México ha decidido mover ficha en un momento clave para la industria audiovisual: con la aprobación de la nueva Ley de Cine por parte de la Cámara de Diputados, el país da un paso claro para proteger su producción local frente al dominio de Hollywood y el avance imparable de la inteligencia artificial.
Uno de los puntos que más ruido ha generado es el artículo 29, que finalmente ha salido adelante y deja claro que el doblaje solo podrá ser realizado por personas. En un contexto en el que la IA empieza a colarse en todos los procesos creativos, esta medida busca poner un límite muy concreto, lo que también refuerza la protección de los actores, ya que prohíbe el uso de sus voces sin consentimiento, algo que preocupaba especialmente en un momento en el que replicar una voz o una imagen con tecnología es cada vez más fácil.
Pero la reforma no se queda ahí: también entra de lleno en uno de los grandes problemas del cine mexicano: su visibilidad en salas. A partir de ahora, las películas nacionales deberán mantenerse en cartelera al menos dos semanas, algo que busca evitar que desaparezcan a los pocos días por falta de espacio frente a grandes estrenos internacionales.
Además, se exige que los horarios sean equitativos, lo que en la práctica significa que no podrán relegarse sistemáticamente a las peores franjas de horas de exhibición.
Por más tiempo y en más salas
@bctneus MÉXICO I La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la Ley de Cine y Audiovisual impulsada por Claudia Sheinbaum, que busca fortalecer la industria, ampliar la exhibición en salas y regular plataformas digitales.
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La ley también fija una cuota mínima de pantalla que marca un antes y un después: el cine mexicano tendrá que ocupar al menos un 10% de las funciones en salas, lo que se traduce en que, por cada 100 proyecciones, al menos 10 deberán ser de producción local. Es una medida que recuerda a políticas similares en otros países que han intentado proteger su industria cultural frente a gigantes globales.
Todo esto llega en un momento en el que la conversación sobre el futuro del cine está más viva que nunca. Con plataformas, algoritmos y nuevas tecnologías que están cambiando las reglas del juego, México ha optado por intervenir antes de que el desequilibrio sea mayor y ahora la intención es clara: dar aire a los creadores locales y garantizar que sus historias no queden enterradas bajo el peso de las superproducciones.
Un proyecto que replica a la industria europea
Aunque pueda parecer una medida nueva, lo cierto es que este tipo de regulación es bastante habitual en países europeos como Francia o España, donde llevan décadas protegiendo su cine con cuotas de pantalla y obligaciones similares. En el caso francés, el sistema no solo se exige presencia de cine nacional en salas, sino que también se reinvierte parte de los ingresos del propio sector en financiar nuevas producciones. El resultado es que, para el país, sea una de las industrias cinematográficas más fuertes de Europa, capaz de competir con Hollywood sin perder identidad.
En España, el modelo también ha seguido esa línea, aunque con resultados más irregulares. Existen cuotas para fomentar el cine europeo y nacional, tanto en salas como en plataformas, y ayudas públicas que buscan impulsar la producción local.
En el fondo, la medida refleja algo más amplio que una simple regulación: es una forma de reivindicar el valor del cine hecho en casa, de asegurar que tenga espacio y de poner ciertos límites en un mercado cada vez más competitivo.
Fotos de Wikimedia | Cineteca Nacional
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