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'Cuéntame un cuento', el lobo justiciero y los cerditos criminales
Series de ficción

'Cuéntame un cuento', el lobo justiciero y los cerditos criminales

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Creo que es evidente que las series de televisión españolas llevan ya un tiempo evolucionando hacia historias más del gusto del sector del público que no sentía especial interés hacia propuestas como 'Los Serrano'. Sin embargo, aún quedan muchos pasos que dar tanto para terminar de desterrar el cada vez más erróneo tópico asociado a las ficciones españolas y es por ello que la alegría debería ser la única reacción posible ante la llegada de una serie como 'Cuéntame un cuento'.

Muy promocionada por Antena 3, el canal de Atresmedia decidió apostar con fuerza por ella estrenándola en competición directa con 'Isabel' y 'La que se avecina' y la jugada no les ha salido tan bien como esperaban, pues se ha tenido que conformar con 2,7 millones de espectadores y un share del 14,5%. Unas cifras decepcionantes, sobre todo si tenemos en cuenta la calidad y el buen acabado de esta versión moderna de 'Los tres cerditos', la primera entrega de esta antología.

'Cuéntame un cuento', un paso adelante en la ficción española

Los tres cerditos de

La idea de crear una serie de televisión tomando como base cuentos infantiles tradicionales no es nueva, pero sí que está lo suficientemente inexplorada como para que 'Cuéntame un cuento' pueda verse como algo diferente no solamente como ficción española. Eso sí, poco importa que sea diferente si luego es una pérdida de tiempo más o menos pronunciada, idea que desaparece por completo gracias a su muy efectiva primera escena y unos títulos de crédito bastante llamativos y acordes al efecto que se busca transmitir.

Luego es innegable que a 'Los tres cerditos' le cuesta un poco arrancar -tanto en lo argumental como en lo referente a la puesta en escena y el acabado visual, pues todo ello resulta un tanto monótona durante sus primeros minutos-, pero es algo necesario para que entendamos bien las motivaciones del personaje interpretado por Víctor Clavijo, un hombre normal que acaba convirtiéndose en un moderno lobo feroz cuando la justicia no está a la altura de las circunstancias. Sin desmerecer la notable escena del atraco, es a partir de ahí cuando el episodio alcanza un nivel poco habitual en la ficción televisiva española.

Víctor Clavijo en

Poner las cartas encima de la mesa permite a Miguel Ángel Vivas, director de la excelente 'Secuestrados', echar toda la carne al asador y juguetear un poco con el look visual según las intenciones de cada secuencia. Cierto es que lo idóneo habría sido crear una atmósfera más agobiante, pero no se puede pedir milagros -no se puede pasar de poco a nada a todo de golpe, porque podría causar el rechazo del público- y lo que consigue Vivas realza de forma notable el conjunto y crea varias momentos de tensión para el recuerdo -el momento con el perro o el momento en el que el tercer cerdito aborda por sorpresa al protagonista en un restaurante-.

Además, el guión también funciona con inesperada precisión -no deja de ser un giro de tuerca a la ya mil veces vista historia del justiciero urbano buscando venganza-, ya que es cierto que redunda un poco más de lo debido en el hecho de ser la reinvención de un cuento, pero a cambio añade una nueva visión bastante estimulante que no huye de los detalles escabrosos y que evoluciona con coherencia y sin perder el tiempo en tramas pensadas para llegar a la mayor parte posible del público. De hecho, sería injusto olvidarnos del libreto al pensar en el buen ritmo que imprime al episodio Vivas, pues contaba para ello con un material de base más que respetable.

Por último, merece la pena destacar el buen trabajo de la práctica totalidad de todo su reparto, desde un Víctor Clavijo que es el que ha de mostrar una mayor evolución emocional -especialmente acertado cuando no sabe cómo reaccionar ante el hecho de que se ha convertido en el mismo tipo de “monstruo” que el que quería eliminar- hasta un Antonio Gil que lo borda con ese aire de amenaza tranquila que tiene el Chino. Del resto me quedo sobre todo con un Luis Zahera que consigue que un personaje que podría ser visto como un relleno innecesario se convierta en el pegamento esencial para que todo encaje y no haya que suspender la incredulidad más allá de lo debido.

Detalles a mejorar

Arturo Valls en

Dejando de lado el hecho de que su primer acto es meramente funcional -ojo, no digo que sea malo, pero sí le falta un poco más de garra-, hay un par de cosas que no terminaron de funcionar bien en este primer episodio. El más destacable es la machacona utilización de la voz en off para buscar una equivalencia con el narrador omnisciente de los cuentos. La idea en sí no es mala y funciona muy bien en la escena previa a los créditos, pero luego tiene demasiado protagonismo y la sensación que queda es que se está forzando más de la cuenta para fortalecer los vínculos con el cuento de los tres cerditos. Prefiero mil veces, aunque no sea demasiado sutil, otras soluciones como el tono del móvil del protagonista.

También tenía mucho miedo del hecho de que Arturo Valls diese vida a uno de los tres cerditos, ya que hace tiempo que me produce cierta sensación de rechazo y creía que su presencia me iba a sacar por completo de la historia. Por suerte, su rol es bastante secundario y funciona con bastante corrección como saco de golpes, pero la cosa se tuerce durante su pelea final con Clavijo, tanto por alguna reacción gestual suya -esa cara tras chocar contra un espejo- como por un montaje decepcionante que quita emoción al asunto. Llama la atención que sea el único momento en el que eso sucede.

Detalles menores que tampoco manchan tanto el resultado final como para no recomendar encarecidamente su visionado. Este es el camino a seguir si queremos que llegue el momento en el que estemos deseando que llegue el estreno de una serie de televisión española y no que sintamos como mucho dubitativa curiosidad.

En ¡Vaya Tele! | 'Cuéntame un cuento', lo que necesitas saber

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