Creo que '28 años después: El templo de los huesos' habla de la actualidad política de la manera más brutal posible. Alex Garland radiografía a la sociedad con la excusa de los zombis

Creo que '28 años después: El templo de los huesos' habla de la actualidad política de la manera más brutal posible. Alex Garland radiografía a la sociedad con la excusa de los zombis

El director de 'Civil War' no suele dar puntada sin hilo, y en este caso no iba a ser menos: nos pone un espejo delante... al menos si queremos mirar 

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Randy Meeks

Editor

Es normal estar saturado con la actualidad. No hay día en el que abrir cualquier red social o medio no conlleve una marabunta de noticias que hace tan solo cinco años nos habrían parecido delirantes y que hoy se tratan con la mayor de las normalidades, evidenciando una realidad que nos cuesta aceptar: la sociedad se ha ido al garete. Los locos dirigen el manicomio. Seguimos al poderoso por auténtico miedo, desdén y hábito, aunque no acabemos de entender qué estamos haciendo exactamente. Y solo Alex Garland podía haber sacado una fotografía tan nítida de la actualidad con la excusa del cine de zombies.

Make Zombies Great Again

'28 años después: El templo de los huesos' transcurre en un universo alternativo y doblegado por la amenaza zombi, sí, pero Garland, que nunca da puntada sin hilo, lo utiliza para hablar, de manera sabia y coherente, de nuestro día a día. Si la primera entrega de esta nueva trilogía hablaba del Brexit y los problemas que conlleva ensalzar la nostalgia, esta segunda parte se centra en los autoritarismos, lo fácil que es seguir a un líder extremista y cómo incluso los más cabales acaban bailándole el agua a cambio de no empezar una cascada de violencia.

Jimmy Crystal es un líder autócrata con la dosis exacta de carisma y peligrosidad como para ganarse el fanatismo de varias mentes rotas en tiempos de crisis absoluta. Lo que dice son mentiras obvias y sus actos resultan tan crueles como desmesurados, pero su poder solo crece y crece a lo largo del metraje. Consigue no solo que sus fieles se sientan protagonistas y elegidos para la gloria, sino subyugar cualquier disidencia con puño de hierro, utilizando la religión y el terror como única manera de disciplinar y modelar a personas desesperadas en busca de la mera supervivencia. ¿Os suena de algo? 

Aunque el guion de Garland podría haberse dado al pesimismo de manera muy fácil, una vez más (como hizo en 'Civil War' o 'Warfare', por ejemplo) abre una ventana al futuro y al optimismo de la mano del doctor Ian Kelson, una mente maestra que demuestra que la ciencia es capaz de sobreponerse a la más cruel de las tiranías, incluso aunque estas le obliguen a rebajarse a un vergonzoso chamanismo. La ciencia es la respuesta, pero también lo único que aterra al poder, porque es lo que puede eliminar su auto-proclamada supremacía. Parece mentira que haya tenido que venir una película de zombies para darnos el mejor retrato de la actualidad.

Garland desatado

El pasado 7 de enero, el ICE estadounidense asesinó de manera cruel e innecesaria a Renee Good en Minneapolis. Al instante, miles de cuentas en redes sociales justificaron el asesinato de las maneras más variopintas (muchas de ellas afirmando que habrían hecho exactamente lo mismo que el agente del ICE), incluyendo, por supuesto, al propio Donald Trump. Garland, que suele acertar en su radiografía social, supo ver esta deriva de la sociedad al escribir '28 años después: El templo de los huesos', con "los Jimmys" realizando todo tipo de actos crueles y despiadados buscando la excusa y la aprobación de su líder. Si él incita a que la sangre se derrame, ¿por qué no vamos a seguirle? Al fin y al cabo, los demás piensan diferente a nosotros y tienen menos maneras de defenderse: ¿Acaso no merecen morir?

Los zombis son lo de menos en esta segunda (o cuarta, según se mire) entrega. En su planteamiento visual, de hecho, Nia DaCosta los trata, además de como amenaza en la sombra, como símbolo de una sociedad adormecida que puede (si se lo permiten) despertar. De hecho, parte de la tesis de la película es que se puede hacer el bien y ayudar a parar este torbellino de locura, aunque para ello se necesite racionalidad, capacidad de lucha y, simplemente, dejar que quien quiera gritar sus locuras lo haga sin recibir ningún tipo de aprecio ni caso. Cuando, en nuestro contexto actual, una película de terror trata a la ciencia como locura y a la religión como realidad que se doblega a los intereses del tirano, no es tan difícil darse cuenta de que no es simple ficción.

Uno se puede tomar esta fantástica secuela, superior a la que tuvimos hace unos meses (aunque con menos personalidad propia en la dirección), de dos maneras distintas: como un simple entretenimiento con un estupendo Ralph Fiennes enfrentado a una banda de asesinos fanáticos de Jimmy Savile a ritmo de Iron Maiden, o como un reflejo de la triste realidad en la que vivimos, en el que incluso hay hueco para la búsqueda de un chivo expiatorio que condenar con un juicio falso. 

Su guionista, auténtica alma de la saga, sabe perfectamente que el buen cine zombi tradicionalmente ha sido un símbolo de la actualidad más allá del simple divertimento gore y, moleste a quien moleste, ha mostrado una inesperada cara del post-post-apocalipsis en 'El templo de los huesos'. Ahora solo queda cruzar los dedos para que le permitan hacer la tercera entrega. Sería un pecado dejarla en el aire.

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