'Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos': el MCU muestra su mejor cara con una aventura encantadora que mitiga los males comunes de la fórmula Marvel
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'Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos': el MCU muestra su mejor cara con una aventura encantadora que mitiga los males comunes de la fórmula Marvel

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Aunque llevase experimentando esta sensación desde hace una larga temporada —y creo que no soy el único—, el cierre de la Saga del Infinito con ‘Vengadores: Endgame’ fue el gran punto de inflexión que alimentó mi saturación frente al macroproyecto superheróico de Marvel Studios. Algo que, además, se vio potenciado por los primeros y erráticos compases de una Fase 4 cuya formulaica ‘Viuda Negra’ volvió a mostrar la peor cara de este tipo de producciones.

Llegados a este punto, con el multiverso en plena gestación y con varios de los grandes estandartes marvelitas fuera de combate o mostrando claros signos de desgaste, la hoja de ruta más lógica pasa por escarbar en los rincones menos explorados de La casa de las ideas para aportar un extra de frescor que mermase los efectos de un desencanto potencial del fandom mientras se trazan líneas paralelas dentro del MCU.

Esta naturaleza es, precisamente, lo que lleva a la divertidísima ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’ en volandas. Y es que, aunque no logre deshacerse de las plantillas de rigor, su calculado cóctel de acción, aventura, artes marciales y folclore oriental, sumado a su encantador dúo protagonista, ha dado forma a una de las sorpresas más agradables e inesperadas dentro del Universo Cinematográfico de Marvel.

Capeando el temporal de las historias de orígenes

Aunque ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’ resulta ampliamente satisfactoria en cómputo global, su narrativa se ve afectada por las exigencias que debe cumplir casi cualquier historia de orígenes. La agilidad de su ritmo no impide que, de forma regular —y esto es algo especialmente presente durante el primer acto—, la maquinaria se vaya deteniendo para bombardear el patio de butacas con toneladas de plomiza exposición, ya sea mediante diálogos o flashbacks, destinadas a construir su enorme lore y dar el trasfondo suficiente a unos personajes desconocidos para buena parte del público.

A esto hay que sumar unos cimientos dramáticos demasiado comunes, construidos a partir de las bases de la tragedia familiar sakespeariana más arquetípica, que, sumados a un libreto tan esquemático como viene siendo habitual —y, por momentos, demasiado alineado con los de sus homólogas chinas recientes— , dejan poco lugar al impacto. Pero, una vez superados estos escollos, el largometraje nos brinda uno de los mejores espectáculos marca de la casa Marvel hasta la fecha.

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‘Shang-Chi’ tiene de todo, y además está dosificado en su justa medida. Su componente aventurero, su rico y colorido diseño de producción y su extra de ligereza aportado por una comedia mucho más orgánica que de costumbre, son sólo pequeños extras que enriquecen el gran reclamo de la cinta: unas secuencias de acción que destacan tanto en su vertiente más “cine Kong-Kong” como al aproximarse al Wuxia más místico y fantástico.

El tratamiento básico de las set pieces y las peleas resulta más que notable, con un montaje, una planificación y una puesta en escena precisos, y con unas coreografías que lucen a las mil maravillas en pantalla gracias, en parte, a la labor del equipo de segunda unidad; encabezado por los especialistas reconvertidos en directores Bradley James Allan y Mike Gunther —responsables de títulos como ‘Scott Pilgrim contra el mundo’, ‘Kingsman’ o ‘Bad Boys for Life’—.

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Pero, cuando las patadas, los puñetazos y las acrobacias atraviesan los planos a toda velocidad, evocando por momentos el espíritu de maestros como Jackie Chan, el CGI más obvio y desencantado hace acto de presencia rompiendo la ilusión. Si bien esto no molesta en las escenas con un enfoque Wuxia, potenciando la magia de ver a los combatientes desafiando las leyes de la física y manipulando los elementos, durante las peleas más “terrenales” genera un efecto de desconexión un tanto molesto; como si en una película de la Shaw Brothers. se viesen los cables en mitad de un salto.

Es, precisamente, el uso de los VFX la mayor lacra de ‘Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos’. Ese look ultradigital tan característico de las producciones de Disney Studios embarra el más que decente trabajo del veterano director de fotografía Bill Pope; alcanzando el punto álgido en un clímax que, pese a su intensidad, vuelve a derivar en otro fin de fiesta caótico, agotador y rebosante de efectos visuales, polígonos y cámaras virtuales.

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Por suerte, el hastío no llega a materializarse en el tercer acto gracias a unos personajes que generan una empatía casi instantánea. Puede que sea por la novedad, por las simpáticas interpretaciones de Simu Liu y Awkwafina —genial como alivio cómico y como enlace con el espectador—, o por el mimo con el que se ha explorado el pasado y presente del protagonista; pero una vez acaba la función, es complicado no desear que regresen en futuras entregas de la franquicia.

Del mismo modo que ‘Shang-Chi’ sabe jugar a su propio juego, desmarcándose casi por completo de la trama horizontal del Universo Cinematográfico de Marvel —lo cual la enriquece—, la obra de Destin Daniel Cretton logra distanciarse de los pecados capitales que han lastrado a muchas de sus congéneres actuales. Puede que su guión vuelva a adolecer de los males heredados de las fórmulas, que continuemos sin villanos realmente contundentes —el carisma de Tony Leung podría haber dado mucho más de sí— y que la sobredosis de CGI vuelva a jugar malas pasadas; pero que estas dos horas de entretenimiento de primera hayan logrado mitigar mi empacho de superhéroes, es indicativo de que este es el camino a seguir.

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