Uno de los últimos grandes éxitos de Netflix ha sido 'Los colores del mal: Negro', un thriller polaco que lleva dos semanas seguidas siendo la película de habla no inglesa más vista de la plataforma. Muchos ya sabrán que adapta una novela de Malgorzata Oliwia Sobczak, pero sospecho que no tantos conocerán el detalle de que está inspirada en una extraordinaria historia real que transcurrió en la ciudad polaca de Luzino durante los siglos XVIII y XIX.
Una de las claves de la película está en las extrañas muertes de varios niños, algo que se vincula a una antigua leyenda, según la cual eso está causado por vampiros que regresan de entre los muertos para acabar con sus seres queridos. Eso es algo que se atribuye a una criatura llamada łopi, pero lo realmente sorprendente es que todo eso tiene una base real.
Uno nacía vampiro
Todo eso parte de unos miedos ancestrales que se remontan a muchos más siglos atrás, pero hay pruebas arqueológicas de que aún se aplicaba en pleno siglo XIX. Todo se remonta al concepto de lopi, proveniente de la palabra eslava upiór , que significa vampiro. Ahí entra en escena la escalofriante leyenda de que uno estaba destinado a convertirse en vampiro desde su propio nacimiento.
En 'Los colores del mal: Negro' incluso se aplica una de esas creencias, que creía que una de las posibles señales de ser un vampiro era nacer envuelto en una parte del saco amniótico sobre la cabeza, aunque había casos más extremos que era nacer con los dientes ya visibles. Vamos, que nacías vampiros, no te convertías tras ser mordido después por uno.
La leyenda señalaba que los vampiros no encontraban la paz tras morir, por lo que salían de sus tumbas y regresaban a casa para alimentarse de la fuerza vital de sus propios familiares. Este miedo fue especialmente extendido en épocas con muchas muertes repentinas, a menudo provocadas en realidad por algún tipo de epidemia.
Por ello, en los siglos XVIII y XIX todavía se aplicaba una máxima: exhumar los cuerpos de la última persona que había fallecido para asegurarse de que no era un vampiro. Cualquier posible señal que así lo afirmase, como tener restos de sangre en los labios, llevaba a que aplicase un ritual para evitar su vuelta.
Lo más habitual era proceder a la decapitación del cadáver, dejándola después entre los pies de la víctima. La extraña lógica de los lugareños era que así no podría encontrar la cabeza si despertaba, por lo que el pueblo quedaba a salvo. En 'Los colores del mal: Negro' es exactamente así como se muestra el cuerpo de Adam cuando es localizado.
Evidencias de ello fueron encontradas en 2023 cuando se estaba construyendo una carretera en Luzino. Hasta 450 cadáveres aparecieron en una fosa común, con la particularidad de que muchos de ellos mostraban síntomas claros de haber sido parte de ese sádico ritual aplicado contra los lopis.
El arqueólogo Maciej Stromski, también autor de la imagen que puede verse más arriba explicaba así el hallazgo: "Descubrimos ejemplos de la creencia en el regreso de los muertos de la tumba, que solo podía detenerse mediante la decapitación. Se creía que si un miembro de la familia del difunto moría poco después del funeral, podía ser un vampiro. Por lo tanto, tras el entierro, se desenterraba la tumba y se cortaba la cabeza del fallecido, que luego se colocaba entre las piernas".
Por supuesto, no hay ninguna prueba de la existencia real de vampiros, pero los miedos hacia los mismos llegaron a unos siniestros extremos que 'Los colores del mal: Negro' no ha dudado en aprovechar.
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