Los Óscar tienen un serio problema con la animación: solo una película de anime ha ganado el premio en toda su historia, mientras Disney domina la categoría
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Los Óscar tienen un serio problema con la animación: solo una película de anime ha ganado el premio en toda su historia, mientras Disney domina la categoría

Este año tenemos un buen plantel de películas de animación nominadas a los Óscar, pero una vez más las películas de animación japonesas se han quedado fuera de la lista de nominados a pesar de ser un año muy fuerte para el anime. Por si fuera poco, tres de las cinco nominadas son títulos de Disney y da la sensación de que el premio está prácticamente entregado otro año más, lo que pone de manifiesto el problema gordo que tiene la Academia con las películas animadas.

Un poco de historia y rintintín

La categoría del Óscar de animación es una que no deja de darnos de que hablar, y mira que es una relativamente reciente. Y es que hasta 2001, no existía una categoría dedicada únicamente a celebrar las películas animadas, no necesariamente porque no se apreciase el medio, si no porque en los años 90 del pasado siglo vivimos una auténtica explosión de estudios de animación.

La nominación a Mejor película de 'La bella y la bestia' supuso un despertar para muchos estudios, que de pronto vieron más cerca de lo que parecía hasta entonces el sueño muy lejano de llevarse el Óscar a casa. En esa década pasaron muchas más cosas, claro, pero entre el nacimiento de DreamWorks la llegada dé varias grandes películas de animación, de repente a Disney le habían salido competidores a su nivel y cada año llegaban varios estrenos potentes a las salas de cine.

Así que la categoría a Mejor película de animación no se hizo de rogar (porque no queríamos arriesgarnos a que una "peliculita de dibujos" pudiese llevarse el Óscar a Mejor película, pero eso es otro melón para otro día), y en 2001 'Shrek' hizo historia como la primera película ganadora en este campo.

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Desde entonces la categoría ha presentado competidores bastante variados, y aunque ha habido excepciones muy gordas y notables, por desgracia cada vez más se ha ido convirtiendo en el show de Disney y Pixar por defecto.

Que ojo, esto no significa que ni las películas de estos estudios ni los equipos que tienen detrás no se merezcan este reconocimiento. Pero sí que pone de manifiesto el gran problema de los miembros de la Academia al valorar las películas animadas... muchas de las cuales ni siquiera se molestan en ver.

Casi cada par de años vuelve a surgir una polémica gorda porque los propios académicos admiten que no se han molestado en ver todas las películas nominadas, o que ni siquiera les interesa este tipo de cine y que muchas veces se ha votado por la aspirante de Disney o Pixar porque es el estudio que ya conocen conocen. Así que efectivamente, muchos años el Óscar a Mejor película de animación ha ido a la Casa del Ratón por defecto sin demasiados dolores de cabeza.

De 21 ediciones que se han celebrado hasta ahora, 14 de las estatuillas han ido por defecto a un Disney que domina la categoría sin demasiada dificultad. Así que bueno, ahora toca hablar de los feos de la Academia.

Los feos

No se a vosotros, pero a mi pocas cosas me han dado serotonina con estos premios como cuando 'Spider-Man: Un nuevo universo' se llevó el Óscar por encima de una película de Pixar y otra de Disney. Muchos fans de la animación vimos un rayito de esperanza de que finalmente ciertos estilos de animación se estaba abriendo paso y que otros estudios podrían tener más oportunidades en estos premios.

Spiderman Un Nuevo Universo

Entonces llegó la siguiente edición y se me quitó todo de un plumazo. En lo que sigo calificando como "el robo del siglo", los Óscars de 2020 nos presentaba una competición interesantísima y la que habría sido una oportunidad perfecta para reconocer el mérito de estudios más pequeños. Teníamos 'Missing Link', una nueva apuesta en el stop-motion de LAIKA, el relato francés intimista 'I lost my body', y la maravillosa e imprescindible 'Klaus' midiéndose con dos secuelas de Pixar y DreamWorks.

