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Hay que matar los 80: ocho grandes razones para acabar con la nostalgia en cine y televisión
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Hay que matar los 80: ocho grandes razones para acabar con la nostalgia en cine y televisión

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'Ready Player One' ha vuelto a poner el tema de la nostalgia sobre la mesa. Un negocio que mueve millones, desde explotaciones más o menos sutiles como 'Stranger Things' o 'It' hasta aparatosos álbums de cromos como la película de Spielberg. Está claro que, a base de acumular guiños que no dejan magdalenas proustianas sin evocar, aludir a la infancia de los treintañeros (y más) es la opción creativa más lucrativa del momento.

Pero... ¿merecen los ochenta que volvamos a ellos una y otra vez? Todos estamos de acuerdo: 'Regreso al futuro' es impepinable, y la Nocilla un tesoro nacional. Y la infancia de cada uno es la mejor infancia del mundo, que para eso es suya y de nadie más. Pero... ¿realmente los ochenta son el acabóse de la cultura pop? Nosotros no tenemos la respuesta, entre otras cosas porque diez años dan para mucho y juzgarlos de un plumazo es una insensatez. Pero ante tanta euforia, venimos a lo Gargamel, con la bajona y el recuerdo chungo.

Lo que sí podemos hacer, para compensar tanta fiebre por los ochenta sin sentido crítico, es recordar 8 inmundicias del cine y la televisión de la época, aquellas que no vas a ver ni siquiera en las escenas eliminadas de 'Ready Player One'. Desde fenómenos y modas a películas de éxito y flores de un día que tu memoria piadosamente ha dejado que se disipen en las brumas del pasado. Bienvenidos a la Década de los Horrores, del aerobic, de 'Lady in Red' y de 'Flashdance'.

Las sitcoms

La década se abrió y se cerró con dos obras maestras: una de las sitcoms que configuró el género tal y como lo conocemos hoy, 'Cheers' (desde 1982) y la que lo aniquiló para siempre, 'Seinfeld' (desde 1989). Pero entre medias, la cosa se puso convencional, conservadora, repetitiva y estéticamente intolerable, con éxitos del calibre de 'La hora de Bill Cosby', 'Padres forzosos', 'Webster', 'Punky Brewster', 'Arnold' o 'Los problemas crecen'. O ya en términos más hardcore, horrores del averno como 'Un robot en casa'

Claro, que aún quedaba mucho que sufrir, pese a la devastadora labora de limpieza de 'Seinfeld', aunque los ochenta nos brindaran maravillas como 'Las chicas de oro' o 'Roseanne'. 'Cosas de casa' y 'Salvados por la campana' arrancaron en 1989, sin ir más lejos. No, si los noventa tampoco se salvan.

La ley Miró

Pilarmiro

En 1982, Pilar Miró era nombrada Directora General de Cinematografía y con la ley que aprobó poco después definió un tipo de cine y configuró una industria que marcó el cine español en los ochenta y casi desde entonces. Es cierto, renovó una serie de estructuras obsoletas del franquismo (abolición de la censura política, creación del ICAA, establecimiento de las salas X...) pero también se cargó el cine de género, el más taquillero y que mantenía a flote la industria. Dio una estocada de muerte a la carrera de directores como Jesús Franco, que siempre tuvo palabras agrias para ella.

Su ley establecía subvenciones de hasta un 50% del presupuesto de los films para financiar producciones con cargo a un Fondo de Protección. Se valoraban para ello películas de nuevos realizadores y experimentales, es decir, fuera el cine comercial, la comedia popular, el terror sexy y demás estilos considerados poco artísticos. Se daba dinero a películas que aún no habían comenzado a rodarse, lo que llevó a los productores a desentenderse del impacto en taquilla, a dejar de pensar en el público y, a medio plazo, a que se inflaran los sueldos y a favorecer el partidismo y el amiguismo. La acumulación de subvenciones permitía la financiación sin acudir a capital privado, lo que infló los presupuestos de forma tóxica, dando pie a un modelo del que se tardó décadas en salir.

