El cine de superhéroes no pasa por su mejor momento. Por un lado, Marvel lo ha apostado todo a que 'Vengadores: Doomsday' le va a permitir recuperar el favor del público. Por otro, la nueva DC de James Gunn no empezó para nada con mal pie con 'Superman', pero justo es destacar también que la película protagonizada por David Corenswet tampoco es que arrasara en taquilla.
La segunda etapa cinematográfica de la nueva DC es 'Supergirl', otra gran apuesta de Warner cuyo presupuesto se estima en 175 millones de dólares, a lo que hay que sumar también el gasto que el estudio haya hecho en la campaña promocional. Hace falta recaudar mucho dinero para que esa inversión sea rentable, y no tengo para nada claro que lo vaya a conseguir. Y tampoco que se lo merezca, ya que no pasa de ser un pasatiempo correcto en el que los únicos que realmente sobresalen son Milly Alcock y Jason Momoa.
Volando bajo
'Supergirl' no quiere ser una simple versión femenina de 'Superman', por lo que desde el primer momento se hace mucho hincapié en las diferencias entre los personajes interpretados por Alcock y Corenswet. Eso sí, los flashbacks para indagar en los orígenes de la protagonista no están introducidos con demasiada fortuna en la película, por no hablar de que Craig Gillespie no termina de dar con la forma adecuada de que no haya una ruptura extraña en el tono con el resto de la función.
Dicho esto, ese detalle podría pasarse por algo si todo lo demás fluyese tan bien como en la extraordinaria película de Gunn, pero aquí estamos ante otro ejemplo más de una aventura que engancha en su arranque pero luego va perdiendo gas y al final tampoco te importa demasiado lo que pase. Y es una pena, porque ingredientes sí había para hacer una película bastante más memorable.
Una cosa que hace muy bien 'Supergirl' es cómo recupera durante el primer acto todo lo que el personaje de Alcock había dado a entender en su breve aparición en 'Superman': una superheroína atípica que busca refugiarse en otros lugares donde el alcohol sí que le afecta para así nublar su mente dentro de lo posible y escapar de su doloroso pasado. Todo ello combinado con una actitud muy característica donde el único espacio que parece tener para el amor es hacia su perro Krypto.
Sin embargo, una película no puede valerse de eso para construir una auténtica aventura, ya que llega un punto en el que simplemente no te creerías nada. Es ahí donde entra en escena la trama de una venganza en la que Supergirl se ve envuelta contra su voluntad. Eso sí, el guion de Ana Nogueira acierta de lleno en la motivación que elige para que hasta el público quiera que pateen el culo al gran villano de la función.
Lo que falla es que el malvado de la película resulta bastante soso. Sí es que por esa vía donde 'Supergirl' coquetea con el mundo de Mad Max, alejándose así aún más del enfoque que Gunn proponía en 'Superman', pero el Krem de Matthias Schoenaerts recuerda mucho a algunos villanos aleatorios de Marvel de los que te olvidabas casi nada más salir del cine. Y la película de Gillespie empieza a resentirse por ahí.
Al final, un buen enemigo es clave en este tipo de películas, pues hace que las limitaciones de la otra cada de la moneda resulten menos evidentes. Y aquí puede que intenten vendernos a Supergirl un poco al estilo de una antiheroína, pero no se hace un gran trabajo por ese lado y lo que queda al final es una actriz muy dispuesta a jugar, pero con un material que no la permita brillar a ella y tampoco a lo que le rodea, siendo Momoa el que sale mejor parado, algo que él mismo agradece pasándoselo en grande. Eso sí, pasa algo curioso, pues tiene una presencia demasiado reducida y al mismo tiempo parece metido un poco con calzador.
Eso es algo que también se percibe en el apartado visual, pues sí que se nota que se han gastado mucho dinero, pero no que lo hayan articulado de una forma que realmente deslumbre al espectador. Aquí puede que no haya cosas muy cantosas como en algunas producciones de Marvel, pero tampoco hay una mente detrás que realmente articule un espectáculo de primera. Por ahí se nota mucho el intento de querer jugar a algo parecido a Gunn sin tener la claridad de ideas necesaria para ello, y lo que queda sabe más a sucedáneo que a otra cosa.
Todo eso lleva a que 'Supergirl' se sienta como una oportunidad perdida, pues sí que es claramente superior a la anterior película en solitario del personaje protagonizada por Helen Slater en 1984, pero es que eso ni tan siquiera llegaba a ser el mínimo exigible. Lo que queda funciona como entretenimiento de bajos vuelos, pero DC necesitaba terminar de despegar y aquí, en el mejor de los casos, se ha quedado a medias.
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