Después de la trayectoria de festivales que llevaba, muchos ya dábamos como entregado el premio a la película de Sergio Pablos. Pero ya fuera porque de nuevo se pasó del resto de estudios o por castigar a Netflix, los académicos decidieron pasar por encima a 'Klaus' con una triple voltereta y darle el premio a 'Toy Story 4'.

Esto no me sentaría tan mal si no fuera porque es una tendencia que estamos viendo cada vez más, y sobre todo en comparación con los primeros años en los que existió la categoría, donde la lista de ganadores e incluso nominados era mucho más variada.

Hace años saltó otra polémica bien gorda por el desdén de los Óscar hacia las películas de anime. Y es que a pesar de las auténticas obras maestras que han salido de Japón en los últimos 20 años, solamente 'El viaje de Chihiro' puede presumir de haber ganado el Óscar de animación. No solo eso, si no que muchas películas de anime ni siquiera llegan a oler la nominación, no importa lo grandísima que sea su recaudación ni su impacto cultural, y si no no hay más que mirar como 'Your name' ni siquiera parecía existir para la Academia estadounidense.

Las películas de Studio Ghibli suelen ser la excepción porque tienen la suerte de contar con un nombre en mayúsculas a sus espaldas, pero hemos visto cómo auténticos fenómenos con una animación increíble como 'Promare' y ahora 'Belle' ni siquiera son consideradas, pero en su lugar se llena la categoría con entradas de Disney.

Los desdenes de los Óscar a las producciones internacional no terminan ahí, es que también parece que le tienen una ojeriza buena a la animación europea, o simplemente una falta de interés gordísima. Y es que en toda la historia de los premios solamente 'Wallace y Gromit: La maldición de las verduras' han ganado el premio desde el continente europeo, y aún así con pinzas, porque sigue siendo una co-producción entre Estados Unidos y Reino Unido.

Obras maestras como 'Persepolis', 'Loving Vincent' o 'Wolfwalkers' se han ido de vacío, ya sea por mala suerte al medirse contra competidores demasiado grandes o porque los premios no se miran más allá del ombligo. En Europa estamos teniendo un crecimiento tremendo de animación de buenísima calidad, a la que se ignora por completo más allá del océano, y parece que este año se repiten las cosas de nuevo.

Este año tenemos un caso interesante y otra vez un poco desolador, con 'Encanto', 'Luca' y 'Raya y el último dragón' representando a Disney. Al otro lado, el documental animado 'Flee' y 'Los Mitchell contra las máquinas', uno de los títulos más potentes de Sony Animation.

Tenemos más de la mitad de candidatas cubiertas por un mismo conglomerado (ojo, a sabiendas de que sí, Disney Animation y Pixar son estudios diferentes, pero que al final pertenecen a la misma casa), mientras que otras apuestas muy fuertes se han quedado fuera. Volviendo a 'Belle', la película de Mamoru Hosoda tiene sus problemas, sí, pero combina varias técnicas de animación de manera brillante con un nivel altísimo y resulta una película emocionante y bellísima... que ni siquiera ha sido nominada.

Belle

En un premio que busca celebrar la animación, si el mundo fuera justo no estaríamos sufriendo a ver si 'Los Mitchell contra las máquinas' finalmente se lo puede llevar o no. Porque es una película divertidísima, que te llega al corazón y que encima utiliza una cantidad de medios diferentes y reescribe las normas de lo que vemos en animación sin esfuerzo y de una manera brillante y muy natural.

O mira, también podríamos estar hablando de 'Flee', de lo importantísimo que es su relato y la realidad que nos cuenta, y de cómo demuestra que la animación es únicamente un medio para contar historias y no un género, así que podemos hacer documentales o cualquier tipo de película que queramos.

Pero en su lugar... Pues yo voy un poco a ver qué me encuentro con la sensación de que el Óscar a Mejor película de animación ya está prácticamente entregado a 'Encanto'. Porque sí, la animación es una pasada y las canciones se te meten en la cabeza durante un mes... Pero es que parece que no vemos más allá.

Y si no, pues menos mal que tenemos los Annie.

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