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Obras maestras según Blogdecine | 'El gran carnaval' de Billy Wilder

Obras maestras según Blogdecine | 'El gran carnaval' de Billy Wilder
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Billy Wilder es mi director favorito, pero soy perfectamente consciente de que hay no pocos directores con mayor talento para la puesta en escena que él. La cuestión es que a veces es muy complicado disociar este punto del hecho de que no conozco realizador alguno que nos haya regalado más grandes películas que Wilder --y tampoco un mayor número de obras maestras, pues él tiene cuatro en su haber--, pero en su caso se aplica mucho lo de que la importancia del guión puede llegar a desbordar al trabajo de dirección.

Charles Brackett e I.A.L. Diamond fueron los colaboradores más vitales del cine de Wilder, ya que el primero escribió junto a él la práctica totalidad de sus guiones hasta que decidieron seguir caminos separados tras la magistral 'El crepúsculo de los dioses' ('Sunset Blvd.', 1950), iniciándose así una breve etapa en la que Wilder fue alternando guionistas hasta que encontró en la excelente 'Ariane' ('Love in the Afternoon', 1957) a Diamond, con quien escribiría el resto de su filmografía. Sin embargo, la cinta que ahora nos interesa es 'El gran carnaval' ('Ace in the Hole', 1951), la primera obra de Wilder tras concluir su colaboración con Brackett y mi película favorita de todas las que rodó el director austriaco, siendo ese el motivo de su inclusión en este especial.

'El gran carnaval', un Wilder diferente

La tumba de Billy Wilder

Wilder nunca fue un director que se caracterizase por preocuparse mucho del aspecto formal de su cine más allá de la necesidad de que sus historias fluyesen con naturalidad, utilizando la cámara de una forma tan sencilla como elegante y evitando romper con las normas comúnmente aceptadas --pero aprovechándose de ellas al máximo--. Esto no es algo para nada negativo, pero sí que deja claro que “ni siquiera” logró superar en este aspecto al gran Ernst Lubitsch, para quien escribió varios largometrajes antes de probar fortuna él mismo como director, donde prácticamente siempre priorizó el trabajo de sus actores sacando todo el jugo posible a sus maravillosos guiones --ahí sí que creo que nadie ha conseguido nunca estar al nivel de Wilder--, quedando él en un efectivo e intachable segundo plano incluso cuando su trabajo de puesta en escena resultaba vital para que todo encajase en su lugar.

'El gran carnaval' se aleja un tanto de esa característica habitual de su cine, tanto por las peculiaridades de la propia película --ya entraremos más adelante en ellas-- como quizá por la necesidad de Wilder de probar con algo distinto en esta nueva etapa iniciada tras una discusión personal con Brackett que finiquitó su relación profesional --el segundo quiso retomarla tiempo después, pero fue ya demasiado tarde--. Especialmente destacable es el plano final, un alarde técnico impropio de Wilder en el que la mera ubicación de la cámara nos prepara para lo que está a punto de suceder, quedando todo rematado por el poderoso primer plano que cierra la película. Sin embargo, hay más detalles formales refrescantes, tanto por el uso de las luces y sombras en determinadas escenas como en la notable sincronía entre forma y contenido de diversas escenas --el plano del protagonista y el sheriff tras haber resuelto sus diferencias--. Son detalles menos llamativos, pero que añaden riqueza al resultado final.

Una crítica demoledora

Escena de

Otro detalle que llama la atención es que Wilder siempre demostró una clara debilidad a intentar que el público pudiera conectar con el protagonista --o uno de ellos-- por muy ruines o amorales que pudieran ser sus acciones, pero en 'El gran carnaval' prescindió de ello para ofrecer un retrato despiadado y sin concesiones de Chuck Tatum y el resto de personajes que deciden sumarse a su farsa para recuperar la gloria perdida. De hecho, los pocos seres honrados que aparecen a lo largo de su metraje ven muy reducida su presencia en pantalla y eso que uno de ellos es el pobre hombre --impecable Richard Benedict en un papel mucho más complicado de lo que podría parecer-- que ha quedado atrapado en una cueva. Y es que lo que le interesa a Wilder es ofrecer una visión demoledora del morbo, tanto de los medios de comunicación para vender más periódicos como de un público aborregado que carece de cualquier tipo de pensamiento crítico y que ve en ello el gran entretenimiento de esa semana.

Son varios los personajes que utiliza Wilder para ir mostrándonos los diferentes grados de degradación moral del ser humano en un caso así --y los múltiples motivos que se puedan tener para ello, desde la mera curiosidad hasta la ambición política--, incidiendo más frontalmente en la esposa de la víctima a la que da vida una estupenda Jan Sterling --espléndida su línea de diálogo referida a sus motivos para no ir a la iglesia-- y de forma más solapada y lenta en el tiempo con el fotógrafo idealista que acompaña a nuestro protagonista. Todo con un verismo impresionante que se mantiene plenamente vigente a día de hoy, algo a lo que seguramente ayudó lo suyo la participación en el guión del antiguo periodista Lesser Samuels, el enorme set de rodaje que se construyó y la referencia de dos casos reales --uno de ellos es mencionado de forma directa por parte de Tatum-- que se tomaron muy en cuenta para la construcción de la historia.

Por desgracia, el público no estaba preparado para una cinta tan directa y avasalladora como 'El gran carnaval' y acabó convirtiéndose en el primer fracaso comercial de la carrera de Wilder, algo que motivó que su productor decidiera relanzarla con el título de 'The Big Carnival', que es de donde sale su nombre español y no de la muy habitual inventiva de los últimos años, con escasa fortuna. Una obra maestra que no tuvo suerte, pero que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo más y más prestigio, estando muy por encima de otras producciones más actuales que no son más que remakes incofesos --'Mad City' (Costa-Gavras, 1997) o 'La chispa de la vida' (Álex de la Iglesia, 2011)-- de la cinta que ahora nos ocupa. También es verdad que es imposible mejorar lo que prácticamente no tiene fallo alguno.

El carisma y el talento de Kirk Douglas

Kirk Douglas protagoniza

Me llama mucho la atención que Kirk Douglas estrenase la notable 'Brigada 51' ('Detective Story', William Wyler) también en 1951, donde interpretaba a un personaje que guarda ciertas semejanzas con Tatum, pero donde su lado más honorable destacaba por encima de los demonios personales con los que tenía que luchar. Una forma de luchar contra el previsible rechazo del público con el que iba a tener que lidiar en 'El gran carnaval', donde no solamente demuestra su prodigioso arsenal dramático --magníficos todos sus careos con la pobre víctima y toda la parte final--, pero también un carisma aplastante que logra fascinarte hasta tal punto que uno incluso llega a olvidarse por momentos de su censurable actitud, algo que tampoco debería extrañarnos, pues nos embauca a nosotros de la misma forma que al resto de personajes.

También se agradece mucho que Douglas tampoco quiera redimir parcialmente con su actuación a Tatum, sino que abraza con alegría el gran papel que tenía entre manos para dar en el clavo mostrando todos los estadios emocionales por los que va pasando con una facilidad que para si quisiera cualquier actor que haya nacido durante los últimos 50 o 60 años. Además, tampoco cae en ningún exceso innecesario, algo a lo que prestan varios momentos --el arrebato de pura frustración tras estar ya un año trabajo en un periódico de mala muerte--. Una interpretación sencillamente perfecta.

En definitiva, una película valiente, una obra fascinante y, ante todo, una obra maestra indiscutible.

Obras maestras según Blogdecine:

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