los enigmas se solucionan de una manera fabulosa (y, como digo, inocentona). Si tienes el móvil en la mano, no es problema de Spielberg. Lejos de amilanarse ante un espectador despistado, exige su atención y lo recompensa con creces tras un segundo acto que vaga sin rumbo.
Esta no es, como se ha dicho, la mejor película de Spielberg de los últimos 20 años, ni mucho menos. Para ello tendría que superar la perfecta intimidad de 'Los Fabelman', la composición de planos de 'West Side Story' o la espectacularidad manifiesta de 'Las aventuras de Tintín', pero no por ello es menos apreciable: cualquier director mataría por hacer una película de la tabla media de Spielberg. Pero no, no es 'Encuentros en la tercera fase' o 'E.T. El Extraterrestre'. Aunque es persistentemente entretenida y tiene tramos donde se demuestra que no tiene rival, dista mucho de ser una obra maestra.
No quiero llamar a engaño: aunque se pegue traspiés a lo largo el camino, 'El Día de la Revelación' es Spielberg volviendo a hacer lo que mejor saber hacer, creando imágenes icónicas y demostrando que sigue siendo el rey (aunque ya sin el sufijo "Midas") de Hollywood. Pese al mérito de su autor, esta película no sería lo que es sin el increíble papel de Emily Blunt, que eleva el guion, crea un personaje inigualable y le otorga un ritmo, carisma y puesta en escena dignos de alabanza en su mejor papel hasta ahora. Ojalá pudiera decir lo mismo de un Josh O'Connor que no es capaz de convertir a su Daniel Kellner en un personaje especialmente memorable.
'El Día de la Revelación' es un Spielberg menor, sí, pero eso no debería importarle a nadie: es una muestra de buen cine rodado con precisión y sabiduría, con una notable banda sonora de John Williams y cuyo mayor pecado es no conocer bien el mundo que nos rodea, haciendo que el debate de la película (¿está el mundo preparado para saber que hay vida ahí fuera?) resulte estéril desde el primer momento. Honestamente, ojalá sea un éxito sin igual y el director no encadene tres injustos fracasos seguidos. Al fin y al cabo, si a alguien necesitamos hoy en día con urgencia es a Steven Spielberg.
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