Si me dijeran hace unos meses que iba a esperar como agua de mayo documentales sobre los fondos buitre, la desinformación o la compraventa de datos personales no me lo habría creído. Son temas importantes, que rigen nuestro día a día pero, al mismo tiempo, terriblemente aburridos. Y en una sociedad donde aburrirse es casi delito, nos alejamos de ello de manera muy consciente. Con ello cuentan de sobra los que se lucran con este tipo de amoralidades, claro: con que nunca nos va a interesar lo suficiente como para informarnos y hacer algo al respecto. Por suerte, en España tenemos a Carles Tamayo.
Se le ha ido de las manos
Después del espectacular y ultra-influyente documental 'Cómo cazar a un monstruo', Tamayo ha fichado por TVE para producir tres episodios simplificando temas complejos, sin por ello ser menos fiel a la realidad o producir menos indignación. Al contrario: las grandes set pieces de cada episodio (la conferencia de Voltor & Voltor en un mercado inmobiliario, la gasolinera gratuita, la visita al parking del Bonaire) ayudan a que comprendamos mejor la magnitud de los temas que se tratan, y de la importancia que una cámara y un buen narrador pueden tener en esclarecer una verdad oculta a simple vista.
A sus 31 años, Tamayo ha pasado de YouTuber infiltrado en sectas a reportero de investigación sin dejar en ningún momento su tono personal: la mezcla entre desparpajo, comedia, pasión y durísima realidad utilizando la ayuda de un equipo que descentraliza el foco de atención. 'Se nos ha ido de las manos' es tremendamente generoso: pudiendo ser "el proyecto de Tamayo", todo el equipo tiene (o parece tener) su tiempo de cámara, voz y voto. Es un trabajo de equipo, y se subraya de manera constante. Solo así, con un grupo entregado y dedicado a grabarlo todo, pueden llegar a escudriñar la verdad que cientos de debates televisivos solo embarran.
El periodismo de guerrilla de Tamayo y los suyos da aires de renovación a una profesión cada vez más anquilosada en las fake news, las noticias pagadas por corporaciones, la autocensura y el infotainment confundido con noticias. Aclara a la perfección los conceptos más complicados (por ejemplo, cómo se produjo el apagón o cómo funciona una red de compraventa de datos) pero, al mismo tiempo, no puede evitar caer en su propia trampa: el propio programa muestra que a la mayoría de la gente, en realidad, no le importa la verdad, y prefiere soluciones fáciles a comprender problemas complejos.
Voltor & Voltor, para servirle
Quizá por eso ninguno de los tres programas apalabrados con TVE ha funcionado demasiado bien en audiencia (no ayuda el horario intempestivo provocado por el alargamiento de 'La Revuelta' y la competición contra 'La isla de las tentaciones'): la labor de convertir lo pesado en entretenido nunca es fácil, y menos aún convencer a la gente, en estos días, de darle una oportunidad a un proyecto nuevo. Quizá el problema sea que 'Cómo cazar a un monstruo' hablaba de un caso en el que no cabía duda moral, pero estos tres programas nos interpelan directamente, obligando al espectador a hacer un necesario pero incómodo trabajo de reflexión posterior.
Están jugando con tu casa, comerciando con tus datos, engañándote en redes sociales. ¿Qué vas a hacer al respecto? Por más que el equipo de Grábalo Todo haga malabares y un juego de manos para que te comas el plato que no te gusta, las conclusiones son difíciles de tragar. Eso sí, aunque Tamayo y su equipo consiguen sacar entretenimiento de lo espeluznante, nunca dejan de lado una máxima: la información veraz, aunque sea contada de manera afable, es lo único que puede cambiar el mundo. Como se vio en el último capítulo, eso sí, demasiadas personas están dispuestas a tragar con cualquier cosa a cambio de que las dejen en paz. Si no te enteras, no existe.
'Se nos ha ido de las manos', disponible en RTVE Play, es un programa fabuloso que demuestra la increíble capacidad narrativa de Tamayo y que otro tipo de televisión sí es posible, demostrando que el lenguaje de YouTube puede ser perfectamente trasladable a la televisión y que 'Cómo cazar a un monstruo' no fue flor de un día ni pura casualidad. A pesar de que los datos de audiencia no hayan sido los esperados, el ente público estaría fuera de sus cabales si dejara escapar a la voz de una generación.
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