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Especial Paul Newman: 'El premio' de Mark Robson

Especial Paul Newman: 'El premio' de Mark Robson
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‘El premio’ (‘The Prize’, 1963) reúne por segunda vez a Mark Robson —autor de varias producciones de Val Lewton tan imprescindibles como ‘La 7ª víctima’ (‘The 7th Victim, 1943), entre otras, para más tarde convertirse en perfecto hacedor de grandes producciones— con el actor Paul Newman, quien se encontraba en uno de los períodos más felices y exitosos de toda su existencia, probablemente el mejor. Ambos ya habían coincidido en ‘Desde la terraza’ (From the Terrace’, 1960), melodrama sobre las clases sociales, con mucho colorido y que obtuvo un gran éxito.

‘El premio’ nace en una época en la que el séptimo arte estaba experimentando el mayor cambio temático y formal de toda su historia a nivel mundial. En el cine estadounidense Alfred Hitchcock, uno de los pocos directores que sabían para qué valía una cámara, estaba cosechando éxitos enormes. ‘Con la muerte en los talones’ (‘North By Northwest’, 1959) es el ejemplo a seguir del film de Robson, que contó con el mismo guionista que aquella, Ernest Lehman.

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El premio del título no es otro que el Premio Nobel, el mismo que irán a recoger representantes ilustres de diversos países, entre ellos Estados Unidos. Andrew Craig (Newman) es un escritor que recibirá el premio al Nobel de Literatura, a pesar de que lleva tiempo escribiendo libros de misterio con un seudónimo para no ser reconocido. Una alegoría que podría trasladarse al cine, con el propio juego que realiza Robson en una película alejada de todo tema serio, imponiéndose como entretenimiento puro y duro.

Sin duda uno de los puntos fuertes de una película como ‘El premio’ es la interpretación de Paul Newman, quien aparentemente sin esfuerzo alguno, con esa dualidad de controlar a la perfección gestos y voz mientras se saca de la manga algún tic personal, diferente, suyo, haciendo gala de una ambigüedad interpretativa que muy pocos supieron manejar. Su personaje es un ligón empedernido, preocupado sólo por el sexo contrario y por pasárselo lo mejor posible en cualquier fiesta a la que pueda ir.

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Un suspense ligero

Será su gran capacidad para la observación y la experiencia desarrollando relatos de misterio, lo que le haga caer en la cuenta que en la entrega de premios, que se produce en Estocolmo, hay algo que no marcha bien. Su encuentro con el Doctor Max Stratman —Edward G. Robinson en plena madurez—, quien no le reconoce por segunda vez, hará levantar sus sospechas sobre la posibilidad de una conspiración a nivel internacional.

Dicha premisa sirve para el típico juego hitchcockiano, aunque ‘El premio’ está alejada de lo retorcido que era el maestro muchas veces. El film de Robson es un mero entretenimiento, sin ningún tipo de lectura añadida. Un film al completo servicio de su estrella, muy por encima del resto de compañeros, que al intentar descubrir la verdad se verá inmerso en varias situaciones peligrosas, y al mismo tiempo jocosas, por ejemplo la persecución que termina en un grupo de nudistas. Siempre marcando el tono ligero y despreocupado del relato.

Quizá demasiado larga, aunque jamás llega a aburrir, ‘El premio’ es muy disfrutable y supone también uno de los primeros trabajos del gran Jerry Goldsmith, que ya aquí ofrecía una de sus potentes partituras. Elke Sommer y Diane Baker ponen la belleza femenina, y Edward G. Robinson en un doble papel, la veteranía, con sorpresa final incluida en su personaje “malvado” y que enlaza los premios Nobel con el arte de la interpretación.

Paul Newman se embarcaría en una comedia sobre los peligros del matrimonio con cierto tipo de mujer, y un reparto espectacular.

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