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'El sargento inmortal', de John M. Stahl

'El sargento inmortal', de John M. Stahl
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John M. Stahl fue uno de esos directores del Hollywood clásico, hoy un tanto olvidados injustamente. Suyas son películas tan importantes como 'Que el cielo la juzgue' o 'Las llaves del reino'. El gran Douglas Sirk (ése al que algún director español dice parecerse, con todo el morro del mundo) realizó sendos remakes de dos de las obras de Stahl: 'Imitación a la vida' y 'Sublime obsesión', logrando con ello, además de enseñar cómo debe hacerse un remake, descubrir a muchos cinéfilos parte de la obra de Stahl.

Casi siempre interesado en hacer melodramas, Stahl se caracterizó por un estilo sencillo, muy intimista. 'El sargento inmortal' es uno de sus trabajos menos conocidos, y eso que en su reparto están actores de la talla de Henry Fonda y Maureen O´Hara, en aquel año (1943) en la cresta de sus carreras. Más el primero que la segunda, quien tuvo superiores éxitos. Actores Fordianos por excelencia, resulta curioso que sólo coincidieran dos veces en una película para el cine, siendo ésta la primera de ellas (la otra muchos años después en 'Fiebre en la sangre' de Delmer Daves).

'El sargento inmortal' narra la odisea de un pequeño comando británico en el desierto durante la Segunda Guerra Mundial. Un grupo de hombres en una rutinaria misión que terminan perdiéndose y tendrán que luchar contra todo tipo de adversidades para salir con vida de allí. Uno de ellos, Colin Spence, recordará su vida de civil en Londres, la mujer de la que estaba enamorado, y las circunstancias que le llevaron a alistarse.

John M. Stahl juega con tres frentes en su film. Por un lado todo lo que le sucede al comando, enfrentado no sólo a un enemigo, los alemanes, si no también al mismo desierto, con un calor sofocante que hará estragos en los ánimos de los hombres. En segundo lugar, todos los recuerdos del personaje al que da vida Henry Fonda, y por último, algo que el guionista parece sacarse de la manga y que tiene que ver con lo narrado en la parte de guerra, por así llamarla. Un cambio de tono que hace alusión al título del film y que, en cierta manera, conecta con la forma de hacer cine de Stahl.

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Toda la parte bélica está narrada con precisión. Los personajes se hacen muy cercanos, y cada uno representa varios estereotipos dentro del cine de género bélico. Tenemos al sargento, al que da vida un genial, como siempre, Thomas Mitchell (también actor Fordiano), un hombre lleno de valor y buena ideas que mantiene vivo al grupo. Está el "buen hombre", entre comillas, al que la guerra le supera y prefiere no saber nada de tener responsabilidades de las que dependan la vida de los hombres del perdido grupo. Tenemos al cobarde, al gracioso, al veterano. Tópicos excelentemente interpretados y compenetrados, en escenas que resultan ser lo mejor del film, llegando a entretener sobremanera. Curiosamente esta parte se ve truncada por todas las interrupciones que suponen los flashbacks, y que nos llevan a la parte romántica del film. Maureen O´Hara y Henry Fonda protagonizan una historia de amor bastante previsible y típica, que se ve amenazada por la presencia de un hombre de éxito decidido. Así pues tenemos un triángulo amoroso sobre cuyo desenlace no hace falta ser un gran adivino. Supongo que estos intervalos valen para hablar de las motivaciones del personaje de Fonda, pero creo que son demasiado bruscos y terminan siendo redundantes. Además, había que introducir en la trama de alguna manera un personaje femenino (algo que sucedía con muchas películas de la época, como por ejemplo 'Fuerza bruta').

El tercer acto, en el que ya se desarrolla y culmina todo con la rapidez del rayo, termina lastrando las posibilidades de una película que hasta ese momento suponía un digno entretenimiento sin más. Un aspecto trascendental y de corte sobrenatural se incrusta en la trama de golpe y porrazo. Stahl se mueve como pez en el agua en ese tono que el film toma, pero rompe con todo lo narrado con anterioridad, y resuelve de forma demasiado fácil algunos de los apuntes más interesantes del relato, como por ejemplo, el miedo del personaje de Fonda a liderar un grupo de hombres (de nuevo encontramos un paralelismo con otro film de la época: 'A bayoneta calada'). Así pues 'El sargento inmortal' toca demasiados puntos, y nunca termina de profundizar en ellos. A uno le queda un rara sensación, de ese tipo que dejan los films con posibilidades pero volubles, y que terminan quedándose en tierra de nadie.

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