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'Hulk', magistral película de aventuras

'Hulk', magistral película de aventuras
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Después del mal sabor de boca que me ha dejado el ‘Thor’ de Kenneth Branagh, necesitaba recuperar las impresionantes sensaciones que, en su momento, me había dejado otra adaptación de la Marvel, quizá la más bella de todas, la que en 2003 llevó a cabo el taiwanés Ang Lee, uno de los más grandes narradores que, a día de hoy, trabajan en la siempre difícil industria del entretenimiento norteamericano, que tantos talentos ha fagocitado, y en la que cada día es más arduo elaborar un cine de aventuras digno e inteligente, por no decir creativo y rico en ideas visuales. Allí donde otros fracasaron y fracasan a la hora de llevar a un personaje de cómic a la pantalla, Lee triunfa a golpe de talento, de inventiva, de pasión. Allí donde otros se pliegan a los deseos (siempre abstractos) de los seguidores del personaje, él se mantiene fiel sólo a sí mismo.

Echando un vistazo a la famosa página IMDb, me quedo alucinado al constatar que, de entre más de setenta y cinco mil votos, ‘Hulk’ arroja una nota media de un mísero 5.7… Definitivamente, como decía Ibsen, la mayoría nunca lleva la razón, porque ‘Hulk’ no solamente preludia, en muchos puntos, la obra maestra que será ‘Brokeback Mountain’ (id, 2005), también resume y amplía todo lo que este director ha dicho de los géneros norteamericanos, a los que él ha sabido renovar y dar nuevos aires con una mirada limpia y gozosa, de un amor por el cine y una reflexión de su oficio que ya quisieran directores más célebres. Aunque este ‘Hulk’ está considerado un fracaso (de manera absurda, pues recaudó en todo el mundo el doble de su elevado presupuesto) lo cierto es que representa el triunfo de la imaginación, del suspense, de la aventura definitiva.

Al parecer, la productora Gale Anne Hurd empezó a desarrollar el proyecto casi tres lustros antes de que viera la luz. Concretamente en 1990. Desde que empezaran los trabajos de redacción de los guiones y casting, hasta que, por fin, Ang Lee tomó las riendas de la película, se completaron numerosos borradores, de bastantes escritores diferentes, con distintas aproximaciones al anti-héroe, y algunos importantes directores interesados. Es decir, que el hecho de que fuera Ang Lee el que finalmente filmara esta joya, tiene mucho de azaroso, lo que algunos llamarían predestinado. Y es que Ang Lee se tomó muy en serio esta película, mucho más de lo que sus colaboradores esperaban, sabiendo que estaba filmando una tragedia griega que, de manera natural, se había corporeizado en la masa verde que es el protagonista de la historia, como moderno portador de las mitologías griegas y sus herederas. Supo capturar a la perfección el drama de Bruce Banner y construyó una pieza casi perfecta en la que forma y contenido son la misma cosa.

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Padres tiranos, hijos rotos y la memoria

Esta película se sitúa muy por encima de la media por tres razones básicas. Primero, porque tiene un guión formidable. Segundo, porque sus actores están dirigidos con mano maestra. Tercero, porque la puesta en escena de Ang Lee es siempre valiente y honesta, audaz y apasionante. Sorprende hasta qué punto es capaz Lee de entregar un material bastante distinto a lo que podría esperarse, con un coraje ilimitado, y aún así, permanecer muy fiel al espíritu de la historia original. Una historia, un carácter, en la que se fusionan los mitos de ‘King Kong’ (id, Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, 1933), ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ de Mary Shelley, ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ de Robert Louis Stevenson, ‘La bella y la bestia’, ‘Fausto’...Todo ello muy presente en la concepción de Lee del monstruo y de todo lo que le rodea, convirtiéndolo en una aventura avasalladora para un espectador del año 2003, en un raro equilibrio que sólo un gran artista es capaz de alcanzar.

Hulk, en sí mismo, es una insuperable parábola de la fragilidad convertida en violencia. Cuanto más daño le hacen, cuanto más le cabrean, más enorme, fuerte e indestructible se vuelve esta criatura, expresión profunda de los sentimientos atormentados del científico Banner, un hombre pacífico y de mente brillante que, cuando se cabrea a lo bestia, se transforma en todo lo contrario, una bestia con la que no se puede razonar. La elección de Eric Bana, siempre un actor solvente y creíble, me parece muy acertada. El australiano es el perfecto Banner, y en sus ojos (¡magistral dirección de actores de Lee!) puede verse todo lo que cuentan, lo que se irá desvelando progresivamente, acerca de su pasado, hasta su infancia. El modo en que Ang Lee, con la música más sugerente que ha escrito Danny Elfman para un superhéroe (y ha escrito unas cuantas…), va presentando los recuerdos fragmentados de Banner lo habría envidiado el Hitchcock más inspirado. Realmente asistimos a la reconstrucción de un pasado y al advenimiento de un presente predestinado.

Pero no solamente obtenemos un relato admirable sobre la memoria y el subconsciente. Las prolongadas set-pieces de acción son de lo mejor que ha dado el género de aventuras en la pasada década, muchas de ellas con la pantalla fragmentada a modo de cómic, lo que supuso un enorme esfuerzo en repetición de tomas y en el montaje de sonido. Pero el apartado técnico roza la perfección absoluta. No solamente el CGI, también la dirección artística y el uso de la cámara. Ang Lee, astuto como un zorro, no emplea casi música en los momentos de acción, algunos de ellos sobrecogedores, como la persecución por el desierto, la fuga de la base militar o el emocionante climax final en San Francisco. Pero jamás dejamos de ver al niño atormentado por esa mefistofélica figura del padre loco (un soberbio Nick Nolte, más desatado que nunca) que le cambió la vida por pura ambición. La identificación del espectador con el protagonista es absoluta: sentiremos en nuestras carnes cada estallido de furia, cada tormento psicológico, cada golpe y cada salto.

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Conclusión e imagen favorita

Con la siempre estimulante presencia de Jennifer Connelly (los ojos más bonitos del cine), con la excelente fotografía de Frederick Elmes (de un colorido y una luz realmente vibrantes), con una historia tan sencilla y, al mismo tiempo, tan compleja, dirigida al espectador menos complaciente y con mayor interés por un cine no predigerido ni de fácil visionado. Un filme profundamente existencialista que, además, es una soberbia película de aventuras. Mi imagen favorita es casi apocalíptico: la del monstruo luchando contra tanques y helicópteros en el desierto. La pura imagen de la soledad interior.

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