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'El Jefe Infiltrado', caridad televisiva con cierto nivel

'El Jefe Infiltrado', caridad televisiva con cierto nivel
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Hace precisamente un par de días os comentaba en un artículo cinco formatos que me gustaría que la televisión española recuperase, pero, como es normal, hay otros muchos que me dan bastante igual o que directamente preferiría no volver a jamás en mi televisor. El caso de 'El Jefe Infiltrado' pertenece al primer grupo, ya que ni siquiera llegué a ver un minuto de la versión anterior de Antena 3 y apenas he visto fragmentos sueltos del original inglés o de su adaptación americana que se emite en Xplora.

Por tanto, mi única motivación era la mera curiosidad hacia la posibilidad de descubrir a fondo un formato que ha tenido éxito en varios países y con el que laSexta quería reforzar la noche de los jueves --es cierto que la intentona previa en Antena 3 fue un fracaso estrepitoso, pero también es innegable que Atresmedia no espera conseguir las mismas cifras en las dos cadenas--. El resultado ha distado mucho de apasionarme e incluso lo considero parcialmente insultante, pero no todo son cosas negativas en 'El Jefe Infiltrado'.

¿Un programa televisivo o un lavado de imagen empresarial?

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Durante los últimos tiempos cada vez está ganando mayor popularidad el recurso de echar mano de la caridad televisiva para emocionar a los espectadores y conectar con las personas que reciben la ayuda del programa en cuestión. La polémica Toñi Moreno seguramente sea la personalidad que mejor ejemplifica una tendencia que, por desgracia, cuenta con suficiente éxito como para los ejecutivos de otras cadenas quieran coquetear con uso de una forma más o menos descarada. 'El Jefe Infiltrado' cae de lleno en esa tendencia, pero hay una excusa bien hilvanada para que, al menos hasta cierto punto, parezca que se está recompensando el esfuerzo de sus trabajadores.

La cuestión es que no hay que rascar demasiado mentalmente para darse cuenta que la práctica totalidad de las mejoras recibidas anoche por los trabajadores de Domino's o de la empresa encargada de la recogida de basuras en Málaga van únicamente a las personas que conectaron de una forma u otra con su jefe infiltrado. ¿Va a dejar Domino's de contratar a gente con turnos escasos con los que resulta imposible sacarse un sueldo decente para poder vivir con cierta dignidad o van a cambiar de forma sustancial las desagradables condiciones de trabajo de aquellos que sustituirán a los que abandonan los puestos menos agradables de Limasa? Lo dudo mucho.

En 'El Jefe Infiltrado' se intenta --aunque sin conseguirlo-- que el espectador asocie esas pequeñas alegrías a la disposición de la empresa a hacer las cosas bien para así mejorar su imagen. De hecho, hasta se llegó a comentar en el segundo programa el duro varapalo que estaba recibiendo Limasa por los despidos que había tenido que ejecutar. Además, también se ha echado mano de jefes amables que puedan simpatizar mucho más con los problemas del pequeño grupo de trabajadores seleccionado.

Eso no es algo que encaje demasiado con la realidad de las cosas y en 'El Jefe Infiltrado' quieren que dejemos eso de lado a cambio de simpáticos pequeños detalles --me encantó lo del sobrenombre de 'Veterano con ilusión' para uno de los currantes de Domino's--, la fantasía que nuestro jefe es igual que nosotros y la emoción que arranca de personas normales que no terminan de entender qué han hecho para merecer algo así, llegando a comentar en un caso que él simplemente se había limitado a hacer su trabajo. Caridad enmascarada con la forma de magia televisiva.

La inesperada naturalidad de 'El Jefe Infiltrado'

Ya con dos programas estuve a punto de cansarme de forma definitiva del formato de 'El Jefe Infiltrado', pero lo que sí valoro mucho en lo que pude ver ayer es que, salvo contadas excepciones --la risa del gerente de Domino's cuando el jefe desvela su auténtica identidad--, realmente me quedó la sensación de que lo que estaba pasando eran reacciones reales de todos los implicados, tanto de los dos jefes como de los trabajadores que están evaluando. Hubo algún detalle de montaje --entrar de lleno al momento álgido de alguna conversación-- que jugaba en su contra, pero, en líneas generales, esa es una de sus grandes fortalezas.

Tengo que reconocer que aún no estoy convencido de lo que me parece que la voz en off sea la misma que la utilizada en 'Pesadilla en la cocina', pero cumple correctamente con su cometido, al igual que otras soluciones de montaje como alguna canción utilizada --no sé si mi oído me habrá traicionado, pero juraría haber escuchado un tema de la banda sonora de 'Friday Night Lights' en los tramos finales de los dos programas que le sentaba genial a 'El Jefe Infiltrado'-- o el hecho de no haber dejado de lado alguna situación comprometedora para los jefes --el de Limasa quedándose dormido en el camión de recogida de basura-- o las reacciones más negativas de los trabajadores al descubrir el pastel --esa mezcla de valentía y estupidez del repartidor de Domino's--.

Todo lo dicho en los dos últimos párrafos hace que lo que podría ser una absoluta pérdida de tiempo e insultante por los valores que utiliza se convierta en un producto televisivo no del todo despreciable dentro de la monotonía a la que está condenado --seguro que habrá a quien ya se lo haya parecido con ver una sola entrega--. Con todo, su propuesta está muy lejos de haberme convencido lo suficiente como para continuar mi visionado más allá de esta primera tentativa. No es para mí.

En ¡Vaya Tele! | 'El jefe infiltrado' arranca en laSexta el próximo jueves

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