Los dibujos animados de sábado por la mañana

Los Saturday morning cartoons es el término con el que se conoció a los dibujos animados de producción norteamericana (aunque a menudo para reducir costes se recurría a estudios coreanos y japoneses que aceleraran la producción) que se extendieron como una plaga por todas las televisiones de aquel país gracias a la sindicación. La televisión por cable y la rentabilidad de la emisión de deportes en la misma franja horaria acabaría con ellos ya entrados los noventa, pero no sin que dejaran una huella indeleble en la cultura pop de la década, a menudo adaptando franquicias jugueteras o nacidas en películas de éxito.

Conoces muchas de estas series, porque pronto se verían en todo el mundo: de 'Las Tortugas Ninja' a 'Los auténticos Cazafantasmas' (o los de Filmation del mono con corbata), pasando por 'GI Joe' o los 'Masters del Universo'. Pero si esos ejemplos ya te parecen flojos, repetitivos y desganados, espera a sumirte en los abismos de los sábados in the morning: la asquerosa 'Rambo: La fuerza de la libertad', la intolerable 'Rubik, el cubo mágico', la espectacularmente infecta 'Rock 'n Wrestling', protagonizada por Hulk Hogan, o la demoledora 'Chuck Norris: Karate Kommandos'. Ni el más cerril fanatismo por la EGB arregla esto.

Las rebabas del éxito de Spielberg

Por supuesto que Spielberg es el más grande. Por supuesto que nos legó, vía sus propias películas o produciéndolas a través de Amblin, algunos de los más maravillosos entretenimientos de la década. Pero el explosivo éxito de muchas de ellas, en muchos casos cambiando la industria del entretenimiento para siempre, tuvieron sus efectos no deseados. Para empezar, el propio Spielberg rubricó algunos espantos inexcusables. Ese abismo que es 'Hook' es de 1991, pero ya tomaba carrerilla en 'Always', la peor película de toda su filmografía, de 1989.

Pero hay más, claro, porque Amblin no solo produjo joyas. ¿Te has olvidado de la decrépita 'Mi padre'? ¿De 'Bigfoot y los Henderson'? ¿De 'Nuestros maravillosos aliados' -tercera edad y extraterrestres, cómo puede fallar eso-? ¿De 'En busca del Valle Encantado' y sus catorce secuelas -cuéntalas, catorce-? Y ya fuera de la égida oficial de Spielberg, ¿qué tal todos los plagios que desataron sus éxitos? ¿Qué es más lamentable, 'Mi amigo Mac', 'Nukie' o la película porno brasileña de ET? ¿Y la avalancha de tiburones, orcas y focas asesinas de saldo que desató 'Tiburón'? ¿Cuál de todas las copias casposas de Indiana Jones da más asco? ¿Y los que intentaban imitar el tono y el estilo de Amblin, y así nos lucía el pelo? ¿'Cortocircuito'? ¿'El vuelo del navegante'? ¡Grandes momentos lamentables de nuestras vidas!

Los Goonies

Es una producción de Spielberg, pero merece comentario aparte, porque ni el fabuloso tema principal de Cyndi Lauper consigue lavar el recuerdo de una de las películas más flojas de todas las que han sido encumbradas injustamente por la nostalgia de los ochenta. Estéticamente antipática, rodada con dignidad pero sin nervio y con uno de los guiones más endebles del cine de aventuras de los ochenta, palidece al lado de películas de tropelías juveniles mucho más solidas y menos mitificadas como 'El secreto de la pirámide' o 'Exploradores'.

Es el ejemplo perfecto de todo el mal que ha hecho la Generación EGB encumbrando éxitos de los ochenta a discreción. Y sí, por supuesto que Sloth es estupendo. Sloth estaría bien hasta en una película de Kirk Cameron. Pero no, no salva a esa ridícula parte final de toboganes, chapuzones y cuevas que dio carta de legitimidad a una ecuación horrible: aventura es igual a gente gritando.

