“Tiene una novia guapa y un coche bonito. ¿Cuál es su problema?”. Hace 45 años los ejecutivos no entendían qué hacer con esta película romántica, pero se convirtió en un clásico

“Tiene una novia guapa y un coche bonito. ¿Cuál es su problema?”. Hace 45 años los ejecutivos no entendían qué hacer con esta película romántica, pero se convirtió en un clásico

Un clásico que puso celoso a Kubrick y que nos recuerda el valor de intentar hurgar en aquello que nos parece incómodo

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Modern Romance 1981 Albert Brooks
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Pedro Gallego

Editor

Hollywood está más resultadista que nunca y se nota en el tipo de blockbusters que se aprueban y se producen, la mayoría marcados por pautas convencionales y a menudo ausentes de intención y riesgo. Esto no es casual, es producto de estar testando continuamente sus películas con ánimo de identificar esos factores de riesgo, eliminarlos, y dar algo bien delimitado hasta el punto de no ofender a nadie, aunque tampoco conmoverlo.

Es la clase de pensamiento que nos privaría de atrevimientos en el cine grande como los que acaban de dominar los Oscars (de ‘Los pecadores’ a ‘Una batalla tras otra’) y que ha dejado de lado géneros como el cine romántico o la comedia por no ser certezas a nivel internacional. La búsqueda constante de lo seguro evita encontrar algo genuino. Algo que marca a un clásico como ‘Modern Romance’ tanto en su historia interna como en su producción.

El amor y sus bucles tóxicos

Albert Brooks consiguió un hito especial en la comedia romántica, creando un clásico de culto que ha sido admirado a lo largo de los años por gente como Stanley Kubrick, que charló con el director para explicarle que había hecho la película que siempre había decidido hacer sobre los celos (casualidad, acabó haciendo otra obra genial al respecto con ‘Eyes Wide Shut’). Una historia de egoísmos, posesión e inseguridad de un editor de cine que se encierra en un bucle de rupturas y reconciliación con una atractiva mujer porque sigue espantado ante la posibilidad de dejar morir su relación.

Una historia con cualidades que florecen completamente de un protagonista que interpreta el propio Brooks, y que quiere llevar a sus extremos más tóxicos sin dejar de hacerlo gracioso. Una combinación que es complicada de vender, y de hecho casi le cuesta disgustos con su estudio. El cineasta y cómico charló con Letterboxd para recordar la película en su 45 aniversario, detallando cómo las reacciones del público en pases de prueba le llevaban a exigencias de arreglos que él no concebía como necesarios.

Uno, claro, es la cualidad irritante de su protagonista. Una de las quejas del público de prueba rezaba “Tiene una novia guapa y un coche bonito. ¿Cuál es su problema?”, algo que en el estudio interpretaron como necesidad de incluir una escena con un psiquiatra que explicase el problema. Brooks se negaba a incluir algo que le parecía inverosímil y rompía la magia de la película, que residía justo en el bucle de obsesión e insatisfacción a la que conduce una relación tóxica.

‘Modern Romance’: sin miedo a la incomodidad

Modern Romance 1981

Como era 1981, aún podía salirse con la suya. “Mis películas tuvieron éxito. No costaron mucho. Nunca recaudé 500 millones de dólares en taquilla. Así que, en realidad, no jugaba a ese juego, y nadie que me contratara esperaba eso, aunque quizá lo hubieran deseado”. Brooks contaba con la confianza de un sistema que seguía encontrando valor en el cine medio y de autor, aunque eso se fue dinamitando con el tiempo y la mayor importancia del blockbuster multimillonario.

Películas que buscan la clase de satisfacción inmediata que Brooks no tenía realmente interés en proporcionar, porque consideraba que en la incomodidad se podía desgranar interesantes reflexiones sobre lo humano y lo que hemos establecido como cotidiano. Y era capaz de jugar su capacidad para resultar neurótico e irritante en el espectador para comunicarlo, además de darle humor de maneras inesperadas.

Es lo que mantiene a ‘Modern Romance’ como uno de sus múltiples clásicos imperecederos. Una película que es capaz de observar teóricamente el amor, pero sin dejar de estar presente en la historia de sus personajes. Introduciendo también ciertas pinceladas de la industria cinematográfica consigue un artefacto único en su especie que todavía merece ser rescatado y venerado.

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