Cine divertido que cumple su objetivo. 'El sueño americano' reivindica que las buenas películas tampoco necesitan aspirar a más que eso

Cine divertido que cumple su objetivo. 'El sueño americano' reivindica que las buenas películas tampoco necesitan aspirar a más que eso

Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard brillan en esta comedia francesa especialmente recomendable para los amantes del baloncesto

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Mikel Zorrilla

Editor

Puede quedar algo raro decirlo justo después de que España haya ganado con todo merecimiento su segundo Mundial de fútbol, pero yo hace muchísimos años que siento un mayor interés por el baloncesto. Ya no es solamente que tenga mucho más ritmo y que sea más fácil ver grandes jugadas en cualquier partido, es que también es mucho más entretenido.

Eso sí, el cine no ha estado tampoco muy inspirado a la hora de llevar las historias sobre baloncesto a la gran pantalla, pero sí que hay varias películas que merecen la pena. Ahora hay que sumar la cinta francesa 'El sueño americano' a esa lista, pero no esperéis ver muchas canastas aquí, pues lo realmente importante en esta producción francesa se encuentra en lo que sucede fuera de la cancha.

Sencilla y efectiva

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Durante años, España fue la principal oposición de Estados Unidos en los choques internacionales, pero ya entonces empezaba a destacar una selección francesa que cuenta en sus filas con jugadores de renombre internacional. Dos de los principales impulsores de ese auge de los jugadores franceses son Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, dos agentes que lograron triunfar en la NBA como agentes de jugadores cuando tenían absolutamente todo en su contra.

No me cabe duda de que 'El sueño americano' ha endulzado la historia real de Bouna y Jérémy, pero el cineasta francés Anthony Marciano sabe muy bien qué teclas tiene que pulsar para que el público conecte con ellos y realmente quiera que vayan superando todas las adversidades con las que se van encontrado por el camino.

Eso lleva a que en 'El sueño americano' acabe siendo la historia de dos perdedores que hacen de la entrega y dedicación su mayor valor para conseguir ese sueño americano al que hace alusión el título de la película. Hay algún que otro detalle que no me convence demasiado, especialmente algunos temas de la banda sonora de Dédouze que resultan ligeramente irritantes subrayando ese componente obvio de relato de superación personal, pero el bagaje acaba siendo positivo, principalmente por la decisión de dar un peso notable al humor.

Siendo justos, 'El sueño americano' perfectamente podría haber sido un drama intenso en el que los dos protagonistas fuesen poco más que receptores de golpes emocionales hasta conseguir o no su propósito, pero eso habría sido un tanto aburrido. Especialmente si tenemos en cuenta que aquí las vidas personales quedan muy de lado, pues lo profesional pesa por encima de todo.

Por ello, el primer acierto es la elección de un dúo protagonista efectivo a todos los niveles, tanto por la capacidad de Jean-Pascal Zadi y Raphaël Quenard mostrando esos rasgos personales que definen a Bouna y Jérémy como por la buena química entre ambos actores. 'El sueño americano' se habría venido rápidamente abajo si eso fallase, pues el verdadero corazón de la película son ellos dos.

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De hecho, Marciano opta por un trabajo de dirección un tanto austero y que visualmente puede llegar incluso a dejar cierta sensación de producción televisiva sin mucho brillo. Dicho de otra forma, 'El sueño americano' es una película con poco que ofrecer en lo puramente formal, ya que su fortaleza está más en la agilidad del guion del propio Marciano para evitar ser otra película de superación más.

Como apuntaba antes, el uso del humor es fundamental, pero ahí se tiene el buen ojo para que nunca rompa ese tono agridulce que domina la función en todo momento. También agradecí mucho que evite por completo querer querer convertirse en la nueva gran comedia francesa del año, ese reclamo que hemos escuchado ya tantas veces que ha perdido todo su sentido. Aquí sirve tanto para arrancar más de una sonrisa al espectador como para encontrar ese punto de equilibrio que permita jugar más a los dos protagonistas con sus personajes.

Tampoco me olvido de la eficacia con la que juegan con el recurso del pez fuera del agua, pues Bouna y Jérémy carecen de experiencia real como agentes y su primer intento es ir a lo grande. Eso alimenta la simpatía hacia ellos y hace que el espectador se muestre más proclive a aceptar ciertas concesiones que se van haciendo según pasan los minutos. Para entonces ya todo se siente suficientemente genuino como para que veamos que forma parte de un plan bien urdido por los responsables de la película.

¿Es entonces 'El sueño americano' sensacional y nadie debería perdérsela? Para nada, pero sí es una película que sabe lo que quiere y tiene la pericia suficiente como para dejar al espectador con un buen sabor de boca tras sus dos horas de metraje. Que a veces se nos olvida que no todo tiene que ser un gran evento o algo que nos cambie la vida y también podemos disfrutar simplemente con buenas películas.

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