Compartir
Publicidad

Cine y polémica: 'Battle Royale'

Cine y polémica: 'Battle Royale'
Guardar
45 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Todo el mundo tiene motivos para matar

-Mitsuko Souma

Suena el “Réquiem” de Giusseppe Verdi mientras una voz en off desgrana datos que nos describen una sociedad sumida en la violencia y la destrucción al comienzo del nuevo milenio. De ahí pasamos a lo que parecen ser imágenes de una especie de “reality” sangriento y brutal. En medio del caos, las cámaras enfocan a una niña empapada en sangre agarrada a un peluche que sonríe siniestramente a cámara: es la ganadora del programa. El nombre del mismo: ‘Battle Royale’.

El año 2000 amaneció con una furiosa película japonesa que bebe de la estética manga con avidez; no es difícil encontrar rastros en ella de ‘Aula a la deriva’, de Kazuo Umezu, o ‘20th Century boys’, de Naoki Urasawa, así como de sangrientos videojuegos de lucha como el mítico ‘Tekken’. La película hace del salvajismo su bandera y escandalizó a no pocos espectadores en su día. Sin ir más lejos, las deserciones en el cine en que la estrenaron fueron múltiples —recuerdo especialmente a un señor trajeado que abandonó la sala entre gritos de indignación—. Me pregunto yo qué esperaba la gente de un film en el que se anunciaba ya desde el cartel la lucha a muerte de 42 tiernos adolescentes en una isla desierta. ¿Una comedia romántica? La película favorita de Tarantino en los últimos 25 años creó un encendido debate sobre los límites de la representación cinematográfica. Pasada ya una década desde su estreno, veamos si había para tanto.

Lo primero que sorprende es encontrarnos al frente del film a un septuagenario Kinji Fukasaku, director, entre otras, del clásico de cine bélico ‘¡Tora, tora, tora!’ —eso sí, a medias con Richard Fleischer— en el ya lejano año de 1970. El bueno de Kinji dirigió posteriormente una extraña y ultraviolenta película a caballo entre el documental y la ficción, ‘Battle without honor and humanity’ y que daría lugar a una serie de películas sobre la Yakuza, la mafia japonesa. De ahí pasó a realizar diversos films enmarcados en la ciencia-ficción, por lo que su elección como director de ‘Battle Royale’ comienza a tener sentido. Aún así, maravilla el juvenil pulso narrativo demostrado por el anciano realizador. ¿Os imagináis a un, pongamos, Vicente Aranda realizando un film similar en nuestro país? Sí, Japón es diferente.

‘Battle Royale’ se basa en un best-seller escrito por Koushun Takami. El éxito del mismo daría lugar a la película homónima, una secuela, un manga y hasta un juego online. Su argumento nos sumerge en un futuro distópico en la línea pesimista de clásicos como ‘1984’ (George Orwell) o ‘Un mundo feliz’ (Aldous Huxley). La violencia en las escuelas, las agresiones sin fin al profesorado y la absoluta falta de respeto a los mayores —algo mucho más llamativo en una sociedad como la japonesa—, llevan a un gobierno desbordado a tomar una drástica y —por qué no decirlo— completamente lunática medida: la ley “Battle Royale”. Cada año, se elegirá por sorteo un aula de un instituto cualquiera del país —se da por sentado que todos los centros han llegado a un mismo grado de anarquía— que entrará a formar parte de un brutal juego de supervivencia. El elegido es el que tiene como tutor a un tal Kitano.

Una de las características que más llama la atención al público occidental a la hora de enfrentarse con cine asiático es la alegría con la que mezclan géneros dispares. Y ‘Battle Royale’ no es una excepción; a lo largo de su metraje pasaremos de una suerte de survival horror al melodrama más desatado, todo ello trufado, eso sí, de un humor negro que no abandonará a la película en ningún momento. El argumento del film le debe mucho a los videojuegos: tres días de juego, sólo puede haber un superviviente. El objetivo: matar a todos los demás. A cada jugador se le suministra un arma específica y debe acatar una serie de reglas, como la que les prohíbe permanecer demasiado tiempo en la misma zona, so pena de que haga explosión un collar que llevan todos los participantes al cuello, detalle éste que la emparenta con, entre otras, una joya de la psicotronía como es ‘Peligrosamente unidos’ (‘Wedlock’, Lewis Teague, 1991). Hay otros elementos, como los inenarrables vídeos de instrucción, que recuerdan poderosamente a los de cierta iniciativa Dharma, que se visionaban también en una isla. ¿Os suena?

La juventud de los chicos y su conversión en psicópatas sedientos de sangre es el elemento más destacado de un film que trata de responder a la pregunta: ¿qué estarías dispuesto a hacer para seguir viviendo? La respuesta para la mayoría de ellos está clara: matar, matar y matar. Fukasaku disfruta jugando a la perversión de la inocencia y crea secuencias tan memorables como la del grupo de chicas que se refugia en un faro tras prometerse que no entrarán en el terrible juego. Minutos más tarde, la sangre cubre el suelo y las paredes. Por muy fuerte que pueda parecer el argumento, la violencia en el film está desacralizada: la repetición de la barbarie provoca insensibilidad y al imprimir a los asesinatos un mordaz humor, le resta dramatismo y es más asumible para el espectador las salvajadas del film, ejercicio del que tomará buena nota Matthew Vaughn para su Hit-girl en ‘Kick-Ass’. El tratamiento visual del film roza a veces el amateurismo —esas olas rompiendo contra las rocas, que parecen tomadas de la cabecera de Ízaro Films—, y por momentos parece que estemos viendo un paupérrimo film de acción de procedencia ignota. Por el contrario, otras escenas están rodadas con mano maestra —verbigracia, el enfrentamiento final con aires de spaguetti-western—.

Por otro lado, aunque el film peca en su desarrollo de cierto esquematismo y una repetición continuada de situaciones que no le hace ningún bien, el espíritu gamberro de una propuesta tan burra está realmente conseguido, las actuaciones de los jóvenes son más que convincentes y el humor sanguinario funciona como un mecanismo de relojería. Pero su capacidad para provocar, hoy en día, y con lo que ha llovido, ha caído en picado. Después de presenciar auténticos “realities” que superan en bajeza a la propuesta de Fukasaku o comprobar cómo el torture porn arrasa en las taquillas —éste, sin coartada humorística alguna—, la “rompedora” propuesta de ‘Battle Royale’ se queda en un buen divertimento de humor negro más convencional de lo que algunos quisieron ver. No hay que buscar sesudas parábolas sobre la violencia en nuestra sociedad, simplemente es una estupenda película de acción cafre. Lo que no es poco.

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos