Werner Herzog está siendo descubierto por el público más joven gracias a las redes sociales, pero él tiene claro el verdadero motivo: "Mis películas son muy buenas"

Sus broncas con Klaus Kinski o sus apuestas con Errol Morris están arrasando en Instagram, pero su cine está por encima de todo

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Víctor López G.

Editor

Tras más de sesenta años de carrera tras las cámaras, el incombustible Werner Herzog está viviendo una especie de segunda —o tercera, si me apuran— juventud  gracias a unas redes sociales que le están proyectando a las nuevas generaciones de cinéfilos. No obstante el contenido centrado en su siempre peculiar persona, está más centrado en su faceta como personaje icónico que en su notable labor como cineasta. 

Genio y figura

A poco que se tenga entrenado el algoritmo, un breve paseo por esa jungla llamada Instagram nos terminará llevando tarde o temprano a la eterna bronca entre el bueno de Werner y su querido —y odiado— amigo Klaus Kinski en el set de 'Fitzcarraldo', a la historia que le llevó a comerse un zapato después de perder una apuesta con Errol Morris o a su entrevista con BBC que se negó a cortar después de recibir un disparo. 

Pero, por suerte, más allá de todo esto, y de guiones tecleados en un autobús en el que un portero de fútbol borracho vomitó sobre su máquina de escribir, Herzog también está siendo descubierto gracias a su obra por parte del sector más joven. Así lo ha explicado en una entrevista con The Hollywood Reporter en la que, en cierto modo, no deja de sorprenderse del impacto que está teniendo su cuenta de Instagram, gestionada por su hijo menor.

No se trata solo de los estudiantes de cine, sino del público en general. Son muy jóvenes. Abrí una cuenta de Instagram —mi hijo menor se encarga de ella, él sabe cómo hacerlo— y me dice que el 85 % de los que la siguen y les encanta tienen entre 15 y 20 años. Como mis películas están ahora disponibles en Internet, en plataformas de streaming, de repente, de un día para otro, hay 800 000 personas hablando de una de mis películas. 

El alemán, con su verborrea habitual, ha dado una respuesta sencilla al misterio que atrae a la chavalada hacia sus joyas. 

Hay un cineclub en —Dios sabe dónde— Missoula, Montana, formado por chicos de 15 años, dedicado a mis películas. La respuesta es sencilla: simplemente son muy buenas, y ellos lo descubren.

Werner Herzog, que se considera "solo un poeta", ha aprovechado la oportunidad para quitarse de encima el sambenito de tormento a la hora de trabajar con él, asegurando ser "la persona más organizada, centrada y amistosa que vas a ver nunca en un set". Por algún motivo que desconozco, le creo ciegamente.

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