'Looper', retorno al pasado

'Looper', retorno al pasado
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Rian Johnson está destinado a ser alguien dentro del actual panorama cinematográfico del cine estadounidense, y ‘Looper’ (id, 2012), que es su mejor película hasta la fecha, viene a demostrar que aunque Johnson pueda estar capacitado para la realización de blockbusters, rehuye una y otra vez ese concepto en sus cintas.

Si ‘Brick’ (id, 2005) —película que prometo revisar aunque en su momento me pareciera algo pedante— era puro cine negro reinventado y ambientado en un instituto, ‘The Brother Bloom’ (2008), una historia de timadores, se apartaba por completo en tono y forma de ese tipo de película, ‘Looper’ reinventa el Film Noir en un contexto de ciencia ficción, con, oh, sorpresa, pocas concesiones. De paso se une a esa moda de revival que parece ya una plaga en el actual séptimo arte.

Porque ‘Looper’ es algo más que un relato de ciencia ficción de la buena —hay que llamar la atención del gran público—, puesto que Johnson lleva el Film Noir pegado en sus venas, aquí no desaprovecha la oportunidad de crear una historia que retrotae a los grandes relatos de cine negro dirigidos por Jacques Tourneur, Otto Preminger, Robert Aldrich y algún nombre más de sobra conocido. Para sorpresa del respetable además se atreve con los siempre interesantes viajes en el tiempo, atreviéndose a tirar por tierra todas las teorías y pajas mentales que surgen a raíz de las paradojas que un viaje en el tiempo provocaría. Pura delicatessen para los sentidos más cinéfilos.

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(Spoilers) Joseph Gordon-Levitt, también productor del evento, y con una carrera que si ya sorprende por la solidez de sus interpretaciones, está destinada a ofrecernos muchas más sorpresas, da vida a Joe, un yonqui del año 2044 y que trabaja como Looper. ¿Y qué es un Looper? Johnson no se la juega con explicaciones redundantes y liosas y va directo al grano, con lo difícil que resulta en una película sobre viajes en el tiempo: un Looper es aquel que se encarga de asesinar a aquellos que la mafia no quiere en el futuro, donde ya se han inventado los viajes en el tiempo, que están prohibidos y sólo son utilizados ilegalmente por los villanos de turno para limpiar sus trapos sucios. Como en el futuro deshacerse de un cuerpo es muy difícil, envían al sujeto al pasado, donde les espera un looper que lo elimina y lo entierra después de cobrar una buena cantidad de plata. Hasta que un día el que regresa es el propio looper, envejecido treinta años, y ahí los problemas empiezan.

Todo ello nos es narrado sin grandes estridencias por una voz en off, que evidentemente recuerda al cine negro más clásico y cuya referencia más reciente es el mítico ‘Blade Runner’ (id, Ridley Scott, 1982) —otro film noir disfrazado de ciencia ficción— a la que Johnson alude sólo en algunos planos nocturnos de la ciudad. Todo lo que viene después es un prodigio de guión —hay realmente muy pocas cosas que no tengan sentido o no estén atadas, por no decir ninguna— que atrapa por su contundencia y por lo claras que tiene las cosas Johnson, quien con su fascinante pirueta de juntar al mismo personaje en dos líneas temporales que se unen en un momento dado —el eje central del film— mostrando cuan diferente puede ser la misma persona treinta años mayor. Cazador y presa, héroe y villano, todos en uno.

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Aunque la película ha tenido un presupuesto muy ajustado Johnson utiliza muy bien el mismo, y los excelentes efectos visuales, como la acertada atmósfera, no entorpecen jamás la acción ni la ahogan. A ello sumamos una excelente labor de todo su elenco, donde brillan con luz propia Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis. El primero se lo pasa en grande imitando a Willis en gestos y miradas, pero ambos se complementan a la perfección siendo el mismo personaje con distintas miradas sobre lo acontecido, lo que puede suceder, lo que nunca ocurrirá y todo lo que se puede cambiar. El mismo hombre angustiado por cosas distintas y que se enfrentan. Las contradicciones tan típicas de cada ser humano, el conflicto interno de intereses propios, la diferencia entre lo que se quiere hacer y lo que se debe hacer tan bien definido en el libreto. Emily Blunt realiza un trasunto de femme fatale cuyo mayor peligro es un hijo engendrado en tiempos donde la telequinesis está a la orden del día y cuyo amor será vital para el futuro de la humanidad. ¿Matarías a ese niño —imagen temprana de cualquier dictador u opresor— o harías todo lo posible por corregir su camino?

‘Looper’ sigue el esquema clásico del film noir sin disimulo, y su comunión con la sci-fi se hace tan armoniosa, tan lúcida, que cuando surgen las preguntas al respecto de las paradojas temporales Johnson lo arregla todo de un plumazo en una muy inteligente conversación entre los dos Joe en una cafetería. A partir de ahí, el espectáculo sigue, con dosificada acción, pero el cine negro sigue siendo el tono. Son agradecidas las referencias a ‘Terminator’ (‘The Terminator’, James Cameron, 1984) y cómo no, a la divertida trilogía de Robert Zemeckis, pero son detalles de paso que pertenecen a la memoria popular. Johnson va más atrás en el tiempo en sus referencias más poderosas, no sólo al cine negro, sino al puro western, tal y como dice mi compañero Pablo en su texto —toda la parte de la granja haría las delicias de Joseph H. Lewis, André de Toth o incluso John Sturges—; son innumerables y bien asimiladas, reinventando en su propuesta. Y cuando comprendemos el acto final del Joe joven la mayor referencia de todas se hace luz, al igual que William Holden flotando sin vida en una piscina, ‘Looper’ está narrada por un muerto. ¿Hay otra forma más ingeniosa de burlar las fronteras del tiempo?

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