Steven Spielberg ha demostrado muchas veces que no necesita recurrir a la ciencia ficción, la aventura o los grandes espectáculos para construir películas que se quedan en la memoria. Y 'Munich' (2005) es probablemente uno de los mejores ejemplos de su faceta más adulta y política: un thriller de espionaje basado en hechos reales que parte de uno de los episodios más traumáticos de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 para plantear una historia sobre la violencia, la venganza y las consecuencias de responder a un atentado con otro acto de violencia.
Con Eric Bana, Daniel Craig, Ciarán Hinds y Geoffrey Rush al frente del reparto, Spielberg construye una película tensa y sombría que funciona tanto como thriller como reflexión sobre un conflicto que parece no tener una salida sencilla.
De las películas más incómodas de Spielberg
La película arranca con el atentado cometido durante los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, cuando un grupo de terroristas palestinos de Septiembre Negro secuestró a miembros de la delegación israelí. A partir de ahí, Spielberg se centra en un grupo de agentes del Mossad encargado de localizar y asesinar a varios de los responsables del ataque. Pero lo interesante es que 'Munich' no convierte esta misión en una historia convencional de héroes y villanos, sino que utiliza el encargo como punto de partida para cuestionar qué ocurre cuando la venganza se convierte en una estrategia política.
En la película, Eric Bana interpreta a Avner, el líder del grupo, y su evolución es precisamente uno de los grandes aciertos de la película. Lo que al principio parece una misión perfectamente delimitada comienza a afectar a su percepción del mundo y a su propia identidad. Cada asesinato pesa un poco más que el anterior y Spielberg se preocupa por mostrar las consecuencias psicológicas de una violencia que, lejos de resolver el conflicto, parece alimentar un círculo interminable.
También es una película especialmente interesante por cómo aborda la ambigüedad moral. Spielberg evita darnos una respuesta sencilla sobre quién tiene razón y quién no y 'Munich' obliga al espectador a convivir con las contradicciones de sus personajes. No hay una glorificación sencilla de la violencia ni una conclusión como tal, sino que toca convivir con el miedo, la paranoia, la desconfianza y la sensación constante de que cualquier decisión puede tener consecuencias imprevisibles.
Y a nivel cinematográfico, además, es una demostración de lo bien que funciona Spielberg cuando se mueve en terrenos más oscuros. La película combina secuencias de acción y espionaje con momentos de enorme tensión, pero nunca pierde de vista a los personajes. La fotografía de Janusz Kamiński, el montaje y la puesta en escena contribuyen a crear una atmósfera cada vez más asfixiante, mientras que la música de John Williams acompaña la historia sin convertirla en un espectáculo heroico.
Quizá por eso 'Munich' sigue siendo una película tan recomendable más de veinte años después de su estreno. No es una cinta cómoda ni pretende serlo, pero sí una de esas películas que siguen dando vueltas en nuestra cabeza cuando acaban los créditos. Spielberg utiliza un episodio concreto de la historia para hablar de algo mucho más universal: qué sucede cuando la violencia alimenta un círculo vicioso y hasta qué punto es posible distinguir entre justicia y venganza.
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