Tom Cruise es probablemente la última gran estrella de Hollywood que todavía no tiene su Óscar como actor. Es cierto que le dieron uno honorífico hace poco, pero también que eso nunca será lo mismo que ser reconocido por los miembros la Academia como el que mejor ha hecho su trabajo ese año. Y no me cabe duda de que su arriesgada decisión de aceptar 'Digger' estuvo influenciada al menos en parte por esa necesidad vital.
En un mundo justo, Cruise ya habría ganado en su momento el Óscar al mejor actor de reparto por su superlativo trabajo en 'Magnolia', pero es que desde entonces ni siquiera ha vuelto a ser candidato por su faceta interpretativa -como productor sí que aspiró al premio de mejor película por 'Top Gun: Maverick'-. Habrá que ver si lo consigue con 'Digger', pues el nuevo trabajo de Alejandro González Iñárritu está teniendo una recepción sencillamente visceral.
Un genial arranque luego se complica sobremanera
Parece que solamente puedes amar y odiar 'Digger', pero yo he de confesar que me sitúo en una posición intermedia. Y es una pena, porque sus primeros 20 minutos me parecen difícilmente mejorables. Sí que el tono que maneja ahí Iñárritu resulta burdo, grotesco y tan sutil como recibir una patada en la boca, pero hay una apuesta decidida por ello que resulta casi embriagadora.
Cruise canaliza muy bien todo eso a través de una interpretación marcada en todo momento por los excesos, pero no esperéis ese patetismo cómico que tan bien mostró en 'Tropic Thunder', porque es algo diferente. Aquí está dando vida a un capitalista despreciable dispuesto a lo que sea por salirse con la suya, pero además mostrando un total y absoluto desinterés por ocultarlo.
Ese toque despreciable podría haber sido la base para un drama intenso, pero en su lugar se apuesta por una mezcla de sátira y farsa que ofrece una visión muy particular del cine de catástrofes. Todo ello aliñado con una galería de personajes ruines y abominables que sienta las bases de algo que nunca hubiese esperado en una película de Iñárritu.
El problema llega cuando la película decide que no quiere ser eso, rompiendo la ilusión que ha creado para buscar una falsa carga de profundidad. De hecho, hay cierto momento en que un personaje dice a otros dos que están discutiendo y defendiendo posiciones antagónicas que ambos tienen razón, pero que da simplemente igual. Por desgracia, ese es el impacto que el mensaje de la película tuvo en mí.
Y es que una vez el director de 'Birdman' desvela las verdaderas reglas del juego, lo que queda es una película amorfa que pincha en hueso cada vez que da más importancia a su vertiente puramente dramática. Esa necesidad de crear una ilusión para que el espectador se sumerja en la historia se rompe a cambio de algo que nunca compensa.
Lo que sí permanece entonces es tanto la enérgica dirección de Iñárritu como el gran trabajo de sus actores, pero incluso ahí se ve afectada en algunos casos por contar personajes que no terminan de ir a ninguna parte. Por supuesto que eso no sucede en el caso de un Cruise inspiradísimo como catalizador de todos los vicios del capitalismo, pero el resto puede llegar a dar la sensación de que forman parte de una broma que tampoco saber qué hacer con ello.
Por ejemplo, John Goodman está tronchante en el papel del presidente de los Estados Unidos. Sí es verdad que es un personaje tan caricaturizado que incluso parece más enloquecido que Donald Trump, pero encaja a la perfección con esa vertiente más disparatada, en la que la película directamente escupe la crítica a la cara del espectador. Pero también acaba estando ahí un poco por estar, pero aún más graves son otros casos como el de una Sandra Hüller.
Lo que acaba lastrando de forma clave a 'Digger' es su incapacidad para encontrar un equilibrio imposible entre la más pura y radical estridencia y su mensaje crítico sobre el calentamiento global. Eso lleva a que haya escenas increíblemente poderosas de forma individual, pero también a que existan otras que acaban siendo poco más que ruido en pantalla. Y, obviamente, el conjunto se resiente.
La sensación que queda al final es que Iñárritu ha querido ser el más listo de la clase ofreciendo múltiples lecturas y visiones a través a una única historia. Y claro que llega a sorprender al espectador, pero a costa de evitar que 'Digger' pudiera convertirse en una de las grandes películas del año.
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