Los Aurones

Después de un arranque de década glorioso, con programas merecidamente legendarios como 'La bola de cristal', 'El planeta imaginario' o, mismamente, la versión española de 'Barrio Sésamo', y tras series de animación de éxito internacional como 'Dartacán', 'Fútbol en acción', 'La vuelta al mundo de Willy Fog' o la coproducción 'Ruy el pequeño Cid', la calidad de la producción infantil española cae en picado. En 1989, 'Los Fruittis' arrancarían una era de ignonimia, que vino antecedida por esta dantesca producción de marionetas para TVE que aún hoy resulta difícil de olvidar.

Aunque muchos de sus personajes, Gallofa y Poti-Poti en cabeza, pasaron al acervo popular, este sindiós estético y técnico se grabó a fuego en las mentes de buena cantidad de traumatizados niños, que dejaron de creer en los mediodías del fin de semana como una zona segura para el ocio. Una tortura que se prolongó durante 26 episodios y una película igualmente intolerable titulada, según a quién le preguntes, 'La tribu de los Aurones' o 'El fin de la inocencia'.

El Pánico Moral

Todo eso que hace tanta gracia de Rambo y Chuck Norris y las peliculitas de la Cannon, es decir, que son prácticamente un canto al imperialismo estadounidense y a la moral conservadora y monjil, aunque da pie a películas francamente divertidas como 'Invasión USA' o 'Death Wish', también tuvo su reverso tenebroso. Por poner un par de ejemplos entre muchos (que afectaron a muchos campos de la cultura pop, no solo al cine... ¿recordáis las pegatinas de Explicit Lyrics en los discos?), recordemos el Pánico Satánico en Estados Unidos y los Video Nasties en Reino Unido.

Fueron dos oleadas de censura camuflada de salvaguarda moral que intentaron prohibir y criminalizar películas y otras ficciones, especialmente de terror, aunque no exclusivamente. El Pánico Satánico, por ejemplo, veía signos del Maligno por todas partes, en una reacción ultrareligiosa de las facciones más conservadoras de Estados Unidos que hoy resultan algo cómicas, pero que casi acaban con algo tan manifiestamente inofensivo como los juegos de rol de 'Dungeons & Dragons'. Este pánico puso también al cine de terror y a la música heavy bajo sospecha.

En cuanto a los Video Nasties, fue una lista de 39 películas que en 1982 fueron retiradas de la distribución del VHS en Reino Unido, y cuyos contenidos iban de la explotación pura, como 'El asesino del taladro' a cosas tan populares (e inocuas) como 'Posesión infernal'. El Pánico Satánico y el fenómeno dde los Video Nasties son puritito años ochenta, aunque de estos momentos oscuros para las libertades no se recuerda demasiado porque, claro, Spielberg se podía permitir estirar los límites de las calificaciones por edades.

Tecnologías caducas

Vhs

Todos los que lo vivimos echamos de menos el VHS, claro que sí. Cómo no hacerlo: carátulas chirriantes, explosivas, voluminosas. Un formato resistente, ideal para coleccionar e intercambiar. Pero tener nostalgia de aquello es una insensatez, y no nos referimos solo a la calidad en sí de las películas. Quien ha visto restaurada en 4K una película de Lucio Fulci sabe que las interferencias de tracking tienen su encanto, pero no hay color.

De todos modos, el formato horrible-horrible de los ochenta no es el VHS ni el laserdisc, sino el CD, y ahora que están empezando a descomponerse los primeros que se fabricaron sabemos por qué. Los VHS serían un formato asilvestrado, pero al menos no nacieron como un sacacuartos para fans adinerados. Puestos a volver, volvamos a los discos de pizarra. Odiamos la nostalgia, pero si hay que ponerse integristas...

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