Lee Chang-Dong sigue siendo uno de los mejores directores actuales. ‘Un amor posible’ cambia con mucha inteligencia y emoción las normas del cine político

Lee Chang-Dong sigue siendo uno de los mejores directores actuales. ‘Un amor posible’ cambia con mucha inteligencia y emoción las normas del cine político

El cineasta coreano explora tensiones de clase y de ética cinematográfica en su esperadísimo regreso tras ‘Burning’

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Un Amor Posible 2026 Lee Chang Dong
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Pedro Gallego

Editor

En cierto punto de su carrera, Lee Chang-Dong empezó a reconsiderar seriamente las historias que estaba contando después de años intentando romper líneas representativas mostrando dramas extremos, personajes límite o contando historias de gente con discapacidades intelectuales. Se hizo la pregunta que ciertos cineastas no se llegan a hacer tanto, y es que si es pertinente contar determinadas historias viniendo de un plano completamente distinto.

Es por ello que guardó en un cajón la historia de ‘Un amor posible’ (’Ga-neung-han sa-rang’), porque su posición de cineasta con cierta holgura económica y social le distanciaba de poder contar algo que profundizase en dramas que afecta a la clase trabajadora. Pero fue Jungmi Oh, su co-guionista en la genial ‘Burning’ (’Buh-ning’) y también en esta, la que le hizo reconsiderar retomarla con una modificación importante.

El amor sin el trabajo

Es así como finalmente se dio forma a este esperado regreso de uno de los mejores directores coreanos de la historia, y también de los mejores de la actualidad aunque haya pasado casi una década desde ‘Burning’. Lee explora dos familias diferentes en un drama psicológico exquisito y con ambiciones políticas que se sale de los clichés del cine social y nos deja una de las obras más exquisitas del año. Una que se puede ver ahora mismo en unas pocas salas de cine antes de su estreno en Netflix el próximo 6 de noviembre.

En ella una cineasta documental se encuentra grabando en un funeral de un antiguo trabajador de una siderúrgica hasta que le capta la atención una familia. Él perdió su trabajo en la compañía, y ella está intentando controlar su consumo de alcohol fuera de casa. La directora, que está realizando una película sobre obreros peleando por sus derechos en tiempos de reestructuraciones y capitalismo desatado, quiere contar su historia y acaba entablando una relación bastante cercana con la familia a pesar de las reticencias del patriarca.

Ella tiene además una posición acomodada gracias a la riqueza que su esposo heredó y que ha reempleado para montar un fondo de inversión. La directora se apellida Lee, como el que nos cuenta esta historia, y no es casualidad. Chang-Dong introdujo esta familia tras la conversación con su co-guionista para poder interrogar los límites del cine con ambición de cambio social y supuesta conciencia de clase, cambiando las normas de cómo los dramas de esta gente son puestos en pantalla y usados para hacer cine político.

Es una manera más interesante de canalizar esa rabia social ante los desequilibrios económicos que ya capturó en ‘Burning’, centrándose más en observar con capacidad de cuestionar en lugar de lanzar condenas directas. El núcleo principal de la historia sigue depositado en una familia golpeada por el desempleo y cuyas consecuencias se plasmas de diferentes maneras, tratando de reflejar no sólo cierta cultura de vergüenza ante el desempleo sino intentar plantear cómo se ha perdido la solidaridad de clase incluso en gente que trabaja en la misma compañía.

‘Un amor posible’ y el vampirismo cinematográfico

Un Amor Posible 2026

El complejo papel del cine en la ecuación añade riqueza a lo que vemos, incluso aunque se podría acusar a Lee de intentar tener su película política y además una excusa que le libre de ser un privilegiado. Pero no cae en la trampa porque ‘Un amor posible’ está elaborada con mucho cuidado y ternura a la hora de tratar el dolor de sus personajes, y desde luego no es una película que transmita sensación de estar demasiado orgullosa de sí misma.

Lee da un interesante uso a la cámara en mano y también otros códigos visuales del cine documental para alternar formatos y complicar el relato que se está contando. Como es habitual en su cine, las capas emocionales y narrativas se van desplegando poco a poco y confía en la curiosidad del espectador para ir captándolas poco a poco. También dirige a actores con una excelente exquisitez, dando aristas muy incómodas pero fascinantes a cada personaje.

Hay tanta riqueza en su interior que se puede emparejar con muchas películas destacadas de este año. Aparte de la obvia conexión con la también coreana ‘No hay otra opción’ (’Eojjeolsuga eobsda’), atravesada también por el drama familiar y laboral, su vampirismo cinematográfico se aproxima también a obras como ‘Amarga Navidad’ y sus frustraciones con el choque de arte y clase dialogan con ‘Un poeta’. La grandeza de ‘Un amor posible’ reside en poder contenerlas todas y tener el equilibrio de rompernos emocionalmente y luego salir de la proyección queriendo discutir cada una de sus ideas y momentos.

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