Por tercera vez consecutiva, volvemos a quedarnos con la boca abierta con una taquilla de 'Avatar: Fuego y ceniza' que ya ha superado los mil millones de dólares. La saga que "no le importa a nadie" resulta ser la misma que crea un espectáculo imprescindible cada vez que llega a la gran pantalla, una suerte de Disneyland cinéfilo que nadie quiere quedarse sin experimentar.
Yo era de esos, de los que afirmaban que Avatar es una saga que no deja poso. Que la gente la devora y se olvida de ella a las dos semanas. La segunda película, con sus hipnóticas secuencias acuáticas me fue virando en la otra dirección, convencido de que de vez en cuando no está mal abandonarse a una película y simplemente abrir los sentidos. Pero ha sido esta tercera, y sobre todo después de acudir a ella sin ganas, la que finalmente ha acabado de convencerme.
Nadie lo hace como James Cameron. Su artesanía y sus ambiciones técnicas son algo que nadie puede imitar, y entre cada película pasa el tiempo suficiente como para sorprenderme cada vez que lo hace.
Un espectáculo que solo se entiende en el cine
Hay un elemento importante a la hora de apreciar el fenómeno. Viviendo como vivimos en la era de la IP, hoy es genuinamente difícil encontrar un nuevo taquillazo que no venga de algún lado; ya sea un libro, un corto, otra película, un cómic o un videojuego. Al mismo tiempo es habitual, o parece casi que obligatorio en algunos casos, que cada éxito se retroalimente con otros productos transmedia. Solo mirando HBO, en los últimos tiempos hemos tenido series de 'Dune', 'The Batman' o 'It'.
Para ser una franquicia multimillonaria, 'Avatar' se mantiene una IP relativamente contenida. Una saga puramente cinematográfica que todos los espectadores descubren al mismo tiempo, que no obliga hacer los deberes, no existe pensando en un universo compartido y sobre todo, no atosiga. Cada cierto tiempo vuelve, pone la taquilla patas arriba, acapara la conversación durante unas semanas y le hace el negocio a todas esas salas de cine punteras que el resto del año tienen que rascar para acoger estrenos de tecnología de vanguardia. Después de eso se va y no volvemos a saber de ella en un tiempo.
En el momento de Hollywood en el que estamos, la lógica capitalista nos dice que deberíamos estar asqueados de ver a los Na'vi en todas partes. Debería haber animes, cómics, series de televisión, spin-offs cinematográficos a cholón destinados a ampliar el canon. En lugar de eso tenemos merchandising estándar, cosas como libros de pegatinas o guías visuales del mundo. La oferta transmedia escasea y para el gran público pasa casi desapercibida. Los videojuegos parecen llevarse el pedazo más grande del pastel y aun así con éxito moderado. En 2010 la adaptación de la película original fue un pinchazo para Ubisoft. Al más reciente 'Frontiers of Pandora' le fue algo mejor, pero se quedó lejos del hito comercial que supone el material original.
La respuesta a todo esto probablemente sea James Cameron. El passion project de uno de los cineastas más importantes de nuestro tiempo ha resultado ser una megrafranquicia en la que no hay un ápice de cinismo. La mente creativa detrás de Pandora es probablemente también su mayor fan, alguien convencido de que la pureza de su concepto y sus grandes ambiciones van también acompañadas de saber dosificarlas. Cada película llega cuando está lista, y no antes de asegurarse de ser un portento técnico y un espectáculo pretendidamente maximalista. No importa si se ve en Cinity, en IMAX, en 3D o en Laser 4K, cada versión de la película se siente como que se ha puesto todo en ella.
La trilogía más taquillera de la historia es también una anomalía de la industria que cuesta no celebrar. Mucho ha llovido desde aquella primera épica de Jake Sully y compañía: Star Wars ha dejado de ser una saga generacional para sobreexplotarse anualmente como cualquier otra franquicia; nos hemos saturado de tanto héroe de Marvel, y mucha gente ya prefiere quedarse en casa viendo una película antes que hacerlo en el cine. Ante este panorama e incluso acortando los tiempos entre entregas, 'Avatar' se ha mantenido un megaevento que quiere justificar cada entrega por sí misma, y que nos insta a disfrutarlas al máximo como si fuesen la última.
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