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Mis secuencias mágicas de cine: Charlot cantando en 'Tiempos modernos'

Mis secuencias mágicas de cine: Charlot cantando en 'Tiempos modernos'
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En la biografía novelada ‘Yo, Fatty‘, el propio ‘Fatty’ Arbuckle al referirse a Charles Chaplin lo hace siempre como ese pequeño cómico inglés de gran talento, que le impresionaba por la cantidad de veces que ensayaba hasta tener perfecta sus secuencias. Y es que era un perfeccionista. Cuando Chaplin se metió de lleno en la realización de películas, el tiempo de preproducción, rodaje y montaje del mismo le llevaba bastante tiempo, algo fácil de entender cuando era creador absoluto de todo lo que tuviese que ver con su película. Y como también era productor, sabía jugar con ese tiempo de espera de una manera tan beneficiosa, como para despertar ansiedad entre sus seguidores de cara a un nuevo estreno.

Tiempos Modernos‘ es de 1936, y cuantos la han calificado de crítica social sobre el sueño americano, no es más que un canto al optimismo frente a los duros momentos de la época. En realidad, con el auge del sonoro, lo que quería Chaplin era rendirle un homenaje sentido a su gran creación, a ese Charlot que nunca dijo una palabra en pantalla, y que pese a las penurias siempre trataba de salir adelante con alegría. Representaba, y eso lo llevaba el propio Chaplin sobre sus espaldas, la ilusión del hombre bueno y con un corazón noble que siempre se reponía de las desgracias. Así que no es de extrañar, que con todo el tiempo que dedicaba a preparar sus películas, unido a su inmenso talento, ‘Tiempos modernos’ tengan tantas secuencias a destacar, empezando por la de la fábrica, la crisis del Charlot obrero, y ese viaje por las tripas del capitalismo que suponen su tránsito por los engranajes de la máquina…

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Sin embargo, si por algo destaca ‘Tiempos modernos’ es porque incluye la única escena en la que Charlot personaje habló en el cine, y hasta ahí Chaplin estuvo sobrado de talento. Siendo icono del cine mudo, cantó en vez de hablar, y no en inglés sino con palabras inventadas, incomprensibles, como si realmente diera igual que hablase o no, insinuando que el talento no dependía de la llegada del sonoro. Afirmación que encerraba muchísimas verdades.

En el filme se incluyeron algunos efectos sonoros como música, cantantes y voces provenientes de radios y altavoces, así como la sonorización de la actividad de las máquinas. Pese a eso, Chaplin se mantuvo fiel a la idea de que sus personajes y Charlot (recordemos que en realidad el personaje y más en concreto en esta película es The Tramp o El Vagabundo) no hablasen. La combinación puede resultar extraña, aunque por el contrario lo que consiguió fue gran expresividad de todos sus actores, todos sus movimientos están medidos al detalle.

De todas formas uno entiende que en realidad, tal como está estructurada la película, con esa introducción tan particular del sonoro y el hecho de que sus personajes estén mudos, que el objetivo real de Chaplin es ir preparando el camino, y para que los espectadores vayamos haciéndonos a la idea: en algún momento de ‘Tiempos modernos’ Charlot va a hablar. Que por fin, los millones de admiradores del personaje van a oír su voz. El acontecimiento, por único, sucede al final del film y con sorpresa.

Charlot trabaja de camarero en un restaurante, y es un desastre, aunque tiene la suficiente habilidad como para ser capaz de entretener a los clientes del establecimiento. Tiene que hacer un número de música, cantando una canción cuya letra no logra aprender. Para salir adelante, el personaje de Paulette Goddard le escribe en un nota la letra de la canción, que Charlot mete en la manga de su camisa, y cuando va empezar a cantar comprueba que la ha perdido, que su única solución consiste en improvisar la letra.

Y ahí Chaplin de nuevo arremete con su enorme talento, permitiendo poder escuchar brevemente su voz, cantando una versión de la canción de Léo Daniderff, Je cherche après Titine, pero con una letra sin sentido, conocida como “Charabia“, e inventada, cuyos sonidos tratan de asemejarse a una mezcla de francés e italiano, con alguna palabra reconocible en inglés. El público en el restaurante no entiende nada pero se divierten, y los espectadores al verlo se preguntan, ¿qué estará diciendo?, y también sonríen. La broma y crítica de Chaplin es fuerte, me imponen unas reglas, pero en realidad soy yo quien va a imponer sus reglas. ¿Queréis oír mi voz? Pues será a mi manera. Charlot le pertenece a él, y no habla, o para la única vez que lo hace, no se le entiende, lo que viene a ser lo mismo. Paga lo que de verdad se deseaba por la época de su estreno, ahí tenéis mi voz para que la escuchéis.

Tiempos modernos 2009
Durante la exposición que le dedicaron a Charles Chaplin el pasado año en el Forum de la Caixa, la secuencia anterior tenía una sala dedicada, con la letra de la canción superpuesta para entender lo que decía, las palabras sueltas unidas sin sentido, pero también existía otros momentos dedicados a esta película.

Es parte de su final, también universal, porque Chaplin lo que estaba haciendo era mostrarnos el adiós de Charlot, acompañado en el camino hacia el futuro que representa esa carretera hacia ninguna parte y que desconocemos lo que la misma les va a deparar. Lo hace con alegría, Charlot no podía acabar triste, no en vano a esta escena se la conoce como Smile, con Charlot tirando de ternura para conseguir que el personaje de Paulette Goddard saque a relucir una sonrisa en sus labios ante tanta mala suerte.

El plano final, con el punto de vista de la cámara desde detrás, viendo alejarse a los dos, es la marca de la casa de todos los trabajos de Chaplin con Charlot. La diferencia estriba en que esta vez Charlot no hace el viaje solo, que ahora tiene una compañera y piensa vivir una aventura con ella, pero que nosotros nunca sabremos cual será. Así quiso apartar Chaplin a su creación.

En 1936, con ‘Tiempos modernos’, Chaplin abandonó a su personaje en la cima, antes de que terceros avariciosos le dijesen que hacer con él, y pese a que quisieron que lo recuperase más tarde con ‘El gran dictador’, ya no era un vagabundo, sino un barbero. The Tramp no podía hablar, su mundo era el cine mudo, el cine sonoro debía pertenecer a nuevos personajes. Esa carretera, y el final que no se ve, es lo que piensa Chaplin de la nueva situación. No sabe que le va a deparar el futuro, pero se adentra en él, como crítica velada a una sociedad que no sabía como levantarse ante el duro despertar del sueño americano.

Otras secuencias mágicas, más cine especial e inolvidable